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Opinión

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De Cabañas y gordura

Empezaré con una fe de erratas de la columna pasada. Dije que aún el gallo electoral no ha cantado tres veces y ya Gabino Cué –el san Pedro de Andrés Manuel- lo negó. En realidad la frase que el Mesías –el legítimo, el de los evangelios- le dijo a Pedro fue: Antes que cante el gallo me habrás negado tres veces . Me hice bolas con la sentencia, pero como diría el Chapulín Colorado: la idea era ésa.

Yo también hablo de Chava

No puedo dejar pasar la ocasión sin hacer un comentario sobre el triste caso de Salvador Cabañas, admirado futbolista, que en la madrugada del lunes fue herido de muerte en un antro. Espíritus mojigatos se preguntan, ¿qué hacía a las 5 de la madrugada un futbolista en un bar? Yo les respondo que disfrutando de su noche libre con su esposa. Relajándose mediante una ingesta moderada –en el video donde se le ve ir al baño lo hace con paso firme, no se tambalea o zigzaguea- de alcohol.

Triste y conmovido, Carlos Reynoso, director técnico del Querétaro, lamentó lo sucedido a su buen amigo Cabañas y declaró que sus jugadores tienen prohibido hacer vida nocturna. Ellos saben que tienen prohibido salir a bares y discotecas, y que si son vistos (en alguno) salen inmediatamente del club .

Este redactor recuerda que en su disipada juventud más de una ocasión coincidió con el hoy disciplinado entrenador -entonces gran jugador- en bares y cabarets. Y no sólo la madrugada del domingo a lunes después de un partido, sino la madrugada de sábado a domingo antes de un juego. Pero bueno, algunos tienen mala memoria y cuando ya no pueden dar mal ejemplo dan buenos consejos. Por sus declaraciones deduzco que el brillante exfutbolista chileno –ícono americanista- padece el llamado Síndrome de Santa Rita: de joven puta y de vieja señorita.

Pero regresando al atroz caso del ariete paraguayo, lo cuestionable del caso es, ¿por qué en la delegación Álvaro Obregón, donde opera el Programa Cero-Cero –a partir de las cero horas, cero alcohol- impulsado por el delegado Eduardo Santillán, un establecimiento donde se venden bebidas alcohólicas permanece abierto a esas horas de la madrugada? ¿Será que el Programa Cero-Cero ha sido anulado por el Proyecto Cuatro-Cinco-Seis-Ceros –en un cheque-?

A toro pasado, el lugar ya fue clausurado, como siempre sucede. El o los responsables del atentando están prófugos, como siempre sucede. Al igual que en los casos del News Divine y la guardería ABC, después del futbolista ahogado tapan el antro. No, después de los adolescentes apachurrados, no hay portero. No, después del niño quemado, apagan el pozo. No, después que los culpables huyen cierran el caso. Bueno, la idea es ésa.

Sin quecas no hay paraíso

El presidente Felipe Calderón, al atestiguar la firma del Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria: Estrategia contra el sobrepeso y la obesidad, dijo:

México es actualmente el país con mayor número de personas con sobrepeso en el mundo . Andamos mal y de malas, por primera vez somos campeones mundiales en un rubro y resulta que esto es nocivo para la salud.

No lo dijo Calderón, pero tal vez el alza en los precios de los alimentos forma parte de la estrategia para luchar contra el sobrepeso de la población.

Combatir el problema de la obesidad está cañón, si bien como expresó el Presidente: Es una realidad ante la cual ya no podemos cerrar los ojos –ni los pantalones, agrego yo-, la dieta tradicional del mexicano siempre ha sido a base de frituras y carbohidratos: tacos, tamales, gorditas, sopes y quesadillas.

Tan sólo con escribir esta lista se me hace agua la boca. Decido hacer corte para cenar. A la vuelta de mi casa hay un puesto de sabrosas quecas. Pido dos de chicharrón, una de flor, otra de sesos y una gordita de frijol acompañadas de un refresco –ligth para no sentirme culpable.

Regreso a mi estudio y en lugar de continuar redactando lo que usted está leyendo me arrellano en el sofá para ver las noticias. Me conmueve una multitud rezando por Cabañas. Por enésima vez veo el video del cobarde atentado. Me amodorro. Lo último que alcanzo a oír es: El papá de la hija de la Chiva es el agresor de Chava.

La metagordosis

Al despertar, tras un sueño intranquilo, me encuentro en el sofá-cama convertido en un monstruoso gordo. Al alzar un poco la cabeza, veo la figura convexa de mi enorme vientre, surcado por curvadas llantas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha que me tapa, que está visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo.

-Gregorio- dijo una voz, la de Alicia mi mujer. ¿No ibas a ir a una junta?

Me llamó Gregorio y enseguida comprendí que ése era mi nombre. ¡Qué voz más dulce! En cambio me horroricé al oír la mía, que era la de siempre, sí, pero que salía mezclada con la dolorosa agitación de aquellos que tenemos en el cuerpo más grasa que la que nuestros huesos pueden cargar. El espejo del baño parece de feria, al reflejar mi abominable y obesa figura. Me peso:

¡114 kilos sin ropa! ¡Yo, que mido 1.71 con zapatos! ¡Dios mío! Me meto a la ducha y apenas quepo. Con la mano me cercioro si tengo genitales ya que la barriga me impide verlos. Sí, los tengo y del mismo tamaño de siempre. Termino de bañarme, vuelvo a la báscula y ahora peso ¡116 kilos! Me seco bien pensando que los 2 kilos son por exceso de agua.

Salgo del baño, Alicia trae la ropa que voy a ponerme, es de mi talla. Mi mujer no se sorprende de mi gordura. Al instante comprendo que siempre he sido así: asquerosamente gordo. Por eso cuando hacemos el amor Alicia tiene una doble satisfacción: la normal que siente una mujer al hacerlo y la extraordinaria –por no decir la verdadera- la que siente cuando dejo de estar encima de ella.

La junta a la que llego puntual es la asamblea del Club de Gordos, Obesos y Similares de la República Mexicana AC. Hace uso de la palabra Beatriz Paredes para decir: Calderón quiere extinguirnos pero no nos vamos a dejar.

Yo la única dieta que pienso seguir es mi dieta de diputada . Aplausos. En su turno Fernando Gómez Mont nos anuncia: Ésta será la última junta del club a la que yo asista porque he decidido ponerme un by pass gástrico, ya no seré gordo . Abucheos.

Al final, se me acerca Agustín Carstens y me propone: ¿Qué te parece si tú y yo hacemos una pareja cómica como la del Gordo y el Flaco? Le pregunto: Por qué me elegiste a mí –pensando que lo hizo para que yo escriba las rutinas-. Me contesta: Porque yo quiero ser el flaco . Alarmado voy a la báscula que hay en la entrada del club para cotejar que los miembros den el peso. La aguja marca ¡180 kilos! ¡Estoy engordando 1 kilo cada cinco minutos!

En la madrugada, a punto de estallar de gordo, camino por la avenida Insurgentes, traigo una pistola. Leo: Bar-Bar, quiero entrar, frente a la puerta comprendo que mi cuerpo es demasiado ancho para franquearla. Me dice el encargado: La pistola puede entrar, usted no .

Gracias a un reflujo gástrico despierto. La pesadilla provocada por las quesadillas ha terminado. Tomo un antiácido. Me siento a terminar esta entrega.

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