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Educación, más importante que Iberdrola
Maestro en el arte de la distracción, el presidente López dedica sus mañaneras casi en su totalidad a dar información chatarra, es decir, sin ningún fundamento, poblada de mentiras, omisiones y advertencias. El resto lo hacen los medios y los políticos también metidos, en buena medida, al debate chatarra. Esto ha provocado que temas fundamentales no se traten en las conferencias y, por lo tanto, los medios y la clase política los ignoran o no les dan la importancia debida. Uno de ellos es el del estado de la educación en general y el de la pública en particular.
Es verdad que la meta de alcanzar una educación de calidad, que cuente con mecanismos que propendan a eliminar o disminuir la discriminación y abarque al mayor número de personas es una asignatura pendiente desde hace mucho tiempo. La mayoría de los gobiernos prefirieron llegar a acuerdos con las organizaciones sindicales e hicieron poco por alcanzar mejores niveles educativos. Salinas, Fox, Calderón y ahora López prefirieron llevar la fiesta en paz, pase lo que pase con la educación.
La reforma educativa de Peña fue una medida laboral que afectaba el poder de las organizaciones sindicales de la educación. No es extraño que se haya montado una fuerte oposición a ella. En el actual sexenio, López Obrador presume que se ha acabado con la insurgencia magisterial, lo cual es parcialmente cierto. Pero ¿cuál ha sido el costo?
La política educativa del actual régimen se basa en becas para estudiantes y otorgamiento de recursos para organizaciones de padres de familia que definen en qué obras se gastarán. Más allá de la opacidad en la que se reparten los recursos, lo cual en sí mismo es grave, los resultados están a la vista: un descuido absoluto de la calidad educativa, la capacitación de maestros o la infraestructura educativa. La pandemia emporó la situación que ya se tenía. Organizaciones como la OCDE, el Banco Mundial (BM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), señalan que el COVID significó un retraso de entre dos y cuatro años.
Cuando se terminó la cuarentena urgía cuantificar los daños: deserción, retraso escolar calidad de la infraestructura, etc. No se hizo. AMLO viene repitiendo su desprecio hacia la educación desde el inicio de su sexenio. Ahora, las cosas probablemente se pondrán peor y no lo sabremos gracias a una decisión del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
El pasado lunes 10 de abril, el Diario Oficial de la Federación (DOF) publicó un decreto del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) que señala: “Único.- Se revoca la determinación como Información de Interés Nacional a la Información Estadística del Sistema de Información y Gestión Educativa en términos de lo establecido por la Ley del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, lo anterior de conformidad con la justificación presentada por la Secretaría de Educación Pública ante el Comité Ejecutivo del Subsistema Nacional de Información Demográfica y Social.” (Negritas mías).
El Sistema de Información y Gestión Educativa (SIGED) es una base de datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que contiene información sobre alumnos, docentes, documentos y escuelas.
Esto significará que, a petición de la SEP, la información sobre aprovechamiento escolar, matrícula, deserción escolar, nivel docente, y estado de la infraestructura física educativa, etc., dejará de ser considerada de “interés nacional”. Por supuesto, hay una intención de ocultar la situación de la educación y la falta de resultados de la actual administración. Hay que prepararse para el maquillaje de las cifras.