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El círculo rojo
El círculo rojo no es la élite mejor informada y con poder de este país. En este caso es la señal pintada en muchos cruceros de la ciudad que marca la diferencia entre los que serán infraccionados por posarse sobre esas marcas en una hora de tráfico y los que nunca serán molestados por bloquear durante horas una avenida.
Un país o una ciudad, que quiere retomar el camino del respeto a lo que dicen las leyes, pinta este tipo de señalizaciones como una forma de educar a una población mal entrenada para convivir con otros tantos millones de habitantes.
Un país civilizado borra esas rayas porque no hace falta recordar las obligaciones ciudadanas.
Pero una ciudad como la de México que quiere que sus habitantes vivan bajo la armonía de las leyes, no puede al mismo tiempo poner el ejemplo de que hay capitalinos que serán infraccionados por posarse sobre el círculo rojo y otros mexicanos que serán cuidados para que desquicien la circulación de la ciudad.
Es urgente que a Martín Esparza y a su grupo de extrabajadores de Luz y Fuerza del Centro, que todavía le guardan lealtad, les pinten bajo los pies un círculo rojo de advertencia.
Porque la Constitución garantiza tanto el derecho a la libre manifestación, como el derecho al libre tránsito, y las autoridades del Gobierno del DF sólo están preocupadas por justificar a los rijosos en la primera garantía.
Y la respuesta de la policía y de la autoridad política es que ellos están atados de manos ante un conflicto que es de carácter federal. Lo que es totalmente falso, bloquear 10 horas la Avenida de los Insurgentes no es más que una falta de acción local.
De hecho, durante los últimos nueve meses, tras la extinción de Luz y Fuerza, el SME y sus resabios han provocado casi 900 movilizaciones que han implicado la pérdida de millones de horas-hombre y de millones de pesos.
Porque en el ámbito de la competencia federal se han agotado las instancias legales, incluso hasta la más alta esfera que es la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Vamos, ni siquiera Martín Esparza tiene la personalidad jurídica que se pretende adjudicar como dirigente del Sindicato Mexicano de Electricistas. La toma de nota de la mitad de la dirigencia sindical ha caducado y no hay procedimiento más patito que la asamblea donde fue reelecto a mano alzada.
Es una tomada de pelo, como las que montaban en el Zócalo en el conflicto poselectoral del 2006 o como los mejores procedimientos tricolores de antaño.
El círculo rojo es para infraccionar a los automovilistas cautivos. Porque el círculo amarillo de protección de los movimientos rijosos es impenetrable por la justicia.
La primera piedra
Las versiones salen desde lo más íntimo del círculo del poder presidencial. Dicen que la salida de Patricia Flores se debió a que encabezaba el grupo de los duros que aconsejaban al Presidente confrontarse y no negociar.
Es la visión, claro, de los vencedores. Pero como sea, la versión sirve para anticipar que si los moderados son los que ganaron la partida de poder, entonces lo que vienen son los acercamientos, negociaciones y acuerdos con los partidos opositores a su gobierno.
Las dos señales que confirmaron esta posibilidad se dieron casi a la par. Evidentemente que la conformación de la salida de Patricia Flores y la llegada de José Francisco Blake a Gobernación son las más evidentes.
Pero el mensaje previo más poderoso del cambio en la forma de hacer política desde Los Pinos llegó horas antes, cuando el muy influyente y poderoso priísta Manlio Fabio Beltrones acudió a la casa del Presidente.
Y fue justamente él y no Beatriz Paredes. No, el legislador al que así se le reconoce una categoría política importante.
Pero lo que realmente importa, más allá del juego de las señales y los mensajes cifrados de la política, son los resultados.
Porque si iban por la foto, ya la tienen. Manlio ganándose el puesto mayor en las decisiones tricolores y el Presidente demostrando que puede volver a poner la cara negociadora con la que se vendió para ser el dirigente de este país.
Si realmente habrá resultados de esta nueva forma de hacer las cosas, tienen que entregarse rápidamente a una sociedad que ya está cansada de los discursos de todos los partidos políticos.