Este 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, una iniciativa de la Federación Internacional de la Diabetes con el fin de concientizar sobre lo que representa esta enfermedad como asunto prioritario de la salud pública en el mundo y en México.

El tema elegido para este año es “Diabetes y mujeres”, para señalar que las ideologías de género y de inequidad pueden impactar sobre la prevalencia de la diabetes en la cuestión del acceso inequitativo a servicios de salud, pero también del acceso inequitativo a las condiciones de vida que pueden prevenir la enfermedad aunque se cuente con una carga genética que predisponga a tenerla.

La cuestión con los grupos que pueden tener menos acceso a oportunidades tiene un componente ideológico y, en consecuencia, no sólo es el acceso inequitativo a éstas, sino también a condiciones de vida que aseguren la calidad de todos los indicadores que permiten tener una mejor salud.

Un hecho que recientemente ha llamado la atención es que investigadores han puesto el foco sobre la estigmatización que el hecho de ser diabético puede conllevar para muchas personas, especialmente para mujeres. Independientemente de que existen varios tipos de diabetes, muchas personas con la enfermedad en los tiempos recientes han expresado la discriminación de la que pueden ser objeto para encontrar un trabajo, o simplemente a la vista de las demás personas.

Como parte de la prevención de esta enfermedad, se ha alertado a la población de numerosas formas de los riesgos que conlleva el no tener una alimentación saludable, la falta de actividad física, el tabaquismo y el tener sobrepeso u obesidad como factores que predisponen hacia la enfermedad. La influencia de estos factores es indiscutible; sin embargo, el enfoque de formulación de la prevención del riesgo muchas veces resulta moralizador e inadecuado, sobre todo cuando precisamente este tipo de “faltas” se les achaca a las personas con la enfermedad. Se considera la diabetes como un problema de salud pública y, sin embargo, se culpa y se responsabiliza exclusivamente al individuo de tener o no la enfermedad. Se dice que las personas con diabetes representan un gasto para el Estado y, sin embargo, el Estado no se responsabiliza por la parte que le corresponde en asegurar la calidad de vida que permita el acceso a mejores condiciones para prevenir la enfermedad.

Cuando esta señalización se hace evidente, según estudios de investigadores, se ha observado que la culpa recae de forma aún más recalcitrante sobre las mujeres, puesto que en un modelo tradicional las mujeres son quienes supuestamente son las principales cuidadoras de la salud de una familia. Por lo tanto, si una mujer tiene diabetes (no importa si es tipo 1, 2 o gestacional, con la multiplicidad de causas que eso implica), la carga moral que eso conlleva sobre su papel como responsable es fuerte y considerada como un fracaso. Si bien la enfermedad tiene su correlación con el estilo de vida, debemos empezar a considerar que un problema de salud pública no se resuelve culpabilizando ni responsabilizando totalmente al individuo. Por ello, es importante y sumamente necesario voltear a ver cuáles son las condiciones sociales -y en este caso también ideológicas- que están propiciando que este tipo de problemas sean hoy una preocupación pública.

Twitter: @Lillie_ML