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Ebrard: Caballo de Troya
An idiot with a plan can beat a genius without a plan”.
Warren Buffet
Las campañas anticipadas de las corcholatas de Morena violan flagrantemente la ley, y si en este país existiera algo semejante al Estado de Derecho, a todas se les debería negar la candidatura presidencial llegado el momento. Pero saben, y sabemos, que eso no va a pasar. Ya muchos columnistas y expertos en materia electoral han analizado el tema, por lo que no me detendré en los aspectos jurídicos de las resoluciones adoptadas por Morena el domingo pasado. Haré algo que las dirigencias de los partidos de oposición no hacen, o si lo hacen, probablemente sean parte de la puesta en escena a cambio de impunidad y algunas migajas: revisaré el tablero, la función y posición de cada ficha, y trataré de predecir los movimientos del adversario.
López Obrador logró derrotar a la partidocracia porque siempre actuó con una lógica incomprensible para las dirigencias partidistas, que siguen sin entenderla. La clase política tradicional buscaba el poder para enriquecerse. López Obrador, por el contrario, ordeñaba los estados y municipios gobernados por sus leales para financiar al “movimiento”; es decir, su obsesión por alcanzar el poder. Los políticos tradicionales quieren dinero; López Obrador necesita el poder tanto como necesita el aire… y no lo va a soltar. La supuesta competencia entre sus corcholatas es una pantomima para distraerlas, distraernos y dividirnos. Todos sabemos que será su dedo el que elija al candidato de Morena. Muchos sospechamos que su único criterio de selección será la posibilidad de controlar a su sucesor y mantener el poder detrás del trono. Calles fue muy exitoso al hacerlo. López Obrador está confiado en poder lograrlo.
Mientras la oposición sigue en sus jueguitos para ver cuál de sus cartuchos quemados es el más bonito, López Obrador ya lanzó a sus corcholatas a matarse entre sí (y probablemente hay por ahí guardada una nuevecita: Andy), con el objetivo de calar lealtades y compromisos, por un lado, y muy seguramente forzar una o dos rupturas que le permitan dividir a la oposición, por el otro. Se equivocan aquellos que piensen que las posibles deserciones del “movimiento” debilitarán a López Obrador. Toda la maquinaria electoral, sus Siervos de la Nación y los programas clientelares y de compra del voto son directamente controlados por él. Ante este escenario, una eventual ruptura de Ebrard o Monreal a quien dividirá es a la oposición, no al obradorato.
Una vez anunciadas las renuncias de Ebrard y Sheimbaum a sus cargos públicos para dedicarse por entero a sus respectivas campañas, entre los ciudadanos que opinamos que el gobierno de López Obrador ha sido un desastre empezó a verse con esperanza la posibilidad de que Ebrard fuese el candidato de Morena. El argumento es preocupantemente simple -y peligroso-: no es un radical. Me parece que también hay algo de racismo en esa simpatía que sectores de la clase media manifiestan frente a Ebrard, y esto es también muy peligroso para la oposición.
Imagine usted que los partidos de oposición siguen jugando a que les importan los ciudadanos mientras deciden qué pedazo de pastel le tocaría a cada uno, y, antes de los tiempos establecidos por la ley (por esto adelantó López Obrador la sucesión), se da la gran “ruptura” en Morena, y el esquirol de Dante Delgado de Movimiento Ciudadano le ofrece a Ebrard la candidatura presidencial y a Monreal la de la Ciudad de México. Algunos ciudadanos comprarían la idea de que todo esto le pega a López Obrador, mientras éste, Dante, Monreal y Ebrard desayunan tamalitos de chipilín y revisan encuestas: Ebrard no gana, pero le quita la mitad de los votos a la Alianza (PRI, PAN, PRD); Monreal gana la CDMX; Dante y su partido alcanzan el mismo tamaño que el PAN, y las prerrogativas que eso conlleva. Mientras tanto, Creel habla de conciliación; Germán Martínez dice que rebasará a Morena por la izquierda, y Lily Téllez afirma, contundente, que meterá a la cárcel a López Obrador.
O la Alianza hace elecciones primarias con ciudadanos que no sean cartuchos quemados, o la presidencial del 2024 estará cantada.
@gsoriag

