Hay una complejidad en la política mundial, determinada por las rupturas ideológicas, la insatisfacción ciudadana, la gobernabilidad cuestionada, los resultados económicos mediocres, la desigualdad, el surgimiento de hombres fuertes que manejan países manipulando emociones. El escritor español Javier Marías hace una caracterización de uno de los principales actores de este tinglado, que actúa sin matices, cuando sabemos que la matriz es la que le da a las ideas su dignidad. Ante un discurso amenazador y plano crece la polarización, la duda, la dispersión. Dice Marías: “En Trump hay un problema y es que es una figura tan de brocha gorda que nos impide tomarlo verdaderamente en serio, parece menos peligroso de lo que probablemente es. Yo creo que es muy peligroso. Pero no ocurre solamente con Trump, ¿qué le está pasando a la gente para que les parezca bien Salvini, Johnson, Orban, Bolsonaro, Duterte, etcétera?”.

Efectivamente, el problema es que son muchos. Matteo Salvini es el jefe de una organización nacional populista con sabor a neofascismo, la Liga Norte, que actualmente gobierna en coalición a Italia. Lo hace con sus compañeros de viaje creando caos. Es vicepresidente. Su partido vive un escándalo por una posible financiación rusa a través de la compra de petróleo a la gigante Gazprom.

Boris Johnson, nuevo primer ministro de Inglaterra, vendió el Brexit con la mentira de que la salida de la UE significaba la devolución de centenares de millones de euros a la sanidad. Tony Blair ha dicho que es el triunfo de alguien peor que Trump. Las afinidades son evidentes. Johnson corona la gestión euroescéptica, iniciada por Margaret Thatcher.

Orban es un nacionalista que preside Hungría. Sus posiciones políticas son de extrema derecha y se exhibe contrario a la inmigración. Tiene un programa totalmente populista. Acumuló a su favor todo el odio social que se fue incubando en contra de la dictadura comunista. Cuando se abrió la caja de Pandora ahí estaba él soplando los vientos a su favor.

Bolsonaro es un excapitán retirado del ejército que llegó al poder en Brasil con un discurso evangélico. Convenció a un pueblo cansado de ser gobernado por el Partido de los Trabajadores. Está en contra de las políticas contra el cambio climático. Se ha convertido en un villano ambiental. Tiene un programa económico neoliberal compartido con las iglesias pentecostales.

Así otros depredadores. ¿Cuáles son las razones del surgimiento de estos movimientos nacional populistas? Recordemos a Hitler, que calentó los motores del nazismo en contra de los países vencedores de la primera guerra mundial. Con el pago de las indemnizaciones de guerra que le impusieron los aliados a Alemania, estaba devastada. Pero Hitler no creó una Alemania de paz y trabajo, de concordia y solidaridad, sino un país que se preparó para otra guerra y la perdió.

Los nacional populistas de ahora tienen una deliberada distorsión de principios. Dice la politóloga Dominique Schnapper: “En nombre de una democracia abstracta que nunca ha existido ni puede existir, se destruye la democracia concreta”. Construir una democracia es difícil porque es un proceso de concertación, alianzas, cultura política. Hay democracias que funcionan porque hay parlamentos que expresan las diferencias y una división de poderes que controla los excesos. Falta más Estado social, sobre todo en países emergentes en donde hay un enorme rezago. Fortalecer el binomio Estado-mercado es una necesidad porque los mercados no son perfectos, como se demostró en la crisis mundial del 2008. Dice Warren Buffett: “Si los mercados fueran eficientes, yo estaría pidiendo caridad en la calle”. Paralelamente el Estado debe ser la mano visible que domine la estabilidad para administrar las pasiones humanas y las contingencias naturales.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.