Cuando se fraguaba una tempestad, se situaban ante los barcos que corrían peligro de naufragio, y con arte exquisito cantaban a los marineros las bellezas del fondo del mar, animándolos a no temerlo; pero los hombres no comprendían sus palabras, y creían que eran los ruidos de la tormenta, y nunca les era dado contemplar las magnificencias del fondo, pues si el barco se iba a pique, los tripulantes se ahogaban, y al palacio del rey del mar sólo llegaban cadáveres.

La Sirenita, Hans Christian Andersen.

Dos temas no me han dejado en paz en la última semana: las críticas a Disney más los despectivos comentarios que ha recibido Halle Bailey por ser la próxima protagonista de la versión live action de La Sirenita, y la renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda. Pensarán que estos dos temas no tienen nada que ver, así que iré por partes.

Halle Bailey es una joven cantante, de 19 años, que inició el camino a la fama gracias a su canal de YouTube, en el que con su hermana canta canciones de otros artistas. Su color de piel fue lo que provocó polémica porque “no se parece a la sirenita original”. Me da vergüenza nada más de escribirlo, es que si no fuera que leí esos comentarios en Twitter a través de un teléfono inteligente, pensaría que la discusión forma parte de una sobremesa decimonónica. Si sienten la tentación de caer en tan vacía polémica, he de decirles algo que quizá les rompa el corazón: lo siento, pero creo que ya tienen edad suficiente para saber que las sirenas no existen, por lo que Ariel puede ser representada por cualquier persona, o mitad pez. Y para quienes buscan excusarse en la nacionalidad de Hans Christian Andersen, asumiendo que por ser danés todo lo que no fuera una sirena blanca sería un acto de traición al autor, también he de contarles otra verdad: La Sirenita de Disney es una versión edulcorada de la original, lo peor que pudo habérsele hecho a esa historia es que la princesa terminara casada con el príncipe, porque entonces el cuento infantil que tiene sangre, cuchillos, intento de asesinato y traición se convirtió en sólo una historia para dormir, en sentido literal y figurativo.

El otro tema en mi cabeza, Urzúa, y las palabras de la comentocracia a modo del gobierno.  El exencargado de Hacienda se convirtió en el gran traidor, lo que de inmediato lo transformó en el héroe de la oposición. Y como los marineros, todos parecen incapaces de entender las voces de las sirenas, lo que podría ser una buena oportunidad para un gobierno que ha tomado la lucha contra la corrupción como bandera principal, toda crítica suena a tormenta, todo suena a amenaza. La Sirenita de Andersen no sólo buscaba el amor del príncipe, quería algo más, un alma inmortal, el sacrificio para obtenerla incluía dejarse cortar la lengua y caminar con gracia ante todos, pero con un intenso dolor a cada paso. No importa cuántas sonrisas, chistes y otros datos con gracia escuchemos en las mañaneras, el exsecretario de Hacienda ya nos hizo saber que hay temas en los que estamos caminando descalzos sobre vidrios.

Estamos viviendo la versión original, mientras nos están contando el cuento para dormir. ¿Cuánto tiempo más aguantará el argumento de esta historia? Si los ciudadanos somos el príncipe de este cuento, ¿nuestra sirenita renunciará a su sueño de inmortalidad o preferirá enterrarnos el cuchillo?

“La política debe estar basada en evidencia, no en deseos”, dice Carlos Urzúa.

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.