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El misterio del teléfono de la Profeco
Nada en política es casualidad, algo más o menos así he escuchado y leído de boca y letra de dos que tres analistas políticos de los que tienen fama de saber del tema, aunque luego no se cumplan sus pronósticos. La referencia viene al caso porque de alguna forma tengo que comenzar esta colaboración y, sobre todo, por algo que descubrí que tiene que ver con la política y que, a todas luces, no es casualidad.
No es casualidad que a una semana del affaire de Andrea Benítez, la Lady Profeco, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) haya iniciado una campaña publicitaria en la radio. Desde el sábado y hasta el momento de entregar esta colaboración -lunes por la tarde-, he escuchado anuncios de dicha dependencia en los principales noticieros radiofónicos. El audio de los spots es de mala calidad -de la era predigital- y en ellos se mencionan frases que me suenan antiguas: papelito habla , exige litros de a litro y como siempre, la fuerza del consumidor . Pero no son las frases ni la calidad del sonido lo que delata la edad de los anuncios, sino la repetición de la popular tonadilla donde se canta el número telefónico de la dependencia: 568-87-22 y se repite: 568-87-22.
Si usted se fija, el mencionado número es de siete cifras. Si usted lo marca -yo lo hice varias veces-, tendrá por respuesta el tono de ocupado. Si bien el número -568-87-22- se hizo memorable, eso fue antes del 18 de noviembre de 1997. A partir de esta fecha, según investigué, en el Distrito Federal y Zona Metropolitana los números telefónicos son de ocho dígitos. Recurrí a la página de la Profeco en Internet donde dispone de una sección dedicada al Teléfono del Consumidor, el principal instrumento de atención al público y el servicio que ofrece es el más reconocido y emblemático de la institución -continúo con la transcripción-: está al servicio de los ciudadanos desde el 5 de febrero de 1980 .
En la información que se proporciona al consultor de la página se le dan los ocho dígitos del número actual 5568-8722, el mismo que se hizo popular con el agregado de otro cinco por delante para hacerlo de ocho dígitos.
Una hipótesis de los hechos
¿Por qué la Procuraduría Federal del Consumidor en su comunicación publicitaria no informa a la audiencia de las ocho cifras de las que consta el número de su teléfono en la actualidad? ¿Pensarán que el número se hizo tan popular que el consumidor -cualquiera que sea su edad- lo sabe de memoria y en automático le pone un 5 por delante para actualizarlo y poder contactar?
La respuesta a las dos interrogantes anteriores es no. Según mi teoría, después del Andygate de la semana pasada alguien tuvo la idea de hacer una campaña publicitaria para restaurar la imagen de la institución deteriorada por la hija del Procurador.
La orden fue: urge una campaña de publicidad, es para ayer. Oye, pero no tenemos una producción nueva. Me vale, aunque sea mete anuncios viejos, el chiste es hacer ruido. Que la gente sepa que la Procuraduría trabaja. Y así fue, recurrieron al material viejo. Tal vez ni siquiera repararon en las siete cifras del número telefónico. Con una dosis de buena voluntad, una porción de profesionalismo y un mínimo de presupuesto, en dos horas hubieran podido producir un nuevo spot agregándole el 5 al viejo jingle. (Definición de jingle: musiquita que tocan en radio y televisión y que todo el día está jingle y jingle).
Para decirles el error que detecté en sus anuncios, me comunique al 55-68-87-22. Bienvenido al Teléfono del Consumidor. Para Profeco es un gusto atenderte. ¿En qué te podemos servir? Una vez roto el turrón , te dan siete opciones. La séptima es para solicitar directamente atención personalizada. La marqué: Por ahora todos nuestros agentes están ocupados. En un momento te atenderemos -escuché y esperé hasta oír un timbrazo, luego de repetir las mismas frases te dan dos alternativas: Si deseas esperar, marca uno. Si deseas que te regresemos la llamada, marca dos. Obviamente marqué dos. Enseguida, otras dos posibilidades -cito de memoria-: Deseas que nos comuniquemos cuando un agente se encuentre disponible, marca uno. Deseas programar la llamada para una fecha y hora, marca dos. Marqué uno. Te piden los 10 dígitos de tu número. ¿Cómo 10, mi número sólo es de ocho? Y el de ellos según la radio es de siete. Cuelgo. Me entero que las 10 cifras son tu número antecedido del 55, la clave de la ciudad de México. Vuelvo a hacer el numerito de los números hasta que doy los 10 dígitos cuantas veces me lo piden. Cuando voy a colgar, suponiendo que fueron suficientes las veces que les di mi número telefónico, una voz grabada me pide mi nombre y el asunto que quiero tratar. Admito que la grabación me sorprendió. Balbucee mi nombre y primer apellido y un tanto cuanto apendejado dije el motivo de mi llamada: Hablo porque en su publicidad de radio dicen incompleto su número telefónico.
Hasta este momento, nadie de la Profeco se ha comunicado conmigo.