Desde que Ernesto Zedillo era Presidente y el actual secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, José Ángel Gurría, su Secretario de Hacienda, se acuñó un término que pretendía denotar fortaleza para que no nos volviera a pasar otra crisis encima.

El blindaje financiero se repitió hasta convertirse en lugar común. Era la bandera de un doctor en Economía que gobernaba al país y que centró su mandato en tratar de levantar los pedazos de país que su antecesor y su propia impericia de inicio de gobierno habían dejado regados por todos lados.

Al final, el blindaje le funcionó, demostró que era mejor economista que político porque perdió el poder ante la oposición panista, pero entregó un país que transitó sin la tradicional crisis sexenal.

Las épocas de Vicente Fox fueron también de una enorme pasividad política, pero sin un doctor en Economía en el poder. Lo bueno es que había en la parte financiera un personaje al que se le identificaba con los poderes de un vicepresidente. Y no, ese personaje no era su esposa Marta Sahagún, era su Secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz.

Este funcionario nunca se metió en problemas. Hacia adentro tenía asegurado el poder con una eterna carta de renuncia bajo el brazo y hacia afuera capoteaba a los encolerizados priístas que se empeñaban en sabotear al foxismo.

Por eso, nunca hubo mayores intentos de hacer reformas profundas al sistema fiscal, sólo lo suficiente para nadar de a muertito. Pero eso sí, garantizar que el blindaje financiero alcanzara para transitar sin crisis en el inicio del milenio.

El blindaje fue probado en repetidas ocasiones, tras los atentados del 11 de septiembre y la posterior crisis, la economía entró en recesión, pero las finanzas aguantaron.

Y vino la prueba reina para las finanzas nacionales: el berrinche de Andrés Manuel López Obrador tras perder las elecciones por un escaso margen. La economía aguantó de manera satisfactoria y transitó el poder otra vez sin crisis sexenal.

La crisis que llegó de afuera , como la promocionó el actual gobierno, puso a prueba el blindaje financiero, pero también dejó al descubierto muchas de las fallas que persistían en el esquema de protección interna.

Demostró que un puñado de empresas ambiciosas jugando con coberturas cambiarias pudo poner en jaque la estabilidad del tipo de cambio que lo llevó de 10.50 a 15.50 pesos por dólar en pocos meses.

Era la gran recesión. Era la inesperada quiebra de uno de los grupos financieros aparentemente más resistentes de Estados Unidos. Era la primera vez desde los años 30 que todo el mundo se veía involucrado en una caída de esas dimensiones. Abollado, pero el blindaje aguantó.

Afortunadamente el talentoso secretario de Hacienda, Agustín Carstens, tomó la decisión de reforzar el grosor de la capa protectora de dólares y ya son un par de años desde que se tomó la determinación de romper el récord constantemente de acumulación de reservas.

Y con una infinidad de historias intermedias llegamos a este punto donde otra vez se pone a prueba el blindaje financiero y por partida doble: una interna, con la rispidez política que implica para la oposición negociar con un Secretario de Hacienda con aspiraciones.

Y una parte externa que sí es verdaderamente complicada con países enteros que se acercan a los caminos de quiebra por los que transitó Lehman Brothers y con la economía más grande del mundo a punto de decir que no puede cumplir con sus obligaciones crediticias.

Nada daría más gusto a los opositores que ver entrar al país en una espiral de baja económica, porque eso desacredita a quien maneja las finanzas y que ahora se dice que será sin duda el próximo Presidente de México.

La mezquindad política es un asunto probado en este país y son mayoría los que ponen sus intereses por arriba de los del país.

Esta parte se resuelve, no tan fácilmente, pero sí con el remplazo del manejador de las finanzas para que siga con su campaña política.

La parte más difícil es la externa. La ausencia de reformas básicas como la fiscal o la política hacen de México un dinosaurio de reacciones lentas ante los embates externos.

Es posible anticipar que en los meses por venir el famoso y cacareado blindaje financiero estará a prueba y con embates fuertes. Llegarán los retos lo mismo de Europa que de la frontera norte.

Y lo peor, habrá obuses que serán disparados desde dentro que habrá que sumar a los que lleguen desde el exterior de nuestra propia trinchera nacional.