Habéis destruido lo que era único en el mundo y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes”.

Carlos V

El 3 de enero de 2019 se anunció la suspensión de lo que sería el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Unos meses después se inició el desmantelamiento de sus instalaciones. El gobierno optó por iniciar la construcción de otro aeropuerto, el de Santa Lucía, que no cuenta hasta la fecha con las autorizaciones necesarias para la operación de vuelos internacionales.

La destrucción a lo largo de la historia ha sido un tema recurrente. Ciudades, templos, construcciones, libros y obras de arte, han sido devastados por diferentes motivos. Muchas veces, el origen de la destrucción se encuentra en motivos ideológicos y en la cerrazón ante las ideas que provienen del “contrario”. Otras veces, se considera que para construir es necesario primero destruir, por lo que se arruinan obras valiosas con la intención de hacer algo mejor, pero cuando la idea es deficiente, la planeación es inadecuada o la implementación no se realiza por expertos, el resultado es mediocre e incluso contraproducente. También existen casos donde el saqueo y la rapiña son las causas de estrago y otros, donde el descuido irresponsable provoca tal deterioro, que las obras se van desintegrando poco a poco.

La ciudad de Alejandría fue fundada por Alejandro Magno en el año 331 a.c. y se convirtió rápidamente en una de las principales ciudades del Mediterráneo. Contaba con una magnífica localización para el comercio del Mediterráneo y del Mar Rojo. Fue la capital de Egipto desde el reinado de Ptolomeo I, cuya dinastía sobrevivió hasta la muerte de Cleopatra en el año 30 a.c. La ciudad se hizo famosa por su faro, que además del valor práctico para los navegantes de la época, era considerado como una de las Siete Maravillas del mundo antiguo. Su famosa biblioteca, que almacenaba más de medio millón de manuscritos, contribuyó a que la ciudad se convirtiera en el centro cultural y sede de estudio e investigación, donde eruditos de las épocas grecorromana y cristiana, encontraron el lugar propicio para el desarrollo del conocimiento.

Aun cuando hay varias explicaciones sobre la desaparición de su biblioteca, tal vez la versión histórica más documentada fue la ocurrida el año 641 d.c., cuando la ciudad fue conquistada por los musulmanes. Se dice que el Califa, líder religioso de los conquistadores, prohibió la lectura de las obras literarias de la biblioteca, diciendo: “Si el contenido de sus obras está de acuerdo con la doctrina del Corán, entonces estas son inútiles y si tienen algo en contra de dicha doctrina, deben destruirse”. Aparentemente, así se hizo; la famosa biblioteca fue destruida en un incendio, lo que provocó la pérdida de un patrimonio cultural irremplazable.

La ciudad de Constantinopla (también conocida como Bizancio en la antigüedad y Estambul en la actualidad) fue fundada en el año 330 d.c. por el emperador Constantino el Grande, quien fue el primer emperador cristiano en el Imperio Romano. En el año 532, el emperador Justiniano construyó la Basílica de Santa Sofía (Hagia Sofía), lo que afianzó a la ciudad como sede de la Iglesia Ortodoxa Cristiana. Ante el avance del Imperio Otomano, el emperador Alejo le pidió apoyo al Papa Urbano II en el año de 1081, quien aceptó a pesar del distanciamiento de las dos vertientes del cristianismo; la rama occidental (católica) y la rama oriental (ortodoxa). El Papa impulsó a los principados y reinos de Europa Occidental a que apoyaran al Imperio Bizantino. Así fue como iniciaron las Cruzadas, una serie de luchas sangrientas que duraron dos siglos y que tenían como objetivo frenar el avance del islam.

Sin embargo, la lucha se desvió de su objetivo, los ejércitos cruzados arrasaron con muchas poblaciones que nada tenían que ver con el islam. Durante la Cuarta Cruzada (1202-1204), los cruzados, apoyados por los venecianos, que se ocupaban de transportar a las tropas en sus barcos, conquistaron y saquearon la ciudad que habían prometido defender. Constantinopla vivió la destrucción de palacios, mansiones, bibliotecas, iglesias y monasterios. Hasta la Basílica de Santa Sofía fue dañada. Varias de las esculturas de la ciudad fueron transportadas a la Plaza San Marcos en Venecia. La destrucción de buena parte de la ciudad iba totalmente en contra del espíritu de las Cruzadas; su único propósito fue el saqueo para satisfacer la ambición de sus atacantes.

El esplendor de la ciudad de Córdoba empezó después de la caída del califato Umayyad en Damasco en el año 750, cuando Abd al-Rahman (Abderraman I) escapó de la masacre de su familia y huyó a España, donde formó un nuevo califato. Los árabes habían conquistado Córdoba unos años antes y la declararon capital de al-Andalus, nombre árabe de la España Musulmana. La Mezquita de Córdoba fue terminada en el año 787 y es, junto con la Alhambra de Granada, la muestra más importante de la presencia del islam en España. Por casi 500 años Córdoba contó con un gobierno tolerante y pacífico, donde la mezcla de culturas de su población de 100 mil habitantes (árabes, bereberes, ibéricos y judíos) resultó en un florecimiento de la ciencia y la cultura que rebasó a cualquier capital europea. La ciudad atrajo a grandes académicos lo que resultó en grandes avances en ciencia, medicina, filosofía y poesía. 

En el año 1236, la ciudad cayó ante Fernando III de Castilla, quien encabezaba reconquista. Aun cuando este rey español ordenó que la mezquita de la ciudad se utilizara como Catedral, la mezquita sobrevivió sin modificaciones significativas por casi tres siglos. En el año 1523 se inició su remodelación y fue irremediablemente dañada al construir en el centro de la edificación una gran nave con su coro y altar, rompiendo con los espacios arquitectónicos originales. Cuando el Emperador Carlos V vio terminada la obra, se enfureció, expresando su enojo con la frase citada al principio de este artículo, que resaltaba el error de destruir una obra valiosa para sustituirla por otra que era simple y llanamente, mediocre.

Fundada en 1325 y ubicada en medio de un lago, la ciudad de Tenochtitlan, que contaba con más de 100,000 habitantes, llegó a ser la mayor metrópolis en América. En el centro de la ciudad se encontraba el complejo ceremonial, el Templo Mayor, que se situaba en el eje de la ciudad. Al sur del templo se situaban la gran Plaza (el Zócalo) y el Palacio de Moctezuma (donde ahora se encuentra Palacio Nacional). Cruzando el Zócalo existían escuelas para los nobles y oficinas administrativas. Al oeste se encontraba el Palacio de Axayacatl, donde Hernán Cortés y sus hombres se hospedaron por varios meses antes de conquistar la ciudad, que, como es bien sabido, fue destruida por el ejército español en 1521.

En el año 1524, poco tiempo después de la conquista de Tenochtitlán, los españoles iniciaron la construcción de una iglesia, justo en el lugar donde se encontraba el Templo Mayor. Su objetivo era consolidar el poder español sobre el territorio recientemente conquistado y acelerar el proceso de evangelización de la población nativa. Unos años después, en ese mismo sitio, se inició la construcción de la Catedral Metropolitana utilizando las piedras del Templo Mayor, del Templo de Huitzilopochtli y del Juego de Pelota. El intento infructuoso de borrar las tradiciones del pueblo náhuatl causó la destrucción de un patrimonio cultural invaluable.

En la segunda parte de este artículo comentaré sobre los movimientos políticos y filosóficos que impulsaban a la destrucción. También describiré el incendio intencional de la Biblioteca de Lovaina durante la Primera Guerra Mundial, los efectos de la Revolución Cultural China sobre el patrimonio cultural chino, el impacto del Maoísmo en Cambodia y en algunos movimientos de guerrilla en Latinoamérica, así como las acciones deliberadas de destrucción de libros y bibliotecas en Bosnia y de monumentos y sitios religiosos por parte de los Talibanes y de ISIS en el Medio Oriente. Concluiré esta serie con la descripción de algunos errores que, desafortunadamente, se siguen cometiendo en la actualidad.