Todos los años escribo sobre el Buen Fin pero esta vez quiero hacerlo de manera distinta, a través del testimonio de un lector que amablemente lo compartió conmigo. Para mantener su anonimato le pondré un nombre distinto, lo llamaré Pedro.

Hace un año Pedro decidió junto con su familia visitar un centro comercial durante el Buen Fin, porque sus hijos necesitaban algo de ropa y zapatos.

Fueron a la primera tienda de ropa femenina, donde todo estaba rebajado. Su hija de 17 años se probó una gran cantidad de prendas que le quedaban bien. Aunque tuvo que dejar algunas, terminaron gastando un poco más de lo que habían planeado. En la caja a Pedro le ofrecieron diferir la compra a 12 meses sin intereses, lo cual era bastante cómodo en su flujo, así que no le importó.

Fueron entonces a una zapatería de dama, donde había una promoción de 3x2. Entonces, en lugar de comprar un par de zapatos, terminaron llevando tres, con el pretexto de que “uno de ellos les iba a salir gratis”. De la misma forma, difirió su cargo a meses.

Tocó el turno de su hijo: en su caso fueron tres tiendas, porque también necesitaba unos zapatos deportivos. Con el pretexto de ser justo, presupuestó para él una cantidad equivalente a la que había gastado con su hija. Todos los cargos, igualmente, fueron diferidos.

Al pasar por una tienda departamental, su esposa vio una promoción de maquillajes: un estuche divino que, aunque no estaba rebajado y tenía un costo alto, podía igualmente pagarse hasta en 15 mensualidades sin intereses. Cada mensualidad quedaba cómoda así que pensó que sería un buen regalo de Navidad para ella y lo compró.

Luego buscaron una computadora portátil, que su hija iba a necesitar próximamente para la universidad. El demostrador los enredó con temas técnicos de capacidades, memoria y velocidad, pero además iba a necesitar un maletín y una impresora, entonces les sugirió un “combo promocional” que incluía las tres cosas. Nuevamente terminaron gastando un poco más de lo que habían pensado, pero no había problema porque también podría pagarse a mensualidades.

Al salir pasaron por el pasillo de audio y video, en donde vieron una promoción de pantalla plana de ultra alta definición y home theater que parecía irresistible. Pidieron informes y se la terminaron llevando, a pesar de que no lo habían planeado. Otro cargo a mensualidades. La familia estaba feliz: todos compraron las cosas que “necesitaban” y en el proceso, en su mente, se habían ahorrado un montón gracias a las promociones.

Lo que Pedro no imaginó, porque no hizo cuentas, es la cantidad de dinero total que había comprometido pagar a “meses sin intereses”. Cuando llegó el estado de cuenta de la tarjeta de crédito, algunas semanas después, se dio cuenta que el importe total a “meses sin intereses” representaba cerca de 70% del ingreso mensual neto de la familia. Eso sin contar todos los demás compromisos, como colegiaturas, hipoteca, etcétera. Se había endeudado mucho más allá de su capacidad de pago.

Historias como ésa desafortunadamente son comunes, porque cada cuenta individual parecía que se podía pagar de manera cómoda a mensualidades. Pero la suma no, y la gran mayoría de las personas no se dan cuenta hasta que les llega el golpe de realidad cuando ya no pueden hacer nada.

Pedro pudo salir adelante, porque pudo utilizar su aguinaldo para pagar las primeras mensualidades en lo que recibía su bono anual, en marzo, que le ayudó a amortiguar un poco el problema. Sin embargo, tuvieron que apretarse fuerte el cinturón y reducir sus gastos habituales de manera drástica.

Hoy Pedro acaba de terminar de pagar las compras que hizo a 12 meses, pero todavía le resta por liquidar algunas que fueron a 15 y a 18 mensualidades. Por eso, ya se siente mucho más tranquilo.

Comparto esta experiencia para que todos podamos aprender de ella, y a diferencia de Pedro, no tengamos un maldito Buen Fin.

Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com