Tengo muchos amigos que son traders y les gusta estar todo el tiempo enfrente de una pantalla, comprando y vendiendo distintos instrumentos de inversión. Ellos utilizan distintas herramientas de análisis técnico para hacer operaciones rápidas y aprovechar la volatilidad inherente a los mercados financieros. El trading es sin duda una forma de vida, pero no es para todos.

Yo tengo una filosofía distinta sobre las inversiones y se basa, simplemente, en no perder de vista cuál es mi objetivo de inversión. Si uno participa en el mercado accionario, ese objetivo debe ser de largo plazo. Desde mi punto de vista, uno simplemente debe diseñar un portafolio de inversión que sea adecuado con ese horizonte, y que tome en cuenta mi tolerancia al riesgo.

El trading, desde mi punto de vista, es una de las disciplinas más difíciles que existen. Hay que tener estómago y una alta tolerancia al riesgo para poder tener éxito. Y evitar a toda costa que nuestras emociones, naturales para los seres humanos, se interpongan en nuestras decisiones de comprar y vender.

Por ello, para un trader es indispensable tener una metodología y aplicarla con disciplina férrea. Recordemos que precisamente una estrategia nos sirve para tratar de evitar que las emociones influyan en nuestras decisiones. Por eso mismo, una vez que la hemos definido, tenemos que aplicarla siempre, sin excepción.

Por ejemplo: si hemos definido vender una acción en caso de que su precio cruce a la baja su promedio móvil de 30 días, entonces tenemos que hacerlo. No importa si es una gran compañía, con enormes perspectivas a futuro. Esa es la metodología que establecimos y por lo tanto tenemos que aplicarla sin excepción.

Hacer esto es muy difícil. Entra nuestra pasión irracional. La gente a veces piensa que esa acción seguro va a tener un rebote; “lo presiento”. O puede pensar que quizá sea una señal equivocada y entonces ignorarla. O simplemente que esa compañía es la mejor que existe y que a pesar de todo es mejor mantenerla en el portafolio.

Todas éstas pueden ser razones válidas, pero también pueden ser producto de nuestro temor a equivocarnos, o de una esperanza poco fundamentada. Son nuestros sentimientos hablando, no nuestra inteligencia.

Por eso es importante tener una metodología definida a la hora de invertir, pero aún más importante es el hecho de aplicarla a rajatabla, siempre, sin excepción. Sin dejar que nuestro feeling nuble nuestro juicio. Recordemos esta cita del filósofo alemán Friedrich Nietzsche: “La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre”.

Por otro lado, un trader debe estar dispuesto a perder y a salir de las posiciones de manera rápida. Para él, lo más importante es limitar las pérdidas lo más posible, y dejar correr las ganancias también lo más que se pueda. De hecho, más de la mitad de las operaciones son perdedoras, de ahí la importancia de cortar las pérdidas pronto y no dejar que nuestros sentimientos se inmiscuyan en el camino.

Pero también deben considerar, en el cálculo de sus utilidades, la comisión que pagan por cada operación. Muchos se olvidan de tomarla en cuenta.

Los verdaderos traders se enfocan en estudiar muy pocas acciones –y toman sus decisiones basados principalmente en criterios de análisis técnico. Como operan intradía, a veces compran y venden, en un mismo día, el mismo instrumento varias veces.

En fin, creo que sí se puede tener éxito como trader, pero es algo que muy pocos logran. Así como pocas personas pueden enriquecerse tocando el violoncello o cantando. Para 99% de las personas, éste no es el camino a seguir.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com