"Que sea menos , me dijo un amigo cuando le comenté el encabezado que pondría a la presente columna. No es lo mismo el exterminio del líder petrolero ejecutado por Salinas que la limitación al protagonismo de la maestra esbozado por Enrique Peña Nieto a través de su proyecto de ley -remató.

Aunque estoy de acuerdo con mi amigo, no pienso cambiar el encabezado de la presente colaboración. Prueba de esto es que usted ya lo leyó.

Por supuesto que no son comparables los casos de los dos líderes sindicales que, como las torres de la canción: en el cielo se creyeron y un día cayeron en la humillación .

A consecuencia de la maquiavélica operación salinesca, Joaquín Hernández Galicia, La Quina, fue a dar a la cárcel. Estuvo preso durante ocho años. Salió enfermo y sin ningún poder.

Por el contrario, Elba Esther Gordillo ni siquiera se ha dignado dar la cara -gratis es cara- para comentar las intenciones peñanietistas. Obviamente, con la aplicación de la ley propuesta por el Primer Mandatario, la lideresa pierde poder y esto le debe de haber dolido, pero sólo es un raspón político y un pinchazo a su ego. Ego que durante los gobiernos de Fox y Calderón se elevó al cubo de manera inversamente proporcional a la falta de oficio político de los panistas.

Reviso lo hasta aquí escrito y, en honor a la verdad, las torres de la canción de Gonzalo Curiel que popularizaron Los Diamantes , le va a la Quina pero no, totalmente, a Elba Esther. Lo de la Quina fue sorpresivo y punible. A Elba Esther, el proyecto de ley precitado -según se ha sabido- le fue comentado previamente por el Presidente y, técnicamente, no le quita poder al interior de su sindicato; mucho menos, la hace merecedora a castigo alguno.

Juan Díaz de la Torre, secretario general del SNTE, presentó un documento mediante el cual el magisterio respalda la reforma educativa y en el que el sindicato se pronuncia aliado del Estado mexicano. Sin embargo, respecto del tema, de manera pública La Maestra Gordillo no ha dicho: Esta boca es mía . (¿El motivo? De tanto estirarse la cara con las cirugías plásticas ya no sabe con exactitud en dónde le quedó el órgano del habla).  

La señora Gordillo Morales -no es sirvienta de nadie porque no tiene cartas de recomendación- seguirá siendo la cabeza del Comité Superior del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación -cargo con el que sustituyó, recientemente, la eliminada figura de Presidenta Vitalicia-. Lo que le arde es que la Secretaría de Educación Pública dejará de ser su botín. ¡Eso calienta!

La Quina

Un poco de historia para corroborar que no tiene nada que ver el quinazo con el gordillazo. Joaquín Hernández Galicia fue durante muchos años el líder del sindicato petrolero, su líder moral. En las regiones petroleras, controlaba la designación de candidatos a diputados, senadores y alcaldes. Y no sólo controlaba la postulación, sino que daba órdenes a sus huestes de votar por los aspirantes impuestos por él.

Durante el gobierno de Miguel de la Madrid, Hernández Galicia comenzó a mostrar inconformidad con las políticas privatizadoras del gobierno, calificado de neoliberal. Más aún, denotó animadversión por el Secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari. Se rumoraba que el líder había patrocinado la publicación de un libro titulado ¿Un asesino en palacio?, en el que se relataba la anécdota de los hermanos Raúl y Carlos Salinas -de seis y cuatro años, respectivamente- en la que se le atribuía a uno de ellos el haber disparado con un rifle calibre 22 en contra de una empleada doméstica que resultó muerta. (Chiste de la época: la mató porque iba por el pan).

El 6 de julio de 1988 hubo elecciones presidenciales en el país. Los candidatos fueron: Carlos Salinas, Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Clouthier.

Fue muy notorio en las zonas petroleras el voto en favor de Cárdenas.

Entre la caída del sistema y un fuerte olor a fraude, Salinas de Gortari accedió al poder el 1 de diciembre de dicho año.

Cuarenta días después, el 10 de enero de 1989, un centenar de comandos, enviados desde la ciudad de México, toman por asalto la casa de La Quina en Ciudad Madero, Tamaulipas. De un bazukazo fue abatida la puerta. Los soldados entraron y arrestaron a Joaquín Hernández Galicia, que fue trasportado vía aérea a la capital de la República. Le sembraron en su domicilio 20 cajas de ametralladoras y municiones y hasta un muerto: el Ministerio Público federal Antonio Zamora, al parecer, asesinado un día antes en Ciudad Juárez.

También fueron arrestados los segundos de a bordo de La Quina Salvador Barragán y José Sosa Sosa, así como su socio y prestanombres Sergio Bolaños.

Poner fin al poder del controversial líder petrolero y sus secuaces generó que las fuertes sospechas de fraude electoral con el que llegó al poder Carlos Salinas se diluyeran. A ojos de la población, con el quinazo, el Presidente Salinas se legitimó. (Frase de la época: Salinas de Gortari tiene los huevos más grandes que las orejas).

Por cierto, tanto Hernández Galicia como Barragán, Sosa y Bolaños fueron acusados de acopio de armas y de asesinato, nunca de corrupción, delito que sería más fácil de comprobar ante la justicia.

La explicación de este hecho es fácil: si en México se acusara a alguien de corrupción, la asociación delictuosa provocada por la imputación daría por resultado que no hubiera un inocente para cerrar las rejas.

El ocaso de una estrella

Al Presidente Carlos Salinas y a su Secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, les bastó media mañana del domingo 24 de abril de 1989 para mover el piso y provocar la renuncia a todos sus cargos -menos el de Senador- al profesor Carlos Jonguitud Barrios, líder vitalicio de Vanguardia Revolucionaria y cacique del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación.

Fue Manuel Camacho Solis, en ese entonces, recalcitrante salinista, Jefe del Departamento del Distrito Federal -quien ya había tomado bajo su protección a Elba Esther, a la que había nombrado Delegada en la demarcación Gustavo A. Madero- el que operó lo necesario para consolidar a Gordillo Morales como la nueva dirigente del SNTE.

De eso hace 23 años, hoy La Maestra está firme al frente del Sindicato, eso no se discute. Tampoco se puede pasar por alto que, con la iniciativa de ley del presidente Peña Nieto, éste le está enviando el mensaje de que se concrete a las labores gremiales y no se inmiscuya en nada que tenga que ver con el manejo de la Secretaría de Educación.

Otra señal muy clara de que no son tiempos para echar cohetes, sino para recoger las varas, es el nombramiento como Secretario de Educación de un declarado enemigo de La Maestra: Emilio Chuayffet -no sólo le cae mal su persona, además, odia su apellido, que le cuesta trabajo escribir y no digamos leer.

Elba Esther cumplirá el próximo febrero 68 años. Para entonces, le faltarán cinco años con ocho meses para terminar con su cargo sindical -si es que no, en el ínterin, inventa una nueva figura para perpetuarse en el poder-. Comparada con los líderes paradigmáticos del sindicalismo nacional, cuando concluya su cargo, ella estará en la flor de la edad. Sin embargo, tomando en cuenta el regreso del PRI con sus usos y costumbres, no será mejor retirarse antes de que, como a La Quina, como a Jonguitud, se deshagan de ella de fea manera.

Oí por ahí

El vaquero Kidd Russell, de Logan, Utah, tiene el récord de la tumba más visitada del mundo. Esto se debe a que en su lápida, a la manera de epitafio, está escrita su creación: Las cinco reglas de todo hombre para una vida feliz :

1.- Es importante tener una mujer que ayude en la casa, cocine, limpie y tenga un empleo.

2.- Es importante tener una mujer que te haga reír, que no te traiga sólo problemas.

3.- Es importante tener una mujer en la que puedas confiar, no malgaste el dinero y no mienta.

4.- Es importante tener una mujer que sea muy buena en la cama y que siempre tenga el deseo de estar contigo.

5.- La última regla es la más importante: procura que estas cuatro mujeres no se conozcan entre sí, si no quieres terminar con un balazo y muerto como yo.