Dentro de la austeridad a ultranza que está promoviendo este gobierno, ha surgido una discusión sobre si el gobierno debe subsidiar las actividades de las artes. Por las artes se entiende la literatura, el teatro, la pintura, el cine y la televisión. Y para la difusión de esas artes subsidiadas, ¿debe utilizarse la radio pública?

Las artes son una parte fundamental de nuestra cultura y son un bien público. El debate es si las artes deben ser financiadas mediante aportaciones privadas voluntarias para asegurar que no haya injerencia ideológica del gobierno y así el mercado asigna lo que la sociedad quiere, o bien la intervención gubernamental es necesaria, pues las artes pueden presentar fallas de mercado (externalidades, por ejemplo) y su rentabilidad puede no ser un criterio suficiente para medir su éxito.

Los subsidios a las artes pueden darse tanto al productor como al consumidor, en la forma de boletos baratos para funciones de cine o teatro, libros a precios rebajados, descuentos para exposiciones, etcétera. Los que defienden los subsidios argumentan que es una manera de alentar la culturización de la población. Este argumento basado en el paternalismo cultural puede ser riesgoso al convertirse en un instrumento ideologizador. Así funcionó, por ejemplo, en la Unión Soviética o en Cuba. Desafortunado que el gobierno de AMLO esté siguiendo esa ruta: la tendencia del Fondo de Cultura Económica, Canal Once, Imer, sólo por mencionar unos ejemplos. El problema de los subsidios públicos es que su asignación no es objetiva y depende de la visión gubernamental. Si yo fuera, por ejemplo, al Imcine a solicitar un subsidio para hacer un documental sobre el Che Guevara, es altamente probable que me lo otorguen, pero si les solicitara fondos para producir un documental sobre la obra de Milton Friedman seguramente me los negarían.

Es factible una buena combinación de dinero público con privado para fondear las artes. En ese sentido, la experiencia del Sistema de Televisión Pública en EU resulta un buen ejemplo. Ese sistema recibe recursos de un fondo público, pero lo importante es que en su mandato está preservar criterios autónomos del pensamiento del gobierno y tener planes a largo plazo que excedan periodos de gobierno. Para ello, tiene un consejo mixto con gran presencia del sector privado. El fondeo se complementa con amplias campañas para obtener financiamientos voluntarios como donativos, suscripciones, patrocinios corporativos...

El mercado no soluciona todo, la intervención gubernamental menos. La línea divisoria entre ideologizar y transmitir arte y cultura de manera objetiva es muy tenue y de fácil transgresión. Hasta ahora, la 4T se está inclinando a utilizar en forma sesgada los menguados subsidios a las artes como instrumento propagandístico de su ideología, en detrimento de una auténtica expresión multifacética de las artes.