Lectura 6:00 min
El Nacho y la Cruzada contra el hambre
Este jornalero del Valle del Mezquital sólo logra llevar a su casa 200 pesos a la semana; pero asegura que sus hijos viven mejor que él cuando era niño
Santa María Amealco, Chapantongo, Hgo.- Arriba del marco de la puerta del cuarto de piedra y piedra donde vive El Nacho, o uno de Los Tecolotes como aquí le llaman los vecinos, hay una placa que dice En mi hogar hay piso firme , junto al emblema de Vivir Mejor utilizado por el gobierno del expresidente Felipe Calderón en sus programas sociales.
El letrerito está justo junto a una silueta que dejó una herradura de caballo que había puesto para la buena suerte y que se le perdió algún día, igual que la esperanza de avanzar en la escala social por vivir en la pobreza y con pocas posibilidades de superarse.
Ese cuarto, donde las tejas puestas hace más de 50 años amenazan con soltarse de los seis troncos que fungen como vigas en el techo, hay dos camas, o lo que queda de ellas y un colchón pegado a la pared, camuflajeado entre los tonos ocres de los muros encalados que acusan como se trasmina el agua cuando llueve.
Entre los muros y las tejas los agujeros dejan pasar la luz del día, pero en la noche en viento, el frío que, según dice, cala hasta los huesos .
Pero ese pequeño espacio de unos tres metros de largo por casi cuatro de ancho es un ejemplo de lo que los sociólogos llaman cuarto redondo : en la noche es la recámara y en la mañana estancia, sala y cocina, aunque no hay ningún mueble que indique eso, salvo la base de tabiques rojos de lo que fue el fogón en donde algún día echaba tordillas doña Lupe, su señora Madre para dar de comer a don Lucio, su padre, a él y a sus 13 hermanos, que nacieron y también vivieron en este mismo espacio.
Sus padres fallecieron; sus hermanas se casaron y él se quedó con la casa que además de ese cuarto de piedras boludas de alma azul y cáscara roja y sin ningún tipo de castillos o mampostería, tiene una cocina donde no cabría un comedor de cuatro sillas y donde ni él ni su esposa pueden permanecer de pie porque topan con las láminas del techo.
¿Y la cruzada contra el hambre?
Al preguntarle si se enteró que el gobierno federal puso en marcha una Cruzada Nacional Contra el hambre, suelta una risita socarrona y dice: pus si ni televisión o radio tengo .
Y tira contra el suelo un pedazo de paja con el jugueteaba entre los bigotes disparejos. Luego agrega esos nada más dicen y ni ayudan .
El Nacho o Ignacio Artega López, que es su nombre es parte de la tercera generación de una familia que en 1918, fue beneficiada con una parcela luego de que se entregaron las tierras de la Hacienda de El Marqués.
Su abuelo al que le sobrevivieron 6 hijos hasta la edad adulta, heredó las tierras a uno de sus tíos y a su Papá no le toco nada.
Por eso su padre, cómo él, tuvo que trabajar como peón en las parcelas ajenas.
Sin embargo su padre se hizo de un pedazo de solar de tres cuartos de hectárea en El Tesdá, un paraje cercano a su casa.
Don Lucio las trabajó aunque generalmente no levantaba nada porque no hay riego , pero ahora El Nacho da los tres cuartos de hectárea a medias porque para sembrarlas hace falta yunta y él solo tiene un caballo y no tiene el ajuar para jalar el arado con el que tampoco cuenta.
Y como en este pueblo lo que más escasea es el trabajo, cuando tiene suerte lo alquilen dos días a la semana en alguna chamba. Cada jornada le pagan 100 pesos o 120 si tiene que llevar itacate.
Su esposa María de Jesús de 23 años, colabora con los gastos pues a veces le dan chamba de sirvienta por cuatrocientos pesos a la semana.
Con eso se mantienen los dos y sus dos pequeñas hijas Isabel, de 5 y Areli, de dos años de edad.
Aunque hay una tienda Conasupo en el centro del pueblo, dice que no pueden comprar ahí porque no tienen tarjeta y si bien hay una clínica el dotor sólo está por horas. Pero como ya hay el Seguro Popular tiene la opción de ir a Huichapan, que está como a 20 kilómetros de distancia.
Dice que a él lo que le hace falta es trabajo porque así podría dar de comer a su familia, aunque, eso sí, recalca, no le alcanzaría para más, como alcanzar el sueño de tener un cuarto de tabique techado, aunque sea de lámina para que no se pase el frío en la noche. Yo lo que quisiera es que ojalá me ayudaran a techar mi paredón, aunque sea eso nomás .
Aún en esas circunstancias dice que sus hijos tienen una mejor vida que la que él y sus hermanos tuvieron. ¡No, antes estaba más cabrón!, Traíamos un cacho de zapato en una pata y en la otra no .
Dice que por falta de dinero sólo estudió hasta tercero de primaria. Pero quiere que sus hijas vayan a la escuela, aunque no sabe cómo le va a hacer para los útiles y lo que pidan .
Y de los programas del gobierno confía que a lo mejor sí, algún día llegue al pueblo, como llegó lo del piso firme el sexenio pasado, aunque dice que desconfía de los extraños que dicen que ofrecen algún programa porque un día llegaron unas gentes al brincadero que sirve de puerta a su vecino diciendo que querían ver a Don Jorge Jiménez porque estaba en la lista de beneficiados de una ayuda del gobierno . Su hijo, El Félix, corrió a avisarle. Aquel salió apresurado y cuando los visitantes, que en realidad eran unos judiciales, lo tuvieron cerca, le pusieron la pistola en la sien y se lo llevaron detenido para Huichapan .