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Decepción política

Esta es la última columna que escribo sobre las elecciones de 2024. En menos de dos semanas habremos de acudir a las urnas y sufragar. Yo lo haré aunque no me guste ningún candidato. Creo que debemos ejercer nuestro derecho a votar. Llego sin claridad, ya decía la semana pasada que los años de gobierno del presidente López Obrador me dejan, no solo insatisfecho, sino muy preocupado. Sobre todo por su desprecio a los que piensan diferente y a su idea, que se expresa en los hechos, de que las decisiones democráticas las impone la mayoría, que todo lo demás es estorboso. Para mí, su partido debería ser castigado en las urnas. El problema, decía también, es que el voto de castigo pasa por una oposición decepcionante, que nada hizo para crear liderazgos honestos, que permitieran castigar con esperanza. Alito es el non plus ultra de lo rancio. «Ah, pero qué me dices del Verde y los suyos», lo mismo, el non plus ultra de lo rancio. Me encantaría que fuera cierto lo de la tercera opción que supuestamente representa Movimiento Ciudadano. Sin duda Máynez y Chertorivski han hecho mucho mejores campañas que sus oponentes, pero caminan, sobre todo Máynez, bajo la sombra de varios impresentables, comenzando por el gobernador de Nuevo León. Máynez se la pasa criticando a Fox, pero no dice nada ante el hecho de que Mariana Rodríguez, esposa del Gobernador de Nuevo León, se presente como candidata a la alcaldía de Monterrey, peor que la señora Sahagún. No es ilegal, claro que no, y nadie duda de la autonomía y la inteligencia de Rodríguez, pero quiero ver qué sucederá si gana. Mal augurio para la transparencia y el conflicto de interés.
Si hubiera segunda vuelta votaría por Máynez y, sobre todo, por Chertorivski. Pero superada esa etapa volvería al mismo problema que hoy enfrento: Castigar, a sabiendas del vehículo por medio del cual lo he de hacer, o anular. Me pregunto: ¿castigaría a Biden votando a Trump o allanándole el camino? De ninguna manera. ¿Son Taboada y Gálvez como Trump?
Viajé a Orizaba el fin de semana del 18 de mayo. En la carretera vi varios espectaculares de Dante Delgado para senador, un Dante con cabellera, supuse que era hijo del Presidente de Movimiento Ciudadano y luego lo corroboré en redes. Por lo que averigué, Delgado Jr. no tiene carrera política, por lo que su candidatura al Senado de la República es una tomadura de pelo. Las parejas y los hijos no tienen prohibido participar en política, pero por decencia cívica, al menos deberían tener una hoja de vida a la altura de su candidatura. Lo mismo pasa en la alcaldía en la que vivo, Morena presenta como candidata a la alcaldía a Catalina Monreal, hija de Ricardo Monreal, viejo conocido de la política zacatecana, nacional y de la Cuauhtémoc. En un reportaje leo que la señora Monreal dice que toda su vida ha sido “discriminada” de la política por ser hija del personaje mencionado. Otra vez, si se hubiese ganado la candidatura gracias a su trabajo político, esta crítica no tendría motivación. Pero no es difícil sospechar, y subrayo, ¡SOSPECHAR!, que su padre se bajó de la contienda morenista frente a Sheinbaum, en parte, porque le ofrecieron un lugar para su hija. Quizá me equivoco, pero sin duda castigaré en las urnas a Monreal y buscaré fortalecer los contrapesos en las cámaras. Para la presidencia y la jefatura de gobierno decidiré ante la boleta si mi castigo será votar por la oposición o anular. No voto por nadie, voto contra el nepotismo y el abuso de la autoridad presidencial.

