El reto de las firmas es responsabilizarse por el impacto de sus operaciones.

¿Cómo se mide el éxito? En los negocios, sólo hay una manera real: los resultados. Entonces, ¿cómo es que medimos el éxito de ser responsable socialmente? La respuesta es que todavía no hay un sistema de contabilidad social desarrollado y aceptado. Sin embargo, muchas compañías consideran sus programas de RSE como un éxito, dentro y fuera de los negocios.

El reto para las compañías es responsabilizarse por el impacto de sus operaciones, interna y externamente. Éstas son algunas de las corrientes e influencias que afectan a las organizaciones de estos días:

  • La creciente demanda sobre las compañías para que se responsabilicen por el impacto sobre sus trabajadores, el ambiente y la sociedad.
  • La demanda de adoptar misiones formales que integren una política de ideales sobre responsabilidad social.
  • La preocupación de los inversionistas por el vínculo existente entre el desempeño financiero de la compañía y la responsabilidad ambiental y el impacto que tienen en la política de la compañía.
  • La preocupación de los consumidores acerca del desempeño ambiental y social de las empresas.

En el contexto de los problemas de valor social actuales, los empresarios son acusados y víctimas de su propia lógica profesional derivada de la teoría económica tradicional. Ésta deberá ser abandonada por un modelo social que en realidad clarifique la naturaleza de la corresponsabilidad social inherente al rol profesional de los empresarios.

La discusión acerca de la RSE es variada. La visión tradicional proclama que la única responsabilidad de un empresario es maximizar la utilidad económica de los dueños de la empresa. Sin embargo, existe una visión que considera que la responsabilidad social del empresario va más allá de la maximización de las utilidades.

Milton Friedman expresó muy bien la visión tradicional de la RSE: En una empresa libre y en un sistema de propiedad privada, un director ejecutivo es un empleado de los dueños del negocio. Tiene una responsabilidad directa con sus empleadores. Esa responsabilidad es conducir el negocio según los deseos de los dueños, que generalmente es hacer la mayor cantidad de dinero posible .

Esta visión limita a las empresas a ser una organización totalmente económica, formada por hombres económicos que toman decisiones económicas. El problema de esta consideración es que el hombre no solamente es un ser económico, sino que al mismo tiempo es un ser social. Por tanto la empresa también es una organización social.

Bajo este nuevo concepto, un empresario tendrá que preocuparse por generar dos clases de productos: uno, los bienes y servicios económicos de su empresa; y dos, los efectos sociales sobre las personas que producen esos bienes y servicios, así como su efecto en la comunidad. De este modo se reconoce que los hombres de negocio siempre han operado en ambientes humanos que crean tanto productos económicos como sociales.

*Director del Centro de Estudios para la Gobernabilidad Institucional (CEGI) del IPADE Business School.

Twitter: @ipade