El vocero de Presidencia tuvo un penoso papel esta semana: mostrar en el espacio mediático presidencial el dinero que cobraron al gobierno dos grupos editoriales por hacer revistas culturales y libros de historia y literatura entre 2006 y 2018. En publicidad, alrededor de 80 millones para cada una en 12 años. En venta de libros, revistas y contenido audiovisual, otro tanto.

¿Pero de qué habló Jesús Ramírez? ¿Cuál fue el punto? ¿Denostar a esas revistas, mostrar lo que Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto gastaron en publicidad? ¿Mostrar los millones que ningún gobierno debe gastar en cultura? ¿Mostrar lo mal que se vendieron esos grupos editoriales? ¿O hacer pensar a los espectadores que dos críticos del régimen se metieron esos millones de pesos a la cartera?

Ojalá no haya sido lo último, porque es ridículo. Las dos revistas pagan papel y colaboradores, oficinas y equipo administrativo, distribución y logística de presentaciones. En esos doce años, al menos 20 escritores y ensayistas fueron pagados cada mes en cada una de las revistas, por poner un poema, por criticar a un autor, por burlarse de una idea, por reflexionar sobre el pasado, por apostar a nuevos humanismos para mañana, por narrarnos una historia. 40 al mes en promedio son 5 mil 760 colaboraciones remuneradas, cientos de escritores con un ingreso ocasional o fijo durante 12 años.  Ojalá hubiera habido más dinero, mucho más, para pagar las ideas.

Si de lo que se trató fue de mostrar lo mal que se vendieron esos grupos editoriales, pues tiene razón. ¿Sólo vendieron 7 mil suscripciones al gobierno cada año? ¿Menos de 3 mil series de sus colecciones imprescindibles? ¡Pero si sólo las bibliotecas públicas son 7 mil 427! Sin contar las de escuelas, ¿eh? Tsss, muy mal Nexos, muy mal Letras Libres y muy mal los funcionarios que les dieron esos contratos.

Pero no, Jesús Ramírez no se veía cómodo hablando de estos gastos. Quizá su objetivo fue mostrar lo que no debe gastar un gobierno en libros y revistas. Nada de completar colecciones a las bibliotecas ni mostrar los ensayos de vanguardia en esos espacios. Mucho menos vincular al gobierno con publicidad en espacios en los que se hable de poesía, feminismo, federalismo, justicia, naves espaciales, cuentos de prostitutas o reseñas de libros que todavía no han llegado a México (recuerdo el caso de Piketty). Pues bueno, es un punto debatible y se vale ponerlo sobre la mesa.

Pero quizá la idea era hablar del gasto gubernamental en publicidad, su pertinencia, su eficiencia y sus montos. Pero no, porque no habló de los tirajes y si estos correspondían a los precios, pero sobre todo no habló del gasto. Miren, sólo en 2017, un año preelectoral, el gobierno de México gastó más de 7 mil millones de pesos en publicidad. Y lo que nos trajo Jesús Ramírez fueron los siete millones que se entregaron a Nexos ese año. ¿Porque otros reciban más se exime a Nexos? No, pero lo que queda claro es que no estamos hablando del gasto gubernamental, sino de esa revista en particular.

¿De qué habló entonces Jesús Ramírez? De dos grupos editoriales que, hagan lo que hagan (cobren bien, cobren mal, vendan muchas suscripciones, hagan libros o vendan pocas suscripciones), están bajo la mira del Presidente. No lo puso en sus diapositivas, pero ahí faltó que dijera que una publicó el artículo del Mesías tropical y que la otra aloja a intelectuales que han escrito contra el populismo y el autoritarismo en ciernes.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.