Ciertamente, no se recuerda un gabinete presidencial ni un gobierno tan disfuncionales en la historia moderna de México. Así, parecería difícil identificar a una secretaría específica que sobresalga por su ausencia, anomía, incuria, elusión, evanescencia e irrelevancia. Sin embargo, existe, y es la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Tal vez esto no sea tan sorpresivo si tomamos en cuenta las compulsiones de exterminio de bienes públicos y de demolición de la administración pública observados en el gobierno actual, y su notoria ignorancia, desprecio y saña en contra del conocimiento científico en general, y en particular contra la amplia y vital agenda de temas ambientales y de sustentabilidad. No sabemos si de este contexto, el intrigante (no) desempeño del titular de Semarnat es una causa o más bien una consecuencia, o tal vez las dos. El hecho es que la Semarnat y su titular han permanecido impertérritos ante la ominosa avalancha de crisis ambientales que desciende sobre México, sin mostrar ningún signo mínimo de vida o capacidad elemental de reacción; vaya, ni siquiera como medio retórico de auto-justificación. Es difícil explicar este estado catatónico de la Semarnat y de su titular, más aún, cuando se va estrechando un furioso y aciago círculo de devastación en su derredor.

Semarnat y su titular no se han dado – ni remotamente –  por aludidos ante la tragedia ambiental y de salud pública asociada al uso masivo de combustóleo en la termoeléctrica de Tula, causante de más de 14,000 muertes prematuras en la Megalópolis del centro del país, en violación flagrante de la normatividad, y que en las últimas semanas se ha convertido en uno de los temas más álgidos de la agenda pública. Más todavía, cuando sus emisiones letales de partículas PM2.5 y óxidos de azufre se relacionan con una mayor mortalidad por Covid-19. De manera inaudita, Semarnat permanece como cero a la izquierda en la embestida del gobierno en contra de las energías renovables, y contra el Acuerdo de París en materia de cambio climático. En medio de esta tormenta, nada se ha escuchado en boca del titular de Semarnat. No sabemos si es por temor, complicidad, o afinidad con el delirio ideológico de su jefe.

Algo gravísimo: el titular de Semarnat, se sabe, tolera y alienta las invasiones y la destrucción del más valioso acervo de biodiversidad de nuestro país, la Reserva de la Biósfera de Montes Azules en Chiapas, que representa el último reducto significativo de la Selva Lacandona. Miles de especies están riesgo, así como el más importante macizo de bosque húmedo tropical en México. El titular de Semarnat guarda silencio. También, guarda sereno reposo ante los más de 70 incendios forestales activos en el territorio nacional, que han destruido ya más de 10,000 hectáreas de bosques. Su indiferencia es manifiesta frente a la extinción inminente de la Vaquita Marina por la pesca ilegal, y frente al embargo pesquero decretado por los Estados Unidos como reacción punitiva ante la barbarie ecológica en los mares mexicanos. Disfrutando un sueño profundo, el titular de Semarnat no se ha percatado de la necesidad y oportunidad histórica para lanzar ahora un programa nacional de monitoreo sobre enfermedades zoonóticas emergentes en ecosistemas fragmentados (téngase en cuenta que el Covid-19, igual que muchas otras, es una enfermedad zoonótica originada en la interacción entre fauna silvestre y humanos). El titular de Semarnat voltea hacia otro lado para ignorar los severos impactos ecológicos de los subsidios agropecuarios del régimen y del desastroso programa Sembrando Vida, que han lanzado al país en una nueva oleada de deforestación. Por cierto, tampoco le significa nada que empiecen las obras del Tren Maya, ilegalmente, sin Manifestación de Impacto Ambiental.

Semarnat carece de agenda relevante y de un Programa Nacional de Medio Ambiente, como lo marca la ley, mientras que su titular ha permanecido ajeno (o peor, aquiescente) al desmantelamiento operativo, humano y presupuestal de la institución que encabeza. Entre tanto, junto con él, la gran mayoría de los ambientalistas calla. Estarán satisfechos. Por eso votaron.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.