Las elecciones del pasado 6 de junio pasarán a la historia como uno de los comicios más exitosos de la historia. De entrada fue una elección bien representada por un generoso número de partidos.  Adicionalmente, por primera vez en muchos años, una gran cantidad de mexicanos en elecciones intermedias alzaron su voz y emitieron un voto elocuente, contundente e incluso apasionado. Votaron un poco más de la mitad de los mexicanos inscritos en el padrón, si bien la cifra en números absolutos no es de presumir, en términos relativos, se considera buena.

De alguna forma, todos los partidos ganaron algo ya sea en lo individual o a través de sus alianzas. Morena arrasó en los estados, la alianza Va Por México logró imponer un sano contrapeso en la Cámara de Diputados y las alcaldías de CDMX, y el PVEM afianzó su privilegiado sitio de comodín o “vendido”. El presidente López Obrador se declaró Feliz x 3 por los éxitos de los comicios. El INE, a pesar de cargar con los agravios del pasado y las presiones del presente y futuro, demostró ser un órgano que funciona y funciona bien y sobre todo recuperó respeto y validación por parte del electorado y la opinión pública.

Los medios como quizás nunca antes estuvieron presentes desde muchos meses antes, informando, analizando, reportando, comentando y desde luego ¨grillando¨. Al final del día, esos son los privilegios que nos otorga vivir en democracia y en un Estado plural.

Pero, más allá de los satisfactorios resultados de las elecciones como ejercicio colectivo de voluntades, los resultados no pudieron quitar a los mexicanos un amargo sabor de boca que aún persiste. Ese pesar que se siente en el ambiente por los ataques constantes de los unos contra los otros, ese continuo resentimiento y esa descalificación que se ha hecho presente en medios, columnas de opinión, redes sociales, y demás foros  reales y virtuales.

Nuestra labor ciudadana no acabó al emitir un voto. De hecho, apenas comenzó. Ahora toca ejercer nuestra preferencia electoral respetuosa y responsablemente. A los medios, los reporteros y los periodistas toca hoy más que nunca informar e incluso ¨grillar¨ sin ofender. Urge dejar de lado los sarcasmos, las posturas irrespetuosas, las descalificaciones a las opiniones de los demás y la censura a las mismas.

¿Futbol o política?

El pasado domingo después de elecciones, el partido entre Estados Unidos y México, que sólo se transmitió por TUDN, en canal 5, tuvo un alcance nacional promedio de 16.35 millones de personas, con un pico” de audiencia máxima, en el tiempo extra, de 20.4 millones de televidentes. Mientras que los noticieros informativos sumados del domingo por la noche solo juntaron una audiencia de 3.7 millones. ¿Será que estamos hartos de la política?

En su columna de El Universal, Javier Tejado hace referencia a que el partido de futbol más visto en la historia de la TV mexicana ha sido el México contra Alemania, durante el Mundial de Rusia en 2018, el cual fue sintonizado por 21.6 millones de personas.

aaja@marielle.com

Antonio Aja

Columnista

Showbiz

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