B quería hacer una denuncia. Acababa de ser golpeada por su expareja frente a su hija de dos años. El ministerio público le dijo: “Mejor no denuncie. Mire, si por nada le pegó, ahora que denuncie se va a enojar y la puede matar. Ya ve a cuántas mujeres están matando ahora”.

D llamó al 911 después de que su pareja la agarrara a patadas, 25 minutos más tarde llegó un policía, que le dijo: “No se ve muy ensangrentada, no creo que proceda”. Al llegar al ministerio público, quien le tomaba la denuncia preguntó: “Pero es tu pareja, ¿no? Tú lo amas. Entonces, ¿para qué lo quieres denunciar?”.

“Me hizo quitarme el brasier, me quería agarrar las boobies, me agarró la nalga”, recuerdos de su visita con el médico legista. “Ven para que te entrevisten los psicólogos, pero ahorita no tienen tiempo, regresa en dos meses”, la respuesta en la fiscalía.

La hija de M fue asesinada, la procuraduría ignoró los restos de sangre encontrados en distintos lugares de la casa, aseguró que la violencia que vivía y que estaba menstruando eran razones para deprimirse y quitarse la vida, porque hubiera bastado con la voluntad de ponerse de pie para que no terminara ahorcada.

En menos de un mes, tres mujeres denunciaron abuso sexual por parte de policías, la tercera, una joven menor de edad. El secretario de Seguridad Ciudadana salió a hablar de que no violarían derechos laborales. Filtraron datos personales de la menor, las autoridades se contradijeron, la procuraduría filtró a un medio de comunicación los videos que obtuvo de cámaras privadas para limpiarle la cara a los policías, una reportera obtuvo acceso a la carpeta de investigación y con ella a los resultados de los exámenes toxicológicos que le hicieron a la menor. Si resulta ser que los policías no la violaron, sí lo hizo el resto del sistema.

Las protestas de la semana pasada no pueden medirse con la misma vara con la que se miden otras en la ciudad. En ésta, no podía haber policías, y esa fue una decisión acertada por parte del gobierno de CDMX, buscar que mujeres policía evitaran el daño en la estación de la calle Florencia fue utilizarlas como carne de cañón. Ellas también son víctimas. ¿Cómo contener? La respuesta no es sencilla.

No se equivoquen, ésta no es una ciudad con un gobierno nuevo. Aquí la izquierda lleva muchos años en el poder. Que se peleen entre ellos y cambien de nombre es otra historia. Hay un tipo de violencia que es altamente redituable para algunos grupos de poder, y el acto cobarde en contra de Juan Manuel Jiménez fue uno de ellos, perpetrado, por cierto, por hombres. Lo demás es diamantina.

Si fueras B, D o M y tuvieras un aerosol en la mano, ¿qué pintarías?

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.