El historiador-académico Eric Zolov de Stony Brook University acaba de publicar un libro fascinante: the last good neighbor. mexico in the global sixties (Duke University Press 2020). El buen vecino fue un marco estratégico de la diplomacia bilateral con Estados Unidos que data de los años 30 basado en la premisa del “respeto mutuo”.

El libro es básicamente un estudio de la política exterior de Adolfo López Mateos (ALM, 1958-1964). Ofrece una descripción muy amena de cómo el liderazgo de ALM balanceó la estrategia del buen vecino con el clamor de la izquierda de solidarizarse con los procesos de descolonización y el atractivo (aparente) de los modelos socialistas de desarrollo. Malabarismo entre dependencia de Estados Unidos e independencia para sumarse al internacionalismo del tercer mundo. Con su canciller Manuel Tello, ALM logró con éxito una coexistencia entre esas dos visiones transformando el papel de México en el orden global. Parte de ese balance geopolítico fue forjar una relación con la Unión Soviética. En 1959, en el Auditorio Nacional se montó la impactante Exposición Soviética de Ciencia, Técnica y Cultura. A pesar de que el público no salió muy convencido de la propaganda pro URSS que se mostró, para el gobierno tuvo un simbolismo: “Estados Unidos no era el único buen vecino disponible” (página 77).

El objetivo de ALM era llevar a cabo “un esfuerzo concertado para influir en la dirección de la Guerra Fría, mediante incentivar un cambio de rumbo hacia la multipolaridad y el apoyo a la desnuclearización” (página 219). Pero ese activismo causó preocupación en Washington. Analistas y diplomáticos batallaron por descifrar la lógica del nacionalismo revolucionario del PRI con la agenda internacionalista en una era de incertidumbre geopolítica.

En el pináculo del prestigio internacional de la diplomacia mexicana resultó inexplicable que ALM escogiera como su sucesor a Díaz Ordaz (GDO), quien viró en 180 grados la política de presencia mundial. Los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de Futbol de 1970 fueron escaparates heredados del anterior gobierno. En todo su mandato, GDO sólo realizó dos visitas internacionales: a Guatemala y Estados Unidos. Zolov ofrece algunas hipótesis sobre la elección de ALM de haber “optado por un presidente con una de las inclinaciones más bajas hacia lo global” (página 252).

El gobierno de Echeverría (LEA) retoma con energía el internacionalismo donde lo dejó ALM y declaró: “México no puede seguir siendo un espectador inerte de la historia” (página 291). Así, ALM pavimentó el camino de ese activismo, una vez más, entre el difícil equilibrio de ser un buen vecino y a la vez un protagonista de las causas de la izquierda identificadas con el movimiento de los no alineados. Pero el activismo de LEA tenía también una ambición personal: ser secretario general de la ONU.

He ofrecido apenas un atisbo a este interesante libro que puede interesar a estudiosos y diplomáticos para interpretar mejor el rol internacionalista de la política exterior en los años 60. Ojalá pronto el libro encuentre una traducción para una mayor difusión.

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Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.