En Netflix se puede ver la serie británica “How to become a Tyrant” que en español se titula “Como se convirtieron en tiranos”. A lo largo de seis capítulos, el documental explora los métodos que emplearon gobernantes para forjar el poder absoluto y llegar a ser tiranos, transformando a la sociedad a su gusto. Plantea una especie de manual a seguir para explicar cómo obtener y mantener ese poderío. La narrativa es entretenida con el típico sarcasmo británico.

Cada capítulo analiza a un tirano de la historia para demostrar los pasos seguidos para llegar a detentar un poder absolutista y tiránico. La secuencia es la siguiente: Capítulo 1, “Conquistar el poder” (Adolfo Hitler); capítulo 2, “Acabar con tus rivales” (Sadam Hussein); capítulo 3, “Gobernar mediante el miedo” (Idi Amin); capítulo 4, “Controlar la verdad” (Stalin); capítulo 5, “Crear una sociedad nueva” (Muamar Gadafi) y capítulo 6, “Gobernar para siempre” (dinastía Kim, Corea del Norte).

Había una vez un país no tan lejano, donde su gobernante se inspiró en este ABC para llegar al poder omniabarcante. Primero llegó al poder (como Hitler) mediante una campaña populista y el triunfo de una elección. Luego decidió aplastar a los que llamó sus adversarios, utilizando al poder judicial a modo, a pesar de la separación de poderes. Emprendió obras faraónicas, inviables, caprichosas y costosas al igual que Gadafi con su proyecto de traer agua al desierto. Ejerció control sobre las instancias legislativas y minó a los órganos autónomos. Como Hitler y Amin que se empeñaron en un enemigo interno al que había que aniquilar (los judíos en un caso, la población de la India en el otro), este gobernante la emprendió contra los “conservadores”, la clase media y sus adversarios políticos. 

Al igual que los personajes reseñados en Netflix, gobierna infundiendo miedo con amenazas. Como todos ellos, armó una campaña contra la prensa, descalificando a los que se expresan en forma diferente a su credo. Estructuró –como ellos– campañas de propaganda populista y tendenciosa para pontificar su particular evangelio. Como Amin, Stalin y los Kim, escondió la pobreza del pueblo que él mismo fue creando. Sobre todo, al igual que Stalin, busca controlar la verdad e imponer una “verdad” paralela que sólo existe en su mente con supuestos otros datos.

Igual que el discurso de Hitler, Gadafi y Stalin, promete la creación de una nueva sociedad superior sustentada en derribar todo el pasado y jura la transformación a algo “mejor”, pero carente de realidades tangibles. Finalmente, para asegurar su permanencia en el poder, se empeña en imponer a su sucesor. Quisiera ser como los Kim. Tristemente, todos estos tiranos fueron genocidas.

Si bien este gobernante no ha alcanzado las perversidades de estos siniestros tiranos de la serie televisiva, poco a poco ha logrado generar un grave retroceso político, económico y social que ha aumentado la pobreza. Ello revela que sigue el método y la ruta hacía un poder despótico, antidemocrático y unipersonal. Cualquier semejanza de este personaje con nuestra realidad es mera coincidencia, ¿O no?

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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