Del hosco enfrentamiento entre el Inegi, de Julio Santaella, y el Coneval, de Gonzalo Hernández ?Licona, es posible sostener dos afirmaciones: la medición de la pobreza será uno de los capítulos más polémicos de este sexenio y que entre los órganos autónomos también hay sesgos.

Tras la difusión del reporte del Módulo de Condiciones Socioeconómicas 2015, en el Inegi auguraban un escándalo mediático de medianas dimensiones, pero no contaban con el hiperactivismo, en las redes sociales, del titular del Coneval, quien alentó los comentarios de académicos y representantes de ONG.

¿Los números no mienten? De acuerdo con esos resultados que anteceden al levantamiento de la Encuesta Nacional Ingreso-Gasto en los Hogares, cuyos trabajos arrancarán dentro de dos semanas habría un incremento real de 11.9% en el ingreso corriente de los hogares a nivel nacional y de 33.6% del ingreso en los hogares más pobres, tan sólo entre el 2014 y el 2015.

Entender la evolución del poder adquisitivo es un factor crucial para la definición de las políticas públicas y por eso, el Coneval denunció la falta de transparencia del Inegi, se quejó públicamente de la discrecionalidad del cambio en los parámetros, cuestionó su validez y, sobre todo, lamentó que con estas medidas se registrara una ruptura en la evolución histórica de las mediciones de pobreza desde el 2008.

Con las nuevas cifras, el número de pobres en México pasó de 53 millones a 48 millones en los tres primeros años de este sexenio. ¿De esa dimensión es el impacto de la Cruzada Nacional contra el Hambre o los beneficios generados por Prospera? La mejoría, en todo caso, es producto de un ajuste técnico-estadístico en los instrumentos aplicados por el Inegi. Si es el mismo operativo de campo y capacitación aplicado en el 2015, ¿qué cambió?

¿El cuestionario? Si así fuera, ¿qué motivaría el exabrupto del Coneval? La base de datos, en todo caso, es lo que importa. ¿Las fuentes de ingreso? Eso implicaría que ahora sería imposible determinar cuál es ingreso real monetario y cuál es ingreso imputado.

El criterio de validación , responden en las oficinas de ese organismo, ubicadas en Aguascalientes. La alta incidencia de puntos de levantamiento en los que los respondientes manifestaban tener cero ingreso , en las anteriores mediciones, ahora es corregida con una revisita a esos hogares, a cargo del supervisor de campo .

Justo hace un año, cuando Rosario Robles aún despachaba al frente de la Sedesol, estadísticos de la oficina de la secretaria habían advertido la necesidad de realizar esa corrección en el instrumento, pues los datos no reflejaban el impacto de los programas sociales, los beneficios de las reformas estructurales ni el control de las variables macroeconómicas. Aún ahora, México es el país que aparece en el peor lugar entre los países integrantes de la OCDE en términos de combate a la pobreza, también entre las naciones que conforman el hemisferio americano. Al Coneval le debemos una disculpa pública , refirió uno de los integrantes de la Junta de Gobierno del Inegi recientemente, no le avisamos del ajuste en los parámetros. No hay razones que justifiquen la omisión de los formalismos, ni las políticas de ‘buena vecindad’ excluyen el intercambio técnico entre dos organismos que usualmente no dirimen sus diferencias públicamente .

Lo peor de esta polémica es que ni el presidente del Inegi tenía conocimiento de este cambio, que tiene como protagonista central a la Dirección General de Estadística, a cargo de Miguel Cervera, quien en todo caso es responsable de generar los datos, pero no de la toma de decisiones. Y si el Inegi pudo cambiar la metodología para medir ingreso discrecionalmente, ¿el Coneval cambiará la forma de medir pobreza?

Este diferendo reaviva las críticas que en los meses previos a la elección del 5 de junio circularon profusamente, entre la cúpula peñista, respecto de la parcialidad del Inegi, organismo controlado por una burocracia panista de acuerdo con esos señalamientos que ha perdido autonomía desde la unción de Julio Alfonso Santaella Castell como director de la Junta de Gobierno.

Y es que no obstante que ninguno de los cuatro vicepresidentes del instituto pudo quedarse con la vacante y el nuevo titular del organismo fuera identificado como cercano al equipo itamita que controla las finanzas del país y las políticas asistenciales, dentro del Inegi han pasado un semestre de gatopardismo.

Y es que salvo Alberto Ortega Venzor, el primer círculo del expresidente del Inegi, Eduardo Sojo Garza-Aldape, fue ratificado en sus posiciones. El ex contralor interno, Marcos Berenice González Tejeda, como director general de administración, y Víctor Manuel Rodríguez quedó como director general adjunto de recursos materiales. Ambos alimentarían la estructura panista, que controla al Inegi desde que Eduardo Sojo tomó las riendas de la institución, y en la que permanecen Ximena Altamirano Stephan y Eduardo Javier Gracida Campos, quien está al frente de la dirección general de Vinculación y Servicio Público de Información. La directora de administración de la presidencia del Inegi, María Elena Díaz Trujillo, regresó a ese cargo y Óscar Gasca Brito quedó como director general de Coordinación del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica. Igual que Gualberto José Garza Cantú, encargado del cabildero con el Poder Legislativo.