Una extraña idea recorre las campañas del PRI y del PAN, que en las próximas semanas, millones de electores valorarán quién es el segundo lugar en las encuestas y entonces votarán de manera masiva en contra de López Obrador, a pesar de que tanto José Antonio Meade como Ricardo Anaya no les parezcan buenos candidatos.

Primero, esto no es respaldado por las encuestas. De acuerdo a la encuesta más reciente, la del diario Reforma, ni Anaya ni Meade le ganarían a AMLO en una segunda vuelta, pero, además, 17% de los votantes de Anaya tienen a AMLO como segunda opción, mientras que 20% de los que apoyan a Meade votarían por AMLO también como segunda opción, en ambos casos 20% no votaría por ningún otro candidato en caso de que el suyo no estuviera en la boleta. Esto es, solamente 27% del voto de Meade iría con Anaya y sólo 21% del voto de Anaya iría con Meade, cifras claramente insuficientes para una estrategia de voto útil.

Lo que muestran las encuestas es que AMLO tiene, por mucho, más positivos que Meade y Anaya. 51% tiene una buena opinión de López Obrador, contra 29% de opiniones positivas de Anaya y 26% de positivos de Meade Kuribreña. Es muy difícil buscar el voto útil contra un candidato que tiene más de la mitad de las valoraciones positivas del electorado.

También según Reforma, 77% de los electores desaprueba la gestión de Enrique Peña Nieto; 64% considera que su situación económica empeoró y 84% cree que estamos peor en materia de seguridad.

Eso inevitablemente descalifica como un contendiente serio a Meade, el candidato del partido de Peña y prominente miembro de su gabinete. Pero lo mismo sucede con Anaya, que como presidente del PAN y del Congreso avaló todas y cada una de las reformas propuestas por Peña.

El carácter opositor de Anaya es muy reciente, surgió en los meses recientes de las elecciones, por lo que no es creíble como opción de cambio. Tampoco parece tener un proyecto que retome las reformas de Peña y las mejore, tanto porque no ha elaborado propuesta alguna, como porque rechaza lo hecho por el actual gobierno, aunque lo haya acompañado en el Congreso. No es el candidato ni de la continuidad, ni del cambio.

Tanto Anaya Cortés como Meade Kuribreña renunciaron a presentar un proyecto propio y optaron por basar su campaña en descalificar lo dicho por López Obrador. No pueden apelar a que tienen la propuesta sería, la que ofrece soluciones con responsabilidad, porque ambos sólo han encabezado la campaña contra AMLO por todos los medios.

No tenemos una contienda en la que los partidos presenten sus ideas para que sean valoradas por la ciudadanía, sino una discusión sobre la pertinencia o no de lo que AMLO propone. Como la mayoría de las personas no tienen una opinión negativa de AMLO, según los datos, y en realidad no se ha articulado un proyecto alternativo al de AMLO, que promueva el cambio, pues la enorme mayoría de la población, inconforme al gobierno del Peña se suma al tabasqueño. Es aritmética simple.

El voto útil sólo existe en la mente de estrategas de campaña que venden humo y en un puñado de empresarios desesperados sin una lectura medianamente razonable de lo que sucede. No habrá voto útil y Andrés Manuel López Obrador será presidente. Eso es lo que indica la evidencia, de manera muy robusta.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.