Conforme se acerca lo que se conoce coloquialmente como cambio de gobierno y con ello el inicio del periodo presidencial de Enrique Peña Nieto, se produce un vacío de poder alarmante que resulta, desgraciadamente, en incremento de la delincuencia, la violencia y la descomposición de las instituciones nacionales. Así, 12 años de administración caracterizados por la ausencia de un proyecto político para la construcción de un Estado moderno que permitiera la transformación de la sociedad mexicana, evolucionando hacia mejores condiciones de vida no sólo en el plano económico, sino, y sobre todo, en los aspectos culturales y sociales, que hubieran permitido disminuir la brecha que separa a los que menos tienen de los que con abundancia y ostentación disfrutan de la riqueza de este país, se reflejan en una nación en retroceso y graves rezagos en sectores fundamentales para el desarrollo de un país.

El panismo fue incapaz de construir nuevas instituciones; utilizó, en cambio, las que desde la cómoda oposición criticó desde su creación y no sólo no las mejoró, sino que, incapaz de entender las complejas relaciones políticas que son indispensables para realizar un gobierno eficaz, eficiente y promotor del desarrollo, prácticamente destruyó el sistema de pesos y contrapesos construido paciente y laboriosamente durante más de siete décadas sin sustituirlos en forma alguna.

Por otra parte, el panismo cerró las puertas a grupos o profesionistas que con ánimo de colaborar por el bien del país intentaron integrarse a la administración pública federal en puestos relevantes en los que podían servir con eficiencia y patriotismo. Su vinculación al PRI, aun sin militancia, o su formación profesional en la Universidad Nacional Autónoma de México bastaron para ser bloqueados por grupos de funcionarios clasemedieros aspiracionales que preferían o exigían adherentes o militantes panistas distinguidos por su falta de oficio político, por decir lo menos. Hubo, por supuesto, honrosas excepciones y no pocas, por cierto; sin embargo, no bastaron para evitar el asomo del oscurantismo.

Paradojas de la política: lo mejor del panismo se está mostrando durante el periodo de transición en el que la civilidad y la disposición están por encima de intereses individuales, por lo menos hasta el momento.

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