Drones, carros de combate (comúnmente conocidos como tanques), rifles de precisión... todos ellos con una mejora en común, ya no es necesaria la operación humana. Son totalmente autónomos y las personas sólo tienen que dar la orden, o no, de destruir al objetivo. La guerra sin intervención humana ya es posible. Hemos creado el ¿arte? de la guerra autónoma.

Para todos aquellos que piensan que todavía queda mucho, hagamos la vista atrás. En 2004 el Departamento de Defensa de Estados Unidos organizó el Darpa Challenge. Una carrera de vehículos autónomos por el desierto de Mojave, que en su primera edición 2004, ningún automotor consiguió concluir. En 2015 el primer camión autónomo consiguió su permiso de circulación en Nevada. Tan sólo 11 años pasaron para conseguir la viabilidad y certificación de la tecnología autónoma.

Según el Instituto Internacional para la Investigación de la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), el pasado año el 2.2% del PIB mundial se destinó a armamento, tropas, sistemas de defensa... preparación de los Estados para conflictos bélicos. El mundo se está preparando para un enfrentamiento constante. Es más, me atrevería a decir que estamos en una guerra permanente.

Los datos del SIPRI no reflejan los gastos en guerra no convencional ni la mayor parte de los de ciberguerra, es decir, sólo vemos la punta del iceberg.

La guerra no convencional engloba a todas las tácticas y estrategias que se usan para injerir en un país con el fin desestabilizarlo o dominarlo. Este tipo de estrategias son tan antiguas como la humanidad, pero en la actualidad se han perfeccionado. Cuando leemos la definición a todos nos viene a la mente 007, pero es más que eso. Think tanks, emisoras de noticias, redes sociales, fundaciones, fondos de inversión... todas pueden ser usadas para afrontar los conflictos y ninguna se refleja en los presupuestos de defensa. Si no ¿por qué la agencia de noticias china Xinhua tiene el servicio en 11 idiomas además del chino? o ¿por qué solo los tres mayores think tanks de Estados Unidos tienen un presupuesto que supera holgadamente los 100 millones de dólares?

Pero... el más silencioso de los conflictos es la ciberguerra. Como en la Guerra Fría, las naciones no admiten hacerlo para no generar una escalada bélica mayor y las que lo sufren no lo dicen por vergüenza. Esta es una guerra silenciosa que busca interferir en sistemas críticos del país atacado.

No se mueven tropas, no hay desplazamientos físicos, sólo grandes ejércitos de personas dedicadas a construir robots digitales que buscan vulnerabilidades digitales en el enemigo. Digo personas y no militares porque en muchas ocasiones no son sólo soldados, son mercenarios que no pertenecen a las estructuras orgánicas del Estado. Los ataques no se ven, pero sí se sienten. No hay movimientos de tropas, pero sí tienen soldados. No hay convoyes con cadenas de suministros, pero sí se consumen grandes cantidades de energía.

¿Y qué se busca con los ciberataques? Obtener una ventaja competitiva, ya sea con información o desestabilizando la nación atacada.

Por un lado, pueden destruir las tropas enemigas inutilizando su armamento, cadenas de suministro o infraestructuras críticas. Un claro ejemplo fue el virus Stuxnet que en 2010 destruyó más de 1,000 centrifugadoras de uranio del programa nuclear iraní. Aunque nunca se ha confirmado, todo apunta a que el virus fue creado e inyectado en el sistema por los gobiernos de Estados Unidos e Israel.

Por el otro, el desestabilizar una nación creando desconfianza en su población o en su economía. Algunos de los casos más recientes son la injerencia rusa en las elecciones de Estados Unidos y elecciones en Cataluña. Aunque ambos son sonados, los hay más sutiles y en algunos casos pasan desapercibidos. ¿Cuánto podría haber afectado al peso mexicano si el ataque al Banxico hubiera tenido éxito? ¿Qué consecuencias tendría en la confianza del país?

En la ciberguerra los sistemas se están automatizando. Actualmente hay miles de bots ubicando vulnerabilidades en equipos con versiones no corregidas. Antes la guerra era cuerpo contra cuerpo y tenia efectos permanentes en los involucrados.Hoy el humano que hay detrás sólo tiene que pulsar un botón para disparar el “misil”. Como consecuencia, estamos en una especie de Ciberguerra Fría en la que todos los países están siendo atacados permanentemente.

 

Alejandro Cubí

Director de Desarrollo de Negocio e Internacional en Tirant lo Blanch

Columna invitada

Periodista de formación, casi abogado por correlación y emprendedor por devoción. Español de nacimiento y mexicano por elección. Devorador de información, fotógrafo amateur, chef y ciclista urbano es apasionado de las TICs, la aeronáutica y los viajes. Director Internacional y de Expansión de Tirant lo Blanch.

Lee más de este autor