El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés) de la Reserva Federal (Fed) cumplió. No hubo sorpresas en la quinta decisión de política monetaria del año respecto a la reducción de 25 puntos base en el rango de tasas de interés.

Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo con la decisión. Uno de los más críticos, Donald Trump, fue inquisitivo con el presidente del banco central: Nos volvió a decepcionar. ¿Por qué el desencanto?

Primero, analicemos los factores que dieron pie a la decisión. La economía global se encuentra en desaceleración, en parte provocada por la incipiente debilidad en las dos principales economías del mundo, EU y China.

Como respuesta, los principales bancos centrales internacionales hicieron un cambio en su política monetaria hacia una política más acomodaticia.

En particular, la economía estadounidense se había mantenido en uno de los periodos de expansión más largos de los que se tiene registro.

Además, extrañamente, la expansión se sostenía con bajas tasas de interés (tras el relajamiento cuantitativo) poca holgura y baja inflación. Esto es inusual, ya que la baja tasa de desempleo no fue capaz de traducirse en aumentos salariales, y la inflación se mantuvo consistentemente por debajo del objetivo, situación que comenzaba a colmar la paciencia del Fed.

Entonces, tenemos todos los ingredientes: desaceleración económica global, recortes en tasas alrededor del mundo, debilidad en la inversión de los negocios y en manufacturas y, por otro lado, inflación por debajo del objetivo y tasas de largo plazo en niveles bajos. Si a eso le agregamos incertidumbre provocada por tensiones comerciales y un mercado ansioso por ver una reducción en el costo del dinero, tenemos la mesa servida para un decremento en tasas, mismo que la Fed entregó.

Ahora, ¿por qué el movimiento decepcionó al presidente Trump? Para empezar, el mandatario quería un decremento más severo en las tasas (dígase un recorte de 50 puntos base, lo cual no estaba en el radar). Además, detrás de la decisión del FOMC había un tono menos dovish de lo previsto. Debemos recordar que la decisión no fue unánime, toda vez que dos de los 10 miembros votaron por mantener el rango de tasas entre 2.25 y 2.50%. Aunque son pocos los que votaron en contra, hacía tiempo que no se veía este grado de desacuerdo.

Adicionalmente, el tono de Powell en la conferencia de prensa terminó por desencajar con lo que se esperaba.

La cabeza del banco central mencionó que el recorte de tasas funcionó a manera de seguro para afianzar la convergencia de la inflación al objetivo y promover la recuperación económica en un entorno de marcada incertidumbre. Detalló también que se trata de un ajuste de mitad de ciclo y que no necesariamente marcaría el inicio de un periodo de baja en tasas de interés.

Finalmente, aseveró que los miembros de la Fed mantendrían una postura flexible con el fin de tomar las acciones más convenientes a la luz de los datos económicos que vayan surgiendo.

En resumen, el mercado esperaba un golpe en la mesa y un recorte con espada, pero les entregaron uno con tijeras de punta redonda.

¿Qué pasará en el futuro? La situación de la Fed se ha vuelto particularmente incierta, sobre todo porque los últimos datos económicos apuntan a una marginal recuperación. El banco central tendrá que lidiar con nuevos desafíos como la turbulencia generada por la guerra comercial entre EU y China y el nivel que deben establecer como neutral para su hoja de balance, donde terminará el programa de reducción dos meses antes de lo previsto.

En un mundo cambiante, la Fed tiene que transformarse para mantener el equilibrio entre el crecimiento económico y precios estables. Pero de eso se trata el mandato dual, ¿o no?

*Manuel González es analista bursátil senior en Signum Research.