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De Tarzán para Fox
En declaración al diario El Comercio de Ecuador, el expresidente Vicente Fox manifestó que el presidente Calderón no debe de sentirse la mamá de Tarzán y debe cerrar la lucha contra el narco.
Señor Vicente Fox Quezada Director del Fox Show Center
Me dirijo con todo respeto a su persona para hacerle algunos comentarios sobre la expresión la mamá de Tarzán , recientemente utilizada por usted y que forma parte del repertorio de voces populares mexicanas para calificar a aquel individuo que ve a los demás por encima del hombro, que se siente superior y que piensa que el resto de la humanidad no lo merece.
En el profuso catálogo de frases que ustedes los mexicanos han creado para proferir el mismo concepto encuentro las siguientes: Se siente hecho a mano ; se cree la mamá de los pollitos ; la tía de las cantadoras ; la última Coca-Cola en el desierto; piensa que es muy picudo , muy sácale punta o muy nalga . No se extrañe usted, si muy pronto, tal vez la próxima generación de mexicanos, utilice como sinónimo de la misma idea la sentencia: Se siente la mamá de los Bribiesca , en referencia a su querida por usted- esposa la señora Marta y a su denodada y exitosa lucha por mantener lejos de la acción de la justicia a sus amadísimos por ella, ¿y por usted?- hijos.
Pero me estoy saliendo del tema. (Mi prolongada estancia en la jungla me hace proclive a andarme por las ramas). Regreso al precepto sentirse como la mamá de Tarzán . Como todo dicho popular, su origen se pierde en el anonimato de la colectividad social. No sé quién fue la primera persona que supuso que el hecho de ser la autora de mis días fuera motivo de orgullo y de superioridad. Quizá, el creador del dicho, asumió que por mis hazañas fui el primer héroe mitológico de la cultura popular- capaz de luchar contra fieras salvajes a cuerpo limpio sin sufrir ningún rasguño; de nadar kilómetros por torrenciales ríos, rápidos y cascadas, sin salir raspado; de convocar, sin recurrir al acarreo, con sólo un grito a toda la fauna selvática; y de viajar de liana en liana sin equivocar la ruta ni provocar embotellamientos, fuera motivo de jactancia para la mujer que me trajo al mundo y sea el origen de su prepotencia y soberbia. Quien piense esto está equivocado.
Probablemente, usted señor Fox, conozca parcialmente mi historia a través de alguna historieta cómic- que leyera más bien le echara una hojeada- en la adolescencia o mediante las tiras, cartones o monitos que cuando usted era niño traían como suplemento dominical los periódicos de la época. (Mientras en la civilización los periódicos los domingos traían monitos, en la jungla la cosa sucedía al revés: los monitos traían los periódicos todos los días menos los domingos día de su descanso-).
Sería ir muy lejos pensar que usted, dada su reticencia a la lectura, razón por la cual es feliz, haya leído mi biografía, la novela Tarzán de los monos, escrita por Edgar Rice Burroughs mi padre literario-. Cito la obra y al autor para desmentir la frase sobre el hipotético sentimiento de predominio sobre los demás de la dama que me parió.
La historia se la voy a explicar de manera breve y con cocos en la jungla no hay manzanas-. Mi nombre real es John Clayton, soy hijo de Lord Greystoke John Clayton y Alice Rutherford, un matrimonio inglés. Estaba yo recién nacido cuando mis padres decidieron hacer un viaje por la selva occidental del África Ecuatorial, intentaron dejarme encargado con una tía, pero ésta no aceptó el encargo argumentando que le era imposible sacrificar la hora del té para lavar pañales, así que tuvieron que llevarme a su excursión. En ese entonces, internarse por la selva occidental del África Ecuatorial era casi tan peligroso como hoy atravesar Ciudad Juárez.
No me consta porque yo carecía de uso de razón, pero al parecer papá y mamá, absortos en admirar la selva y ocupados en espantarme los mosquitos que rondaban mi pequeño cuerpo, no se percataron de la presencia de un retén apostado por los monos del rey gorila Kerchark, los cuales les marcaron el alto con unas señas que mis padres equivocadamente interpretaron como una bienvenida. Las huestes de Kerchark se pasaron de lanza y acribillaron a los visitantes británicos como si fueran estudiantes del Tecnológico de Monterrey. Al otro día, los medios de comunicación dieron la noticia: Pareja de ingleses víctimas de fuego cruzado entre cárteles de narcogorilas .
Yo salí ileso merced a que mi cuna portátil tenía blindaje RBV, ésta, conmigo a bordo, quedó a un lado del camino y fue recogida por Kala, una gorila hembra que recién había perdido un hijo, en una guardería de changos subrogada a particulares. Kala me llevó con su manada, me amamantó y cuidó con cariño, pensaba que era yo el hijo perdido que los dioses le devolvían más guapo que el original. De la noche que fui adoptado por Kala, sólo tengo en mi mente un borroso recuerdo: mientras yo mamaba con avidez de su peludo pecho, Don King, el gorila pareja de Kala, repartía puros entre los machos adultos de la comunidad de primates en la que me crié. Por cierto, Don King era bastante mandrilón término con el que los gorilas designan a quien obedece sin chistar a su pareja como usted le dijo a Francisco Labastida.
Reclamo y sugerencia
Una vez contada mi historia espero comprenda usted y los miles de mexicanos que usan para designar a quien se cree señalado por el dedo de Dios el enunciado se siente la mamá de Tarzán , que la expresión no tiene ningún objeto y que es más falsa que la promesa de un político en campaña. No es posible que mi madre, Alice Rutherford, haya sentido exultación y prepotencia alguna por las hazañas de su hijo, ya que no vivió para saber de ellas. Es más, pasé a la historia con un nombre diferente al que ella me puso. Tarzán significa piel blanca en manganí, rudimentario lenguaje con el que se expresan, según Rice Burroughs, los gorilas, chimpancés y otros homínidos, mismos que me hicieron suyo y me nombraron su Rey.
Si en el concepto, por cuyo equivocado uso protesto, quieren referirse a Kala, mi madre adoptiva, sépase que la inteligencia de los primates es tan elemental que en ella no caben sentimientos como el orgullo y sus grados superlativos: la presunción, la prepotencia y la soberbia.
Aclarado el punto, le sugiero, don Vicente, que la próxima vez que quiera referirse a la poca humildad de alguien utilice cualquier otra de las expresiones contenidas en el amplio repertorio del que hice referencia al comenzar mi misiva. Por ejemplo, ¿por qué no dijo usted que Calderón no debe sentirse la última Coca-Cola en el desierto? Con esta frase hasta publicidad le hubiera hecho a la marca de la que usted fue alto ejecutivo. También pudo usar dichos todavía más populares: Calderón no debería de sentirse muy picudo ni tan sácale punta . Si la intención de su declaración al diario ecuatoriano era la de llamar la atención hacia su persona cosa que aparentemente no le disgusta en lo más mínimo- bien pudo usted decir: Yo pienso que hay que cerrar este tema y concentrarnos en los verdaderos caminos del desarrollo y eso no es más que el trabajo, el estudio, los gobiernos deben ser humildes, que no se sientan tan nalgas .
Para terminar: la próxima vez no compare a Felipe Calderón con mi mamá, compárelo conmigo. Tenemos algo en común: Ambos estamos rodeados de animales. Con la diferencia que a mí sí me hacen caso.
Kriga, targarmani, bundolo, mata. (Que en lenguaje manganí significa: Le reitero la seguridad de mi más distinguida consideración ). Atentamente: Tarzán.
Descanse en paz
El último tramo de esta columna lo escribí sabiendo la noticia de la muerte de mi querido suegro don Enrique Unzueta Servín. Hombre bueno. Reciba toda su familia a la que honrosamente pertenezco mi más sentido pésame y deseos de una pronta resignación.