Hace unos días, un exfuncionario hacendario comentaba que ésta es una época cómoda para el Banco de México (Banxico), ya que nadie está exigiendo bajar las tasas para impulsar el crecimiento, por lo que las mantiene altas, aunque la inflación está controlada. Eso mantiene el tipo de cambio controlado a un costo alto para la economía. Seguramente hacía referencia a años anteriores, donde desde Hacienda, debajo del agua, se presionaba al banco para reducir la tasa. Eso mismo opina Alejandro Werner, quien preside el Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, y que sugiere, un poco entre líneas, que una vez que el tratado comercial de América del Norte es un hecho y la relación deuda-PIB tiene una trayectoria descendente, la tasa de interés mexicana tendría que bajar. Es decir, sin grandes riesgos de choques externos y con un gobierno fiscalmente disciplinado, en un escenario global recesivo, la exigencia al banco tendría que ser bajar las tasas de interés a mayor velocidad. Sobra decir que la política monetaria no responde ni a verdades absolutas ni a lo que puede pensar un grupo de expertos, sino que la mejor decisión está en la discusión amplia de lo que es mejor para la economía desde varias perspectivas, con datos y puntos de referencia claros. En este caso, la demanda por aumentar la velocidad de la reducción de tasas es razonable.

Actualmente, el gobierno de la República no se ha pronunciado por que el Banxico reduzca sus tasas, algo que, por cierto, han hecho los vicegobernadores propuestos por el presidente López Obrador.

Lo anterior es entendible como un acto de prudencia por parte de un gobierno que manda señales de estabilidad a los actores económicos. Pero un pronunciamiento en favor de que el Banxico reduzca la tasa no vulneraría su autonomía; al final será la Junta de Gobierno la que tome la decisión, pero sí podría generar un debate sobre la idea de que México no necesita de tasas tan altas para mantener la estabilidad, pero sí requiere bajarlas para promover el crecimiento. Es también necesario regresar al debate la propuesta del doble mandato, de conservar la estabilidad de precios, pero impulsar el crecimiento, como objetivos del Banxico, como sucede con el banco central de EU. De ser así, no estaríamos en una situación como la actual, en la que las altas tasas no ayudan a que la economía crezca. Pero hoy, como el banco no rinde cuentas, muy pocas veces los miembros de la junta comparecen ante representantes electos, de vez en vez ante en el Senado, nunca ante los diputados: no ofrecen explicaciones sobre sus decisiones y sus consecuencias. Por ejemplo, el hecho de haber sobredimensionado los riesgos inflacionarios del aumento al salario mínimo llevó a una reducción de la tasa menor a la esperada y, entonces, a menos crecimiento.

El punto es que, ante una inflación baja, tipo de cambio estable, disciplina fiscal y reducción de los factores de riesgo, la exigencia razonable al Banco de México es dejar de jugar en su zona confortable e implementar acciones encaminadas a bajar las tasas a mayor ritmo.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.