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Opinión

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El nuevo maximato

Entre las muchas cosas que es la trilogía del Señor de los Anillos, de Tolkien, también representa un tratado de ciencia política. Cuando al inicio se habla de los varios anillos existentes dados a los reyes elfos, los señores enanos y los hombres mortales, en realidad está haciendo una alegoría de la repartición del poder. Consecuentemente, el anillo único, el forjado en Mordor, representa el poder absoluto. En la obra, cuando Frodo le ofrece el anillo a un hombre sabio, Gandalf, que tal vez pudiera hacer un uso justo del poder, éste lo rechaza: nadie es suficientemente sabio para tener un poder absoluto.

La literatura nos enseña, tal vez mejor que la ciencia política, la sociología o la historia, cómo las personas con poder sueñan con retenerlo y aumentarlo. El Patriarca (del Otoño del…) de García Márquez, el Señor Presidente de Asturias o El gran solitario de Palacio de Avilés Fabila toman prestados personajes de la realidad o al revés, la realidad toma prestadas personas de la ficción. 

Conseguir el poder conlleva la idea de retenerlo. Cuántos personajes han soñado con perpetuarse en sus puestos o al menos sueñan con dejar su “legado”. Todo indica que Echeverría, López Portillo y Salinas, por ejemplo, estudiaron la posibilidad de reelegirse o al menos de controlar a sus sucesores. Fallaron. Confundieron el servilismo al poder con lealtad o subyugación. La realidad siempre resulta rebelde.

¿Sueña AMLO con perpetuarse en el poder? Una y otra vez dice que no, pero ¿quién está a la altura para continuar su legado? Ebrard está contaminado por el escándalo de la Línea 12, Sheinbaum perdió la Ciudad de México y Monreal no tiene posibilidades mientras el presidente López tenga fuerza. Las candidaturas morenistas no son tan fuertes como presume el mandatario porque, entre otras cosas, él no las deja tener una personalidad propia, así le conviene. Más adelante, ante este panorama, AMLO podría decidir buscar como quedarse en su puesto. Las fórmulas de muchos mandatarios latinoamericanos están a la mano y se resumen en: el pueblo me lo pidió.

Pero supongamos que en verdad quiere abandonar la Presidencia, que no el poder, es difícil creer que López Obrador se resigne a que se cambie una coma de su “legado”. Así que tal vez prepara un plan B. Su “destape” de los aspirantes a la Presidencia no es más que el mensaje que les recuerda quién tiene el control y puede decidir su futuro.

Cuando nos permitimos la licencia de decir que el presidente López está regresando a los años 70, tal vez nos quedamos cortos. El viaje de su máquina del tiempo está pensando en los años 20. Recordemos que luego de la Presidencia de Calles, “jefe máximo de la Revolución”, Álvaro Obregón quiso reelegirse. El resultado: unos días después de su triunfo electoral, Obregón fue asesinado y se abrió un periodo entre 1928 a 1934 en el que hubo tres presidentes y un solo poder, el de Calles.  

Hay rasgos evidentes que nos hablan de la aspiración lopezobradorista de convertirse en una especie de “jefe máximo de la Cuarta Transformación”, un Calles del siglo XXI: 1) es el presidente mexicano con más poder en los últimos 50 años; 2) trata a los gobernadores de su partido como subalternos, véase la instrucción que le dio a Claudia Sheinbaum para que no se metiera en el lío de la Línea 12 y el mensaje a los ejecutivos locales morenistas para que siguieran al pie de la letra los postulados (o como se llamen) de la 4T; 3) trata al presidente de la Suprema Corte como a otro subalterno; 4) tiene bajo su control al Fiscal “independiente” Gertz Manero; y 5) tiene la mayoría en el Congreso de la Unión. Por si fuera poco, los gobernadores priistas están muy alineados con el morador de Palacio Nacional. 

Hay un sexto elemento de igual o mayor peso: la militarización de la vida pública del país. El paso más reciente en esta semana ha sido la creación de la Agencia Nacional de Aduanas de México, que dependerá de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), no del SAT, pero bajo la operación de las Fuerzas Armadas. Su objetivo será combatir el contrabando y la corrupción.  Ya sabemos que el nuevo organismo realmente no dependerá de Hacienda, salvo como una figura en un organigrama, sino de las fuerzas armadas, tal y como pasa con la Guardia Nacional bajo la supuesta coordinación de la Secretaría de Seguridad. 

 Parafraseando a Octavio Paz: los símbolos se han vuelto transparentes.

Tolkien dixit: “Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la tierra de Mordor donde se extienden las sombras”.

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