Mi primer trabajo fue en una época en la que todavía estudiaba en la universidad y además iba a ser papá. Mi esposa y yo ahorrábamos casi todo mi salario para poder pagar los gastos del bebé. Estaba en un modo de cuidar al máximo el gasto y tratar de estirar hasta el último centavo.

Por eso mismo recuerdo con toda claridad lo que hacía un compañero de trabajo que empezó al mismo tiempo que yo en la empresa. Estaba pensando inscribirse a un gimnasio y comprarse una recámara, la cual pagaría en cómodas mensualidades.

Me quedé pensando: todavía no recibimos nuestro primer sueldo y él ya se está gastando no sólo lo del primer mes, sino empeñando una parte de su ingreso durante todo un año. Me sorprendió, aunque no hice mucho caso. Su situación y la mía eran completamente distintas.

Más tarde, cuando empecé a estudiar sobre finanzas personales, me di cuenta de que esto es algo que les pasa a muchísimas personas: se gastan el dinero antes de ganarlo, pero también toman compromisos con dinero que todavía no tienen y que esperan recibir en el futuro.

A todos nos ha pasado. Es común que la gente se vaya de vacaciones pensando en que les llegará el bono, o el aguinaldo y con eso podrán pagar ese gasto. O bien las que en ventas nocturnas o durante El Buen Fin comprometan una parte importante de su sueldo, por lo menos los siguientes 12 meses. También están los que confían que, si les aumentan el sueldo, podrán finalmente salir adelante.

Es parte de la mente humana: así funciona y esto es lo que hace que mucha gente se meta en problemas financieros y no logre ahorrar ni un peso. Cuando ganan más, automáticamente su mente empieza a pensar en cómo se van a gastar su aumento. En el deporte hay muchos ejemplos: decenas de ellos ganaron millones en su corta vida laboral, pero se termina acabando el dinero pronto.

Tenemos que pensar en el futuro también. Porque como hemos dicho en esta columna, la única manera de construir un patrimonio es a través del ahorro constante y la inversión inteligente, evitando deudas que nos hacen caminar hacia atrás como el cangrejo. Está en nosotros alejarnos de la manada y construir nuestro propio camino al éxito financiero. Sólo la gente que logra ver más allá de los satisfactores a corto plazo y puede planear su vida en un horizonte mayor, visualizando a dónde quiere llegar, es la que logra destacar en la vida y construir un patrimonio. Independientemente del nivel de ingreso.

Aquí he insistido siempre que debemos tener muy claro qué es lo que queremos en la vida, y que debemos empezar por cambiar nuestros propios paradigmas. Pensar en cómo podemos conservar e invertir una parte del dinero que vamos a recibir, para construir una vida mejor. Porque, no nos engañemos: todos sabemos que las deudas, particularmente aquellas de corto plazo, consisten en gastar hoy dinero que todavía no hemos ganado. Esto hace que, en el futuro, tengamos aún menos disponible para otras cosas (porque una parte de nuestros ingresos ya están destinados a pagar esas deudas). Nos impiden ahorrar y por ende, construir patrimonio.

Si entendemos esto y en lugar de gastarnos lo que todavía no tenemos empezamos a construir, nuestra calidad de vida en el futuro será mil veces mejor.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com