El primer sector visionario en México en tener una Agenda Digital fue el cultural, cuando todavía existía el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes antes de convertirse en una secretaría de Estado. Ahora con la Cuarta Transformación el Programa Sectorial de Cultura 2020-2024 sólo le dedica ¡cuatro párrafos! a la Agenda Digital de Cultura (ADC).

Una buena parte del sector cultural, influenciado por los titulares de derechos de autor, ve con desconfianza las tecnologías digitales y los contenidos que circulan en Internet. El Programa Sectorial de Cultura señala que “las nuevas prácticas de consumo cultural y la amplia disponibilidad de recursos tecnológicos para el consumo de obras representan un desafío para la protección de los derechos de las y los autores”. Para ellos “el consumo, reproducción y circulación ilegal de obras constituyen un grave problema para la protección de las creaciones de individuos, colectivos y comunidades”.

El documento señala que hay que “consolidar el uso de tecnologías digitales para una mayor difusión de las producciones cinematográficas y audiovisuales”. Como ya es costumbre, no dice cómo hacerlo. Por una parte, las tecnologías representan un desafío, pero también quieren ser usadas para difundir contenidos.

El Programa Sectorial dice que hay que “impulsar el uso de tecnologías digitales y medios alternativos para la difusión de los contenidos de la radio y televisión culturales”. Qué bonito se lee. Lástima que a esos medios públicos culturales, como Canal 22, se le redujo el presupuesto en 2020 y además le recortaron 75% los recursos operativos como medida de austeridad por el coronavirus. Los medios públicos se encuentran asfixiados financieramente y al borde de la parálisis.

Sólo así se entiende que el diputado de Morena y presidente de la Comisión de Cultura y Cinematografía, Sergio Mayer, proponga que los fabricantes y comercializadores de smartphones y otros aparatos tecnológicos paguen una remuneración compensatoria a las Sociedades de Gestión Colectiva por las copias privadas de contenidos almacenados en esos dispositivos. O bien, con el falso pretexto de impulsar la producción de contenidos audiovisuales locales, el senador del mismo partido, Ricardo Monreal, proponga que las plataformas de video en streaming tengan 30% de contenido nacional y que los proveedores de servicios en línea eliminen de sus sitios en Internet contenidos con derechos de autor cuando sean notificados por los titulares de esos derechos. 

Una Agenda Digital de Cultura es una política pública que aprovecha el uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación para crear, difundir y preservar el patrimonio cultural y las expresiones artísticas de México. Contribuye a materializar el derecho de acceso universal a los bienes y servicios culturales a través de las herramientas digitales. También es una hoja de ruta para planificar y medir el logro de objetivos, estrategias y líneas de acción.

Debido a que la ADC se publicó a mediados de 2018, no logró concretar sus seis objetivos, entre ellos, “garantizar el acceso a la cultura a todos los mexicanos a través de medios digitales y facilitar su incorporación a los nuevos hábitos culturales derivados de la irrupción tecnológica”. Con la 4T no queda claro si la ADC de la administración anterior sigue vigente, se extingue o si se publicará una nueva.

Las redes de telecomunicaciones, la Internet y los dispositivos digitales tienen sentido en tanto ofrecen acceso a contenidos culturales como audiovisuales, música o libros. Lo que circula por las redes no es sólo información; esos datos en realidad son cultura, símbolos e identidad. Un estudio de GSMA encontró que la falta de contenido localmente relevante es la mayor barrera para los no usuarios de Internet, incluso por encima del precio de los servicios. Apenas 27% de los 100 sitios web más visitados son portales con contenido local.

Durante la emergencia sanitaria las redes se llenaron aún más de series, canciones y publicaciones, también de conciertos, conversatorios y un sinfín de actividades que le dieron sentido a la conectividad. Gracias a las producciones culturales de creadores -pero también de usuarios generadores de contenidos en línea para redes sociales- el confinamiento fue menos tedioso. Pero no fue resultado de una planeación estratégica de digitalización, preservación y accesibilidad en línea de la cultura y el patrimonio.

En materia cultural nada se ha incumplido porque nada se prometió. La Plataforma Electoral de Morena y el Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024 (exactamente el mismo documento) sólo tienen menciones genéricas a la “cultura”. El punto 8 de los 100 Compromisos de AMLO promete que “se protegerá el patrimonio cultural de México. Se impulsará la formación artística desde la educación básica y se apoyará a creadores y promotores culturales”. ¿Tan chata es la visión cultural de un gobierno que se ufana ser de izquierda?

El Programa Sectorial de Cultura quiere incorporar el uso de las TIC para ampliar y enriquecer la oferta académica artística y cultural a más personas; desarrollar capacitación a distancia; ampliar el uso, acceso y participación a expresiones culturales y artísticas para fomentar la inclusión, la diversidad y la participación de las comunidades como productoras, así como facilitar los procesos de inventario, catalogación y registro de los bienes culturales. Todo esto ya se ha dicho pero se desconoce el estado de la digitalización de la cultura en México.

El sector cultural no sabe cómo incorporar las TIC ni cómo hacer uso de ella. Está colonizado no por la visión sino por la miopía de los titulares de derechos de autor. Quieren preservar su modelo de negocio tradicional sin reconocer que las TIC ya destruyeron su cadena de valor. Su temor y desconfianza hacia las tecnologías los hace pretender extraer rentas de los dispositivos o querer censurar la red bajando los contenidos que en ella se encuentran.

El sector cultural no escala las dimensiones, proyección y masificación que le brindaría las TIC e Internet. Piensa que somos 120 millones de mexicanos en lugar de 580 millones de hablantes de español, la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes. Sólo Estados Unidos cuenta 41 millones de hispanohablantes. También es la tercera lengua más empleada en Internet por número de internautas, detrás del inglés y el chino. Sin embargo, sólo 4.9% de los sitios en Internet se encuentran en español, lo cual contrasta con 16.7% de usuarios de Facebook (370 millones) en nuestro idioma (Instituto Cervantes 2019). El potencial cultural y creativo en la red es tan inmenso como desaprovechado.

La Secretaría de Cultura debería estar comprometida y ser proactiva en el cierre de la brecha digital y la democratización de las tecnologías e Internet en los entornos rurales donde la identidad y la cultura son vigorosos. No hay que limitar sino llevar los contenidos culturales a los dispositivos y formatos móviles mediante plataformas y producir contenidos relevantes que eleven y no degraden las identidades, la diversidad y el pluriculturalismo que nos distinguen. En la etapa del nacionalismo surgieron enormes exponentes artísticos y culturales que proyectaron lo mejor de México por su talento y porque existió una política. Hoy tenemos el potencial de las TIC e Internet, pero carecemos de una Agenda Digital de Cultura.

*El autor es Presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi).

Twitter: @beltmondi

Jorge Bravo

Presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi)

En comunicación

Analista de medios y telecomunicaciones y académico de la UNAM. Estudia los medios de comunicación, las nuevas tecnologías, las telecomunicaciones, la comunicación política y el periodismo. Es autor del libro El presidencialismo mediático. Medios y poder durante el gobierno de Vicente Fox.