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Opinión

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Empeoran los pronósticos; no le hagan caso al FMI

Esta institución mundial es algo más que un simple mensajero de esas malas noticias económicas. Al final, el FMI es corresponsable del buen desempeño de sus socios.

Puede ser que el Fondo Monetario Internacional (FMI) sea corresponsable de no detectar a tiempo los peligros financieros que han pasmado la economía mundial en los años recientes, pero no es su culpa tener que decir que el pronóstico para el próximo año es poco alentador.

Ahora que el FMI hace lo mismo que otros organismos mundiales y calcula a la baja la estimación de crecimiento del mundo tanto este como el próximo año, no falta el que se le va a la yugular al organismo.

Esta institución mundial es algo más que un simple mensajero de esas malas noticias económicas. Al final, el FMI es corresponsable del buen desempeño económico entre sus 188 socios integrantes.

Es el poder que le han dado y es, por lo tanto, el papel que tiene que cumplir. Por eso es que una baja en la expectativa de crecimiento mundial, como ahora lo anuncia el Fondo que dirige Christine Lagarde, es también un problema del propio organismo mundial.

Por ejemplo, en el caso de Estados Unidos, el FMI advierte que como consecuencia del precipicio fiscal que se ve ya a inicios del próximo año, la actividad económica habrá de bajar drásticamente. Este Fondo, junto con el resto del mundo, sabe que es la política partidista lo que tiene en vilo al mundo.

No significa que si demócratas y republicanos se hermanan y hacen lo correcto se podría salvar la corrección fiscal. No, esa es necesaria. Pero podrían negociar los términos y los plazos para evitar una caída drástica como la que se antoja se aplicará como medicina de caballo con el precipicio fiscal.

Y al mismo tiempo, los empresarios y analistas estadounidenses se enojan con el mal pronóstico de crecimiento del FMI para su país y llaman a los mercados a no hacerle caso, a no creerle al Fondo Monetario Internacional y que mejor vean y valoren el desempeño de las empresas de su país.

Sólo que tomar en cuenta el desempeño de una sola empresa o hasta de un sector aislado es no tomar en cuenta el bosque completo de la crisis anunciada de Estados Unidos.

La autocondescendencia gringa ya los ha llevado a problemas graves como la crisis subprime, cuando creyeron que no habría problemas más grandes que su país y al final quebraron varios bancos y empresas. Aunque sólo a Lehman Brothers lo dejaron morir sin asistencia de terapia intensiva como al resto.

En el caso de Europa, el FMI, además de pronosticar una recesión para este año en la zona euro, anticipa que estudia la posibilidad de apoyar a los países europeos en problemas. No siempre con dinero, a veces con asistencia técnica o, simplemente, con un monitoreo más específico.

Si se tratara de completar los recursos propios de la Unión Europea para el rescate de alguna economía en específico, tendría que ser contra la aplicación de medidas de corrección fiscal muy concretas, porque al final el dinero que presta el FMI no le pertenece y tiene que cuidar sus inversiones.

La queja principal de que el Fondo Monetario Internacional se ponga pesimista es que eso genera un círculo vicioso que desalienta la inversión y el consumo. Pero no es papel del FMI encabezar el club de los optimistas, su labor es cuidar la estabilidad financiera mundial, aunque a veces pueda parecer una actitud tan fría y calculadora.

La primera piedra

El gobierno no lo festeja porque sabe que puede ser interpretado como una provocación. Es más, lo deja pasar sin mayores referencias porque sabe que un sindicato tan improductivo, como el Mexicano de Electricistas, sí es bueno para causar desmanes.

Pero justamente ayer se festejaron, así tal cual, se celebraron tres años de la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, ese enorme hoyo negro que desaparecía miles de millones de pesos del presupuesto federal y que a cambio entregaba un deficiente servicio de energía eléctrica al Distrito Federal y algunas partes de los estados de México e Hidalgo.

El servicio ha mejorado sustancialmente con la Comisión Federal de Electricidad, aunque sí hay pendientes graves de lo ofrecido originalmente como el combate al robo de energía eléctrica con los famosos diablitos. En la luz, la impunidad también manda.

Con el paso del tiempo y con las aguas más tranquilas, se le tendrá que adjudicar a Felipe Calderón la desaparición de ese lastre como uno de los más importantes cambios estructurales de las últimas décadas.

ecampos@eleconomista.com.mx

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