Los límites entre la salud y lo que subjetivamente consideramos bello son difusos. Cada vez en mayor medida, los propósitos estéticos son enmascarados con objetivos de salud, en muchas ocasiones, en detrimento de ésta. Se le llama medicalización al proceso en el que situaciones de la vida que anteriormente no se incluían en el ámbito de la medicina, poco a poco, se fueron considerando campo de su injerencia. Uno de los efectos de la medicalización es considerar como patología o enfermedad situaciones y condiciones que anteriormente no lo eran. Un ejemplo de esto es la obsesión por el cuerpo, el fitness y la alimentación sana bajo pretexto de mejorar la salud, cuando en realidad la causa y motivación principal de ello es la búsqueda de un cuerpo bajo ciertos estándares estéticos y la aceptación social que esto conlleva.

Pero antes de que existiera este culto y obsesión por la cultura del llamado wellness, existieron otros ejemplos de la medicalización de la belleza. Por ejemplo, la invención de la celulitis. Según la investigadora Rosella Ghighi, la palabra celulitis en el ámbito de la medicina fue usada por primera vez por médicos franceses para referirse a una condición de inflamación de las células por alguna enfermedad. Después, fue retomada por la revista Vogue para describir lo que hoy conocemos como celulitis o pequeños hoyuelos visibles en la piel, que es una condición relacionada principalmente con las mujeres. No es curiosidad en qué época y momento apareció el término: justo después de las guerras mundiales, durante el periodo en el que la participación de la mujer en la vida pública y laboral se hizo necesaria para remontar las crisis económicas. El hecho de tener mayor presencia pública atrajo también el ojo público sobre el cuerpo y la estética de las mujeres, por lo tanto, sobre cómo deberían lucir. La celulitis no es una condición patológica ni una enfermedad. Es un aspecto puramente estético inventado como algo indeseable a partir de esos años, cuando en el fondo es una condición que 90% de las mujeres tiene. Entonces, desde tratamientos estéticos a tratamientos médicos dermatológicos se dedican a intentar resolver una condición que por sí misma no es una enfermedad ni una anomalía. La idea que socialmente es compartida es que un cuerpo con celulitis no es un cuerpo de portada de revista.

Además, consejos médicos y estéticos para evitar la celulitis son el foco del discurso de muchas publicaciones: desde los alimentos que hay que evitar para erradicarla, hasta los ejercicios y la disciplina que las mujeres deben tener para que no aparezca. Pareciera que entonces el mito de la belleza de la mujer sin celulitis es el resultado de un régimen social en el que ella con responsabilidad, esfuerzo y disciplina evita la acumulación de grasa, evita ser obesa, por lo tanto, la celulitis. La celulitis ha estado entonces relacionada con el peso, la grasa y con un control de sí misma para que no aparezca nunca. Sin embargo, es una realidad que es una condición no necesariamente relacionada con la obesidad. Como es una condición del tejido adiposo, las personas la vinculan a una desviación de la corpulencia.

Este ejemplo de cómo un concepto ha evolucionado hasta ser medicalizado cuestiona a investigadores sobre los límites y alcances de la medicalización de condiciones que vinculan irremediablemente al peso, la obesidad y la corpulencia.

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