La crisis del COVID-19 nos ha cambiado a todos. Ha afectado nuestra vida familiar, nuestros hábitos de consumo, nuestra salud mental y desde luego nuestra idea de mundo y manera de enfrentar la vida.

Especialmente los segmentos digitalizados de la población, ahora preferimos ver una película en casa que ir al cine, pedir a través de una aplicación el súper, no dar la mano sino el puñito y besar y abrazar lo menos posible a los humanos que no conviven diariamente en nuestra burbuja. 

En cuanto a nuestra vida laboral, de más está decir que los que no tenemos ocupaciones o profesiones esenciales trabajamos de un modo absolutamente distinto al de hace apenas dos años. Cientos de miles de mexicanos ahora nos ganamos el pan desde la casa y nos hemos ido adaptando, un poco a fuerzas y medio de mala gana, a que nuestro hogar es simultáneamente el espacio donde laboramos y compartimos todo con la familia.

Supongo que como a la mayoría de los humanos me hace ilusión pensar que esta rutina de hacerlo todo a distancia es transitoria y que las oficinas volverán a llenarse y disfrutaremos enormemente de la chamba, el chisme y el coffee break. Sueño con que despediremos al zoom con honores para volver a sentirnos y tocarnos. Me temo que por lo pronto esto no sucederá. 

Vivimos el apogeo de las videoconferencias y los webinars. Vamos a juntas, hacemos presentaciones, damos clases o transmitimos programas de audio o video, presupuestamos, localizamos información, nos reunimos con la familia o investigamos desde el rinconcito que hemos decidido que sea ahora nuestra oficina.

Muchos psicólogos en el mundo se han dedicado durante estos 19 meses a investigar qué sucede en las personas cuando de pronto cambian sus costumbres y todo se vuelve diferente. El problema principal que han encontrado por ahora es que además de la comunicación verbal que se logra a distancia, existe una comunicación no verbal que sólo logramos presencialmente y que nos da información muy importante para un verdadero entendimiento del grupo ante el que estamos hablando.

Existen una serie de señales o claves comunicacionales como los gestos faciales, pequeños movimientos corporales, actitudes, posiciones de piernas y brazos, entre otras, que te permiten leer más fácilmente cómo se está dando la interacción en lo individual o con un grupo. 

Ante este conjunto de reacciones, un conferencista o maestro puede descifrar como va su discurso y si le falta o no energía o si la audiencia está atenta con lo que dice o muy aburrida. Lo no verbal es tan importante como el lenguaje para entendernos. Intentar leer a nuestro auditorio sin estas claves resulta agotador, tanto para el ponente como para los participantes que están ahí para entender. La conclusión a la que llegan los investigadores es que el esfuerzo que hacemos sin el apoyo de la tercera dimensión es enorme y terminamos agotados después de una sesión virtual de este tipo.

De acuerdo con expertos psicolingüistas la comunicación gestual equivale a más de las dos terceras partes de lo que se pretende transmitir oralmente. El trabajo por zoom siempre implica un desgaste psicológico para todos justo por esa carencia de información del entorno.

Seguir el hilo de una videoconferencia implica una mayor atención, más concentración, intentos más precisos para lograr expresar y comprender lo que nos ocupa y también para integrar plenamente la situación emocional que se produce a partir de lo que están diciendo los participantes. Así de difícil es la cosa.

No hemos hablado hasta este momento de la terrible ansiedad que produce en un zoom, entre otras cosas, los silencios que nos vemos obligados a llenar rápidamente para no sentir que está naufragando la reunión. ¡Uy!

Desafortunadamente creo que la comunicación virtual es una música que llegó para quedarse. El coronavirus nos cambió la vida y estamos obligados a adaptarnos para sobrevivir a estos nuevos códigos que nos permiten intercambiar información sin temer contagiarnos. No hay de otra, tenemos que acostumbrarnos a que lo único permanente es el cambio. ¡Afortunadamente!

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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