Mientras que los aspirantes presidenciales del Frente y de Juntos Haremos Historia mantienen una postura contraria al derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad, y ofrecen fragmentarias propuestas para la “igualdad”, dos grupos diversos de mujeres han planteado en estos días la necesidad de un compromiso real con las mexicanas, que permita lograr la igualdad sustantiva y enfrentar las desigualdades y la violencia de género. Aunque es dudoso que los candidatos reconsideren, por convicción o por afán de cuidar a su electorado conservador, quien gane las elecciones deberá tomar en cuenta las demandas concretas de las mujeres y recordar que, en una república laica, no deben privar ideas confesionales; que los derechos humanos no se pueden revertir ni la igualdad puede fragmentarse según convenga.

No es casual que tanto organizaciones y mujeres feministas como “mujeres poderosas” expongan en una decena de puntos demandas básicas para alcanzar la igualdad sustantiva con principios o propuestas que resuenan más que todos los discursos electorales juntos. En un llamado a quienes aspiran a un cargo público, las feministas les invitan a pronunciarse acerca de principios como el respeto al Estado laico, el acceso al aborto legal y seguro, la paridad, la lucha contra las brechas de género y la violencia machista, además de temas relativos al bienestar y la democracia, como la protección de los bienes colectivos contra los megaproyectos, el respeto a la libertad de expresión y de protesta, y el derecho universal al cuidado, en igualdad.

El manifiesto de las “mujeres poderosas”, publicado en la revista Forbes, a su vez, mira con perspectiva de género el ámbito económico y propone medidas para asegurar la igualdad laboral y profesional; entre ellas, “el combate a la violencia contra las mujeres”, por cuestión de justicia y “de desarrollo y competitividad”; la igualdad salarial, una educación para la igualdad, cuotas de género en instituciones como la CNBV, medidas institucionales contra el acoso laboral y sexual, el reconocimiento formal de las trabajadoras del hogar, y “el respeto al pleno derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y sobre si quieren ser madres o no”.

Aunque breves, ambos documentos evidencian que la igualdad que hoy reclaman las mexicanas no es lo que los candidatos presidenciales y sus partidos entienden por tal. La igualdad sustantiva no es la “equidad” que propone la plataforma de Juntos Haremos Historia, ni la igualdad sin plenos derechos sexuales y reproductivos que delinea el folleto Femsplaining de Morena, que habla de embarazo adolescente y de violencia de género, pero no menciona la interrupción legal del embarazo ni roza siquiera el problema de la violación, el incesto y la falta de cumplimiento de la NOM-046- que permite el aborto en caso de violación.

Tampoco favorece la igualdad plena la postura del candidato del PAN-PRD-MC, para quien el derecho de las mujeres a vivir sin violencia termina cuando, para garantizarlo, se requiere interrumpir un embarazo. Pese a las referencias a la igualdad y a los derechos de las mujeres que incluye su plataforma electoral, el “moderno” Anaya parece creer que basta con oponerse a la criminalización de las mujeres que abortan para deslindarse de lo más rancio del PAN. Así, desconoce las consecuencias de las contrarreformas que protegen “la vida desde la concepción” en 18 estados, mediante las cuales se ha encarcelado a más de 600 mujeres, incluso por abortos espontáneos; elude además que la prohibición o limitación del aborto conlleva un daño excesivo para millones de mujeres y niñas empujadas a la clandestinidad.

Quien se precia de estar al día, bien podría reexaminar y reconocer lo que es un problema social y de salud pública. Quien se ha comprometido a acabar con la desigualdad, debería explicar por qué su concepto de justicia social excluye el derecho de las mujeres sin recursos a no exponer su vida y su salud en abortos clandestinos. La igualdad real, para todas, pasa por el respeto al derecho a decidir.

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).