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Desigualdad, desempleo y migración
El subdesarrollo es como una jirafa, difícil de describir pero reconocible a primera vista. Por donde volteemos la mirada ahí está. Se convierte en una suma de datos históricos, culturales, religiosos, políticos, económicos y sociales. Permeable a todo.
Hay tres grandes problemas, entre otros, que se han agudizado en la sociedad mexicana. Ellos son la desigualdad, el desempleo y la migración. A pesar de cambios importantes que los gobiernos han realizado, unos más otros menos, la demagogia y las utopías capeadas de lirismo han prevalecido.
El desgano social ha erosionado a las formaciones políticas clásicas y ha emergido el triunfo de lo imprevisible. Grupos radicales o alternativos entran en la escena política sin dificultades. No se defiende el valor de la solidaridad que es un factor de cohesión social. Sólo es sostenido por el asistencialismo que se canaliza a los adultos mayores.
El miedo impulsa el auge conservador y la incertidumbre genera un deseo de certezas.
La desigualdad es un fenómeno asociado al modelo productivo. En América Latina la desigualdad es muy alta, al mismo grado que la pobreza. Pero si bien preocupa la pobreza por sus niveles altos agudizados por la pandemia, se desatiende a la desigualdad en donde hay mucha complacencia. Se acepta y es deseable la pobreza cero pero no la desigualdad cero.
Independientemente de los indicadores que miden la desigualdad y la pobreza, lo importante para superarlas es que haya una buena atención sanitaria, que las guarderías y las escuelas sean eficientes, que los jóvenes puedan estudiar en la universidad y desarrollar todo su potencial, que se atienda a los adultos mayores.
Estas son las cosas que verdaderamente importan. Hay que enfocarse más en las políticas que en los índices y las tasas, que el capitalismo funcione para todo el mundo, cosa que no sucede. Para el pensamiento demócrata/liberal el ejemplo a emular no es Estados Unidos en donde 1% más rico de las familias ha recibido 60% del incremento del ingreso. El modelo es Canadá o los países escandinavos.
Con la pandemia y el cierre de empresas el desempleo ha aumentado a niveles peligrosos por sus efectos desestabilizadores. Si bien la economía mexicana nunca ha creado los empleos que se necesitan para absorber a la mano de obra resultante del crecimiento demográfico, ahora se agudizan los problemas.
A corto plazo el salvavidas está siendo Estados Unidos que al recuperar su economía está demandando más mano de obra de México para sus actividades agrícolas y de servicios, principalmente. También demanda productos de manufactura mexicanos, en el contexto del tratado comercial, lo que explica el incremento importante de las exportaciones.
En México, un foco de atención son las pequeñas y medianas empresas porque representan 95% del sector industrial. Necesitan financiamiento, asesoría técnica, capital de riesgo y que se sumen al proceso de productividad sobre una base integral, en vez de proliferar de manera suelta. Es en este conjunto de empresas en donde se da el mayor empleo productivo.
La migración mexicana se ha visto incrementada. Ello explica el mayor envío de remesas en dólares de los trabajadores que pudieron cruzar la frontera. Hay miedo de ser deportados pero también el convencimiento de que las opciones de empleo en México son escasas.
Durante el primer semestre de este año las remesas representaron 23,618 millones de dólares, el nivel más alto desde el 2006. El efecto social hacia adentro del país es el valioso apoyo a las familias de bajos ingresos.
México también se ha convertido en una puerta de entrada a la migración centroamericana y del Caribe. AL cierre de junio han pedido asilo a nuestro país 23,000 hondureños, 9,330 haitianos, 5,200 cubanos. También hay solicitudes de salvadoreños, venezolanos y guatemaltecos.
La explicación es obvia: son las graves condiciones en que viven en sus países. Básicamente lo que quieren es desayuno, comida y cena.
