La aspirante a la Presidencia de la República por el Partido Acción Nacional, Josefina Vázquez Mota, durante un encuentro con mujeres mazatle­cas, el pasado jueves en Sinaloa, les hizo un llamado para dejar sin cuchi-cuchi durante un mes a sus parejas si no votan.

Busqué en el diccionario de coloquialismos mexicanos y éste no señala la existencia del concepto cuchi-cuchi. El único antecedente que poseo referente a tal término es el de la serie de dibujos animados Los Picapiedra: Betty, esposa de Pablo Mármol, le dice cuchi-cuchi a su marido como una forma cariñosa de dirigirse a él.

Hasta el pasado viernes 15, cuando leí la nota que comento referente a la abanderada blanquiazul en mi vocabulario y en mi semántica particular el término cuchi-cuchi no tenía ninguna connotación directa con lo sexual, como la que, evidentemente, la panista le dio en su exhorto.

Para mí, hacer cuchi-cuchi era algo equivalente a la realización de un cariñito, por ejemplo: hacerle piojito a tu pareja. (Un señor le pide a su esposa que si no es mucha molestia le haga piojito. La señora, muy amable, le dice que por supuesto que no es molestia. Piensa para sí: Si te he hecho güey, que no te haga piojito ).

Por cierto, el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua no registra la palabra cuchi -sin acento- y menos la doble formulación. Por eso no deja de ser paradójico que el mismo vocablo (cuchi), pero con acento (cuchí) según el mamotreto de la RAEL: es una interjección que se usa para llamar al cerdo.

Y en su segunda acepción es un sinónimo de cerdo, puerco, marrano, cochino, chancho y gorrino.

Jesús Flores y Escalante en su Morralla del Caló Mexicano no incluye el término cuchi-cuchi, pero sí consigna el verbo cuchiplanchar con la siguiente definición: Yuxtaposición de cuchi, afectivo, y planchar. Tiene connotación sexual y se refiere a la masturbación femenina y al acto sexual entre dos mujeres . Lamento no coincidir con la definición de Flores y Escalante, recuerdo haber oído, decenas de veces, en los sketches del Burlesque y en los de los teatros de variedades y de revista el verbo cuchiplanchar como sinónimo de relación sexual, sin especificar si ésta era homosexual o heterosexual.

Ahora recuerdo unos anuncios protagonizados por el primer actor Luis Gimeno, transmitidos por televisión más o menos a finales de los años 70 y principio de los 80, de un detergente para lavar ropa cuyo nombre es homónimo al del máximo premio que otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas AC, a lo más destacado de la cinematografía cada año.

Jimeno pregonaba, en los anuncios, que dicho jabón en polvo convertía cualquier cubeta en una lavadora automática. Al movimiento que hacía la cubeta bajo el estímulo del poderoso detergente se le llamó chaca-chaca. La similitud del movimiento de la cubeta convertida en lavadora -automática, no de dos patas- con el meneo que se ejecuta en una relación sexual generó que a la cópula se le diera en llamar, en algunos sectores sociales, chaca-chaca.

Pienso que la señora Vázquez Mota, tal vez, quiso incitar a las mazatlecas a castigar a sus parejas sin chaca-chaca por un mes en caso de no votar por ella el próximo 1 de julio. Como la candidata es un tanto cuanto proclive a la errata por decir chaca-chaca, dijo cuchi-cuchi. O, tal vez, también cabe la posibilidad de que en el círculo familiar o amistoso de la aspirante a la máxima magistratura al acto sexual se le designe con el eufemismo de cuchi-cuchi.

No quisiera dejar pasar la ocasión sin señalar algo que me parece grave ya no desde el punto de vista de la moral católica -religión que profesa la señora Vázquez Mota-, sino desde la ética femenina: En su afán por conseguir sufragios en su favor, doña Josefina, sin pudor alguno, propone a sus congéneres permitan ser usadas como objetos sexuales a cambio de votos.

Transcribiré parte de su discurso que está siendo difundido a través de YouTube en el que se escucha a la candidata que lucha por dignificar a la mujer y su rol social decir: Que vayan todas a votar, pero que no vayan solas, que vayan con 10 o 20 votos más, que vayan con 15 o 30 votos más. Que vayan temprano, antes que nadie a las urnas. Que lleven e inviten a sus hijos, amigas, a su pareja. ¡Ay de aquella pareja que no vaya porque no le hacemos cuchi-cuchi en un mes . (El uso del plural le hacemos cuchi-cuchi me suena a un ménage à trois electoral).

Este textoservidor piensa que en lugar de usar la enmascarada alusión de cuchi-cuchi hubiera sido mucho más acorde con el lenguaje político alentar a las mujeres mexicanas (empezó en Mazatlán el jueves, pero repitió el concepto el fin de semana en el Estado de México) a castigar a sus maridos en caso de que éstos no voten o lo hagan por cualquiera de las tres opciones masculinas con ponerse, durante un mes, en huelga de piernas cruzadas.

De cualquier forma y no obstante que la idea del cuchi-cuchi no es ampliamente conocida por toda la población, lo dicho por la aspirante a gobernar el país causó revuelo en las redes sociales, fue trending topic del Twitter­ con comentarios como los siguientes: @Leon_Krauze: El cuchicuchi es libre y secreto .

@PensandodeMas: Si el gobierno no te da #cuchicuchi que te lo pague . @Esta CruelVerdad: Creo q el marido de Josefina tiene la excusa perfecta para librarse de ella por un tiempo, votar por AMLO quien entendió, entendió . @ManiasUrbanas: Mejor quedarte sin # cuchicuchi unos 30 días a que te cojan diario involuntariamente por 6 años votando por el PAN .

De continuar con su llamado a sugerir el intercambio de votos por cuerpo, ¿por qué no doña Jose se vuelve más explícita y en lugar de disfrazar el concepto manifestado con el precitado eufemismo no usa, de ahora en adelante, la alocución, mucha más clara, hacer el amor . (Pedirle usar los verbos coger o follar sería un exceso en este país de máscaras).

Aquí es ineludible tocar el tema de que somos una sociedad ajena a llamar al pan, pan y al vino, vino. Por el contrario, la simulación, una de las principales características de nuestra idiosincrasia nos ha llevado al uso de eufemismos para designar aquellas partes de nuestro cuerpo que no nos atrevemos a mencionar por su nombre real en público. El pene es el pirrín, la piri, el instrumento, la cosa -decirle la cosita es una intolerable ofensa para el machismo:

otra de las particularidades de nuestra manera de ser nacional. La vagina es aquello o aquellito -de cariño-. A las tetas o chichis, lo más que nos atrevemos a decirles es senos, pero preferimos para nombrarlas el anglicismo bubis. La pompa o la pompi, tal vez el glúteo, y ya de manera más populachera la nacha son los sustantivos que usamos para suplir el vocablo -iba yo a escribir el bocado- nalga. Nalga es un sustantivo que registra el diccionario y así lo define:

Cada una de las dos porciones carnosas y redondeadas situadas entre el final de la columna vertebral y el comienzo de los muslos . Así pues, si el lexicón de la Real Academia de la Lengua la reconoce, nalga no es mala palabra, por el contrario en ocasiones es buenísima. Malas, las palabras mano y su plural manos. Malas y peligrosas. ¿Cuándo se ha sabido de alguien que asalte a una persona con una pistola en las nalgas?

De jubilación

A propósito del tema sobre la jubilación tratado en la columna pasada, ahí les va una anécdota que se me quedó en el tintero: Al cumplir los 65 años un hombre se presenta en Instituto Mexicano del Seguro Social a tramitar su jubilación. La persona encargada de los trámites le pide su credencial de elector para verificar su edad e identidad. El hombre busca en su cartera y en sus bolsillos, y no la encuentra. Lo siento mucho -le dice a la trabajadora social que lo atiende-, voy a tener que ir hasta mi casa por mi credencial. Volveré mañana. La empleada del Seguro se conduele de él: Mire, haré una excepción, creeré que se llama usted como dice. En cuanto a la edad: desabróchese la camisa y muéstreme su pecho. Esos vellos canosos me indican que si es usted un sexagenario. Está aprobada su solicitud de jubilación. De regreso a su casa el hombre le platica a su esposa lo ocurrido. Esta le dice: Te hubieras bajado los pantalones y los calzones. A lo mejor te daban también la pensión de invalidez.