Aunque mi padre -librepensador- no era afecto a cuestiones de sotana y sacristía, era devoto del Cristo de los Faroles de su natal Córdoba, España, y cada año le gustaba poner en casa el Nacimiento. En sus viajes por los pueblos del Bajío fue comprando hermosas figuras de barro tanto de los protagonistas del milagro: La Virgen, San José, el Niño Dios y los Reyes Magos, como de pastores y animales, entre éstos: la mula y el buey que dentro del pesebre, según nos contaba mi abuela, con el vaho de su aliento calentaban al pequeño Salvador, que por único abrigo tenía unos pañales.

La tradición del Nacimiento proviene del siglo XIII, fue San Francisco de Asís (1182-1226) quien el 24 de diciembre de 1223 montó un representación plástica en la campiña italiana, entre Roma y Asís. Construyó en el bosque un portal, con un pesebre en su interior. Trajo un buey y una mula que pidió a los campesinos del lugar e invitó a un grupo de éstos a reproducir la escena de la adoración de los pastores al recién nacido.

La idea de escenificar el Nacimiento de Jesús se propagó por el mundo cristiano. Al principio se representaba con seres vivos, después se utilizaron figuras realizadas, por lo general, en barro. El tamaño del Nacimiento, el número de personajes que lo componen y el material del que estén hechos éstos es variable, pero la tradición ordena que deben estar, obligatoriamente, presentes, por supuesto, el divino infante y sus padres, también los Reyes que le traen regalos al hijo de Dios, y la mula y el buey.

En la búsqueda de información para la elaboración de esta columna, encontré un portal del Opus Dei con un villancico llamado El Buey le dijo a la Mula que dice: En el Portal de Belén,/ de la mula el buey se queja/ al bueno de San José/ se le acaba la paciencia/. Si tú no te callas, buey,/ si tú, mula, no estás quieta/ os echaré del Portal/ para que mi Niño duerma.

Con lo anterior quiero enfatizar la tradicional presencia del híbrido de yegua y asno o caballo y burra y del bovino en el Nacimiento del Niño Jesús.

Por eso me alarmé al enterarme que por medio de un libro de su autoría titulado La infancia de Jesús, publicado recientemente, el teólogo Joseph Ratzinger, mejor conocido como Benedicto XVI, provocó un debate sobre la presencia de los dos animales aquí reseñados durante el nacimiento de Cristo al manifestar que no existen referencias de ellos en los Evangelios. Así, en corto y de primera intención, me pareció algo insustancial la aseveración pontificia.

Entresaco de toda la información que provocó la polémica la opinión del blog emitido en España: Yo no soy sonsi... , la autora de éste comenta con humor: Este hombre -Benedicto XVI- será muy listo pero lo han debido de asesorar regular. No se explica de otro modo, que un mes antes de Navidad, saque un libro diciendo que el Portal no es como pensábamos. Eso no se hace hombre... Que estamos en crisis, y el sector navideño sólo trabaja en estas fechas... A ver ahora qué hacemos con las figuritas de mulas y bueyes de millones de portalitos. Que los que son de plástico, se reciclan, pero los otros... Ni para que jueguen los niños a que son granjeros .

Marketing Vaticano

En mi investigación, a través de Internet, me doy cuenta de que todo el revuelo causado por el supuesto contenido del libro de Benedicto XVI fue provocado por los boletines emitidos, a la manera de avances, por la casa editora. Finalmente, un libro, así sea escrito por Su Santidad, no deja de ser un producto comercial y como tal susceptible de ser manipulado por la mercadotecnia.

Los avances proporcionados por la editorial no sólo anunciaban que en su libro el Papa Ratzinger negaba la presencia de los animales en el nacimiento del Niño Dios, lo cual sugería, alguien lo entendió así y así se difundió, la indicación papal de dar de baja al buey y la mula del elenco de actores en las representaciones del Nacimiento; también por ahí leí que en su texto Benedicto XVI asevera que la estrella que guió a los Reyes Magos era una supernova -la etapa final explosiva de una estrella que brilla con mucha intensidad-; además, afirma que Jesucristo llegó al mundo entre seis o siete años antes de la fecha reconocida -¿se quitaba años el Mesías?

La atracción por testificar como cierto lo comunicado en los boletines previos al lanzamiento del libro provocó en mí -¡Oh Divino Marketing!- la compra del libro. Tengo en mis manos La Infancia de Jesús, libro de Editorial Planeta, de 132 páginas y 198 pesos de precio. Busco el capítulo relativo al nacimiento del Hijo de Dios en Belén y me percato de que la polémica y los debates suscitados en los medios por el presunto escrito pontificio, cuando menos en relación con el buey y la mula, no tienen sustento.

Benedicto XVI redactó: María puso a su niño recién nacido en un pesebre (Evangelio según San Lucas). De aquí se ha deducido con razón que Jesús nació en un establo, en un ambiente poco acogedor -estaríamos tentados de decir: indigno- pero que ofrecía, en todo caso, la discreción necesaria para el santo evento. En la región en torno a Belén se usan desde siempre grutas como establo. (pág. 74)

Más adelante, escribió: El pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales.

Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1,3: ‘El buey conoce a su amo, y el asno (así fue traducido pero la alusión es a la mula) el pesebre de su dueño’ . (pág. 76)

Basta leer lo anterior para poder testificar que el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica no asegura la ausencia de animales durante el nacimiento de Jesús, más aún, de manera tácita, da por hecho su presencia, lógica en un lugar como el del suceso. Y como teólogo la relaciona con una antigua profecía bíblica a la que da sustento.

Entre la página 76 y 77 puede usted leer en el libro de marras: Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno . Más claro ni el agua. La desaparición de las figuras del bovino y el híbrido entre equino y asno del Nacimiento fue un mito genial de los editores para causar la controversia y ésta, las ventas.

El libro La Infancia de Jesús, publicado en 29 idiomas y distribuido en 79 países, se vende como pan caliente. El Nacimiento, figuras artesanales en una extensión de 150 metros, en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, contará con la presencia del buey y la mula que le darán calor al Hijo de Dios.

Don Jacinto Benavente

Desde que comencé a escribir lo que usted ya leyó, pensé en una anécdota de Jacinto Benavente (1866-1954), escritor español de ingenio proverbial, Premio Nobel de Literatura 1922. La más famosa de sus obras: Los Intereses Creados.

Se cuenta que viajaba en tren cuando se sentaron enfrente de él un par de sacerdotes católicos que de inmediato entablaron plática con el escritor. En un momento de la charla, don Jacinto llamó a sus interlocutores curas. Éstos le dijeron que ellos no eran simples curas. Ellos pertenecían a la Compañía de Jesús. Benavente les preguntó que a cuál de las dos compañías. Ante la extrañeza de los clérigos por la duplicidad, el Nobel les dijo que Jesús tuvo dos compañías, una al nacer y otra al morir. Cuando nació lo acompañaron un buey una mula y cuando murió dos ladrones. ¿De cuál de las compañías son ustedes? .

Oí por ahí

Una niña sale a pasear con su tía que se dedicaba al oficio más antiguo. Sostienen el siguiente diálogo: Tía, ¡qué bonito auto tienes! Ah, me porté muy bien con un hombre muy rico y me lo regaló. Esos aretes que traes están preciosos. Bueno, me porté bien con un señor y me los regaló. Oye tía, ¿qué ropa tan fina tienes? Pues es que me porto muy bien con un amigo y me regala ropa de la mejor calidad. La chiquilla murmura: ¡Qué poca madre! Yo portándome bien todo el año y el pinche Santa Claus sólo me va a traer una Barbie.

Si no se acaba el mundo, les deseo Feliz Navidad a todos los lectores.