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Opinión

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Ernesto, ¿entregas y te vas?

Solía ser el V Informe de Gobierno la fecha que marcaba en la vieja liturgia política mexicana el inicio formal del relevo presidencial. Antes nadie se movía; después todos esperaban las señales presidenciales sobre su sucesor.

Hoy, realmente ya no existen fechas válidas. Hay personajes que llevan todo el sexenio en campaña y las señales que mande el Presidente corresponden, en todo caso, al partido que iría a estas alturas en el segundo lugar de las preferencias electorales.

Actualmente, el PRD tiene su proceso de selección de candidato más enredado por la depuración pejista que inició Marcelo Ebrard con el acertado despido de Martí Batres. Se les van a enredar las cosas porque el Jefe de Gobierno va adelante en las preferencias ciudadanas.

En el PRI la fecha mágica es exactamente dentro de ocho días, cuando Enrique Peña Nieto entregue el poder del Estado de México y entonces destape formalmente sus aspiraciones para trabajar en ello.

Pero donde tienen más enredos por la apertura del juego entre sus militantes es en el PAN.

Y como el presidente Felipe Calderón parece que está respetando las reglas del juego de sucesión dentro de su partido, lo que hay es un favorito de la casa presidencial y un par de fuertes aspirantes no alineados a Los Pinos.

Y si el Informe presidencial no marcó una fecha clave en el partido en el gobierno, la entrega en el Presupuesto sí la va a marcar.

A partir de hoy en la tarde que quede entregado el documento, lo que sigue es preguntarle abiertamente a Ernesto Cordero Arroyo, secretario de Hacienda, si llegó el momento de dejar la doble cachucha y ponerse a trabajar en su proyecto político personal.

La verdad es que Cordero ha sido un muy buen funcionario público. Su trabajo en la Secretaría de Desarrollo Social fue quizá más discreto de lo que debió ser para sus aspiraciones, pero cumplió con las metas de la dependencia.

Y en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, donde difícilmente se gana un concurso de popularidad, no hay quejas de su desempeño.

Pero ya a partir de hoy que inicia una muy dura negociación presupuestal, lo que más estorba al gobierno federal es un funcionario que pretenda buscar acuerdos de lunes a viernes con los partidos políticos, pero que sábado y domingo se dedique a hacer declaraciones estridentes contra esos mismos institutos partidistas.

Como sea, fue la Secretaría de Hacienda de Cordero la que dejó en evidencia el mal manejo de Humberto Moreira de las finanzas de Coahuila. Difícil que lo vean los legisladores afines a este personaje con buenos ojos al momento de buscar, precisamente, más dinero para los estados priístas.

Candidatos para suceder a Cordero en Hacienda hay muchos y son buenos. Desde los más mencionados Pepe Meade y Dionisio Pérez Jácome, hasta otros tantos expertos que despachan en algunas otras oficinas del sector público financiero.

Lo que tiene que evaluar y decidir ya Ernesto Cordero y todo el equipo que le acompaña es si tiene la capacidad de ganar una contienda interna.

Es un hecho que Cordero Arroyo no ha logrado dar ese gran repunte que, por ejemplo, tuvo su jefe Felipe Calderón. Hoy tiene el estigma de ser el candidato del Presidente y eso pesa.

Además, tiene frente a sí a dos muy buenos contrincantes: Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota, quien ha resultado una revelación como precandidata presidencial.

Emilio González, gobernador de Jalisco, es un digno acompañante de los que realmente tienen posibilidades. O, si hay que decirlo con menos elegancia, no es más que un Gobernador sin posibilidades, pero muy necio.

El paquete que hoy entrega el gobierno federal no traerá mayores sorpresas. No hay propuestas de modificaciones a las tasas de los impuestos. Los estimados del comportamiento económico serán optimistas, pero respetando la realidad de la evidente desaceleración.

La discusión más encendida será, como siempre, en la parte de la repartición de los gastos porque todos quieren más y más dinero.

Total que Ernesto Cordero debe decidir hoy o muy pronto si entrega el Presupuesto y se va, o si tira sus aspiraciones y se dedica a negociar un Presupuesto que no está fácil por las ocurrencias populistas que brotan para el año electoral desde el Congreso.

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