Antes de que existieran formalmente los medicamentos genéricos en México, por ahí de los años 80-90 se detonó un mercado de similares que básicamente tenían la sustancia activa de un fármaco sin garantía alguna de lograr el efecto terapéutico. Operaban como mercado irregular tolerado por falta de reglas y cubriendo a población de bajos recursos. Eran llamados los medicamentos chafas o chafamex y quienes los distribuían eran cajueleros, y eran muy mal vistos.

En esa época los que regían en el mercado mexicano eran los medicamentos de patente de las trasnacionales. No había prácticamente farmacéutica nacional. Y los dueños de farmacias -entonces no había cadenas- nisiquiera concebían vender aquellos medicamentos chafas o similares.

Pero la cosa cambió gracias a que en el sexenio foxista se impulsó una reforma histórica aprobada en 2005 que abrió la puerta para la llegada de los genéricos intercambiables respaldados con pruebas de bioequivalencia y vigilados con reglas claras y exigentes por un nuevo regulador sanitario llamado Cofepris.

Fue una de las herencias del entonces secretario de Salud, Julio Frenk, cuyas positivas repercusiones las vivimos hasta la fecha.

Es justo reconocer que gracias a los genéricos accesibles es que un número incuantificable de pacientes han podido mantener su tratamiento poniendo de su bolsillo. Fueron afectados por la desaparición del Seguro Popular, el desabasto y la pandemia, dejaron de recibir su medicamento en IMSS, ISSSTE o Insabi, pero lo han podido adquirir en la farmacia. Mayor desgracia hubiera sido si nisiquiera hubiera genéricos en farmacias.

Lo interesante es que todos esos chafamex y cajueleros eran sobrevivientes de la industria de farmoquímicos -destruída por la apertura comercial ejecutada en los 90s con cero respaldo de una política industrial. Tenían cierto historial y conocimiento del sector químico. Fueron regularizándose, pudieron invertir y cumplir gradualmente las exigencias de Cofepris al grado de que se convirtieron en lo que hoy es el mercado alterno de genéricos.

El mercado farmacéutico mexicano fue estimado en 2019 por Inefam en 4,800 millones de piezas, de las cuales 7.4% son medicamentos de patente o fuente única y 92.6% son genéricos. De éstos últimos, 2,100 millones van al mercado público, en tanto que 1,200 millones van al mercado privado auditado y 1,500 millones al mercado privado alterno.

Y es alterno porque es difícil de auditar, casi no aparece en las estadísticas, pero le venden con comisiones atractivas a 34,000 farmacias independientes y cadenas de genéricos repartidas por todos los rincones del país hasta en las comunidades más pequeñas.     

Los genéricos de hoy son fabricados por decenas de fábricas nacionales que vienen creciendo a ritmo de doble dígito desde hace 10 años, conformando una base industrial cada vez más sólida en varias regiones del país.

Entre los líderes de este segmento están empresas como Maver, Amsa, Collins, Ultra, Mavi, Serral, Loeffler, Randall, Novag, Grupo Viso (que incluye Levic, Solara, Allen, Equilibrio Farmacéutico). Todos centrados en el mercado privado y varios de ellos hoy fuertes proveedores de genéricos de marca para las cadenas nacionales de farmacias como Farmacias del Ahorro, San Pablo, Benavides, Farmacias Guadalajara, etcétera.

Y sus distribuidores, que pasaron de cajueleros a estar hoy profesionalizados con cadena fría y amplia capacidad de transporte, son: Levic, FarmAmigo, Calderón, Sevi, Camafarma, Farmacéutica de Occidente,  Farmater, Indufarma, Equilibrio F., Medsur, Rase F., Quifamesa, entre otras.

Todos ellos, laboratorios y distribuidores, están agrupados en la Asociación Nacional de Laboratorios y Distribuidores Genéricos (Dilameg) que preside Víctor Soto y dirige Arturo Manríquez.

Con el reacomodo del sector, algunos de ellos han incursionado en venta a Gobierno. Es el caso de Novag que está importando oncológicos de Argentina para Insabi y Birmex. El nombre de Novag en el 2020 apareció en todos los medios porque justamente sufrió un robo de oncológicos en medio de la severa crisis de desabasto. Nos dicen que esta compañía sí ha obtenido registros sanitarios de Cofepris para dichos genéricos importados y no es que haya sido fácil pues el proceso le ha llevado más de un año.

Maribel Ramírez Coronel

Periodista en temas de economía y salud

Salud y Negocios

Comunicadora especializada en salud pública y en industria de la salud. Cursando la maestria en Administración en Sistemas de Salud en FCA de la UNAM.

Fundadora en 2004 de www.Plenilunia.com, concepto sobre salud femenina. Me apasiona investigar y reportar sobre salud, innovación, la industria relacionada a la ciencia, y encontrarle el enfoque de negocios con objetividad a cada tema.

Lee más de este autor