Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Delincuencia social, impunidad y cultura de la ilegalidad

Gabriel Quadri de la Torre

Normalistas roban autobuses y camiones repartidores de mercancías. Automovilistas pudientes de la Ciudad de México simulan domicilio en Morelos para defraudar al fisco y no pagar impuestos. Vendedores ambulantes se apropian del espacio público y roban la electricidad, y tampoco pagan impuestos. Microbuseros pisotean todas las normas de tránsito. Conductores de vehículos se rehúsan a pagar fotomultas. Pueblos enteros se asocian con delincuentes para ordeñar ductos de Petróleos Mexicanos y robar combustibles. Comunidades indígenas asaltan en carreteras y extorsionan a turistas y viajeros. Ciudadanos corrompen a policías y ministerios públicos. Organizaciones de maestros vandalizan, secuestran y viven del pillaje de presupuestos educativos. Pobladores rurales y suburbanos se dedican al saqueo de trenes. Ejidatarios y comuneros talan bosques de manera ilegal, invaden y deforestan selvas tropicales. Municipios descargan sus aguas residuales sin tratamiento en ríos y mares. Y un largo etcétera. Todo, como contraparte y matriz social de una corrupción extendida en altas esferas tanto del sector privado como de administraciones públicas: federal, estatales y municipales. La impunidad e ilegalidad abajo se justifica con la corrupción e impunidad de arriba. En este escenario, establecer el orden, la seguridad y el estado de derecho es una tarea hercúlea o quizás imposible.

Ilegalidad, impunidad y corrupción tiñen de una oscura y fétida mixtura a gran parte de la sociedad mexicana, a todo lo ancho y de abajo hacia arriba, desde hace siglos, desde siempre. Son elementos firmes en visiones del mundo, reglas del juego, cultura, sistema de normas y de instituciones formales e informales que predominan y rigen en buena medida la vida nacional. El desapego y desprecio por la legalidad, así como la impunidad tienen muy probablemente explicaciones y causalidades históricas, sociológicas, institucionales y culturales, vinculadas a una estructura ancestral de relaciones clientelares y corporativas entre el poder público y la sociedad y a una visión patrimonial del ejercicio de gobierno. En una sociedad dual producto de la conquista española, la impunidad en la base parece asumirse como expresión justiciera de revancha tolerada o resarcimiento implícito por la llamada deuda social. Esto, frente a un Estado débil aprisionado por sentimientos de culpa e incapaz de aplicar con eficacia el monopolio y uso legítimo de la fuerza coercitiva para hacer cumplir la ley. Y también, ante el uso discrecional de los mecanismos de procuración e impartición de justicia (“a los amigos, justicia y gracia; a los adversarios, la ley a secas”) y un disfunción extrema de los aparatos policiacos.

Es una sociedad individualista, somera, y con una muy baja densidad de sociedad civil, y escasa de un sentido de confianza en los demás y en las instituciones. El liberalismo nunca arraigó plenamente, con sus principios de respeto a la ley, a la propiedad y a los contratos, democracia representativa, valores cívicos, responsabilidad y autonomía personal, libertad económica, ahorro e inversión, igualdad ante la ley y libertades individuales. De hecho, nunca ha habido en el México moderno un verdadero partido liberal. Tampoco un pacto social explícito y operativo en el que un Estado ofrece bienes públicos a los ciudadanos, a cambio del pago de impuestos y el respeto a la legalidad.

Establecer el imperio de la legalidad y el estado de derecho debe ser la tarea fundamental del Estado y de la sociedad en este México que se adentra al siglo XXI, así como crear policías eficaces y confiables, y construir instituciones eficientes y creíbles de procuración e impartición de justicia y combate a la corrupción. Estos deben ser los contenidos prioritarios en las campañas político-electorales que se avecinan y columna vertebral del programa de gobierno 2018–2024 de quien se alce con el triunfo. Sin ello, no hay proyecto nacional posible.

Temas relacionados

Gabriel Quadri de la Torre

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete