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Opinión

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El nudo gordiano de las telecomunicaciones

La noción del nudo gordiano se refiere a uno de alta complejidad para desenredarlo. Incluso, uno que al tratar de deshacerlo tiende a enredarse y apretarse más. Entre las historias que se encuentran al respecto se identifica a Alejandro Magno como aquel personaje y fuerza que lograra resolver el problema al cortarlo con su poderosa espada.

Hoy pareciera que en el sector de las comunicaciones atestiguamos un fenómeno semejante al del nudo gordiano, al haberse enredado entre temas comerciales, legales, regulatorios y de política pública, de tal forma que luce muy distante y, sobre todo compleja, la posibilidad de su desenredo.

Mucha gente sigue interpretando todo este cúmulo de problemas en términos de una guerra de empresas o de empresarios. Sin embargo es más bien una natural y económicamente racional reacción hostil de operadores ante una autoridad o gobierno que por primera vez en varios sexenios ha buscado, y de hecho logrado en amplia medida, operar con autonomía con respecto a sus empresas reguladas.

El claro objetivo de ese Estado autónomo ha sido gestar competencia efectiva, con base en la nivelación del terreno competitivo, con una batería de acciones como la instrumentación del Plan Técnico Fundamental de Interconexión e Interoperabilidad (PTFII) para la efectiva interconexión de redes, la eliminación de restricciones a la Inversión Extranjera Directa (IED) plena en telecomunicaciones, la consolidación de Áreas de Servicio Local (ASL) para reducir los precios de la larga distancia y la declaratoria de dominancia, por mencionar sólo algunas.

Por otro lado se encuentra el operador dominante reclamando el derecho de aprovechar la convergencia tecnológica derivable de su entrada al servicio de video.

En este escenario, la preocupación estatal central es, como debe ser, la pérdida neta de bienestar social que resulta de la ausencia de competencia efectiva.

Así, pareciera que cuando se trata de desenredar el nudo gordiano de las telecomunicaciones se termina apretando más y, por lo tanto, nos encontramos más lejos de resolver la situación actual. Por lo que la solución a este enmarañado asunto no se encuentra en ver quién tira más duro de la cuerda, sino en una solución no convencional, propia del pensamiento lateral, para poder obtener todos los beneficios potenciales de una competencia efectiva en telecomunicaciones resumidos en: cobertura, calidad y precio.

Con todo, tal vez como nunca en la historia moderna de las telecomunicaciones en México desde la introducción de la incipiente competencia, el gobierno tiene ante sí la obligación y la oportunidad de constituirse en el Alejandro Magno contemporáneo. Para ello deberá desenvainar y usar su poderosa espada para cortar este nudo gordiano, no como un ejercicio autoritario y unilateral, sino como uno de conciliación en los casos que sea posible y de autoridad, que deriven de una vez por todas en una política pública para fomentar y hasta garantizar el sano desarrollo del sector de telecomunicaciones.

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