Muchos empresarios se preguntan por qué el gobierno mexicano ha iniciado el año complicando su relación con Estados Unidos con la controversial decisión del gobierno de relevar toda la información entregada por Estados Unidos en el caso Cienfuegos y que México desestimó por insuficiente. El equipo de Joe Biden tiene motivos para preguntarse si el gobierno mexicano será un aliado confiable para resolver problemas comunes, impulsar iniciativas internacionales y construir un “vecindario” próspero y seguro en Norteamérica.

Por lo menos hay tres retos en la relación bilateral

1.- Energía y represalias comerciales: la agenda energética de México y Estados Unidos se encuentra en ruta de colisión. La visión del gobierno de Biden plantea compromisos de cambio climático y desarrollo de energías limpias con los que el gobierno de México no se identifica. El nombramiento de John Kerry, exsecretario de Estado de Barack Obama, como enviado especial para temas de cambio climático, demuestra el papel central que juega la agenda medioambiental en el proyecto del gobierno de Biden.

Las redefiniciones regulatorias de México afectan la rentabilidad y viabilidad de inversiones en energía de empresas de Estados Unidos. Más aún, la inusual carta de tres secretarios de Estados Unidos (Estado, Energía y Comercio) argumenta estos proyectos han sido financiados con recursos públicos del Nadbank, IFDC y el Export-Import Bank. 

Para complicar las cosas, el diferendo no se quedará en el terreno energético. La secretaria de Economía, Tatiana Clouthier, declaró a Reuters que México podría responder a presiones de EU con barreras a productos agrícolas estadounidenses. Muchas empresas se verían afectadas por una escalada de represalias mutuas. 

2.- Colaboración en seguridad: tres decisiones del gobierno mexicano dinamitarán la confianza que se requiere en materia de colaboración: (a) las nuevas restricciones a la operación de agentes de agencias de inteligencia de Estadios Unidos en México; (b) el ofrecimiento de asilo a Julián Assange, requerido por las autoridades de Estados Unidos por exponer información sensible, (c) la exoneración del General Cienfuegos por falta de pruebas, y (d) la exhibición de los documentos y pruebas que el gobierno de Estados Unidos entregó a México para procesar a Cienfuegos que, desde el punto de vista de EU, sólo busca ridiculizar a Washington.

El Departamento de Justicia y expresó su desilusión por la exoneración, se reservó el derecho de reactivar el proceso en contra del General Cienfuegos y acusó a México de violar el acuerdo de cooperación bilateral al dar a conocer información confidencial.   

3.- Gobierno proTrump: un reto mayor es superar la impresión que tiene el equipo cercano a Joe Biden de que el López Obrador apostó por la continuidad del gobierno de Trump. Juan S. González, responsable para el Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional, criticó en su cuenta de twitter la visita del Presidente López Obrador a Washington por considerarla un espaldarazo a Trump (“AMLO clearly stumping for Trump”, tuiteó González). Si a esto se suma la tardanza de México en felicitar a Biden, se requerirá de mucho esfuerzo para establecer una buena relación de confianza.

Estos tres temas controversiales provienen de decisiones conscientes, deliberadas, y en algunos casos innecesarias, del gobierno mexicano. Es difícil pensar que todas sean producto de la causalidad u ocurrencia. Quizá sea producto de la visión parroquial, localista, del Presidente López Obrador y su deseo de cortejar a sus simpatizantes o a una estrategia de elevar costos al gobierno de Biden ante futuros desencuentros. 

Sin duda, México y Estados Unidos encontrarán un entendimiento. No obstante, mientras las cosas se acomodan, las empresas mexicanas harán bien en incluir, o elevar la importancia en su matriz de riesgos, la salud de la relación México-Estados Unidos porque podrían venir meses turbulentos. 

*El autor es director de OCA Reputación.