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Opinión

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Cuando las comidas son todo, menos “perfectas”

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Liliana Martínez Lomelí

En una era del prescriptivismo en la comida, en donde todo tiene que ser sano, variado, producido de manera sustentable con el medio ambiente, sin azúcar, sin grasa, con ingredientes que sean “super comidas”, cocinado de manera perfecta y con una presentación digna de un cuadro de Pollock, consumido en familia con una gran sonrisa mientras todos comparten una agradable conversación, el ideal resulta inalcanzable.

Y es que todos sabemos que ese ideal de perfeccionismo en cómo deberíamos de comer, resulta también generador de culpas y ansiedades. ¿Cómo respondemos ante esto? Con maneras de rebelarse a través de comidas imperfectas que resultan dignas de analizarse.

Está por ejemplo, la fascinación por hacer visibles las “pesadillas en la cocina” o los platillos fallidos. Esta forma de mostrar al mundo fotos de comida perfecta, con la iluminación, la composición en colores y el brillo controlado de la fotografía para hacerla apetecible, hay una contraparte en la que todos alguna vez hemos intentado hacer una receta y no nos queda del todo bien. Existen sitios de internet, blogs, cuentas de redes sociales e incluso programas de televisión que dedican su temática exclusivamente a aquellas comidas que no salen como esperamos y que se toman con humor. Esto demuestra una circunstancia: la mayoría de nosotros en el día a día, no podemos dedicar gran tiempo ni esfuerzo a hacer de nuestras comidas un platillo digno de postal, y esto no nos hace menos apreciadores del arte culinario. Muchos críticos gastronómicos admiten que les estimula más escribir de un lugar donde la cocina imperfecta, puesto que se puede ser más elocuente con la novedad.

Otra manera de contestación a las “comidas perfectas” reside en nuestros “gustos culposos”. Casi todos tenemos algún gusto en comida que sale de las normas de lo que sería el “buen comer”. Y de este rasgo, obtenemos entonces preferencias variopintas que van en contra de esta norma social o culinaria, por la que un alimento “debe” de comerse a cierta hora del día, o combinarse exclusivamente con una gama establecida de alimentos.

Hay otras comidas, que nos recuerdan con nostalgia algún momento de nuestra vida, y por eso nos parecen lo máximo. Aquí entra la clasificación que se da en varias culturas por ejemplo, de la comida de borracho. Hay personas que gustan consumir estos alimentos para recordar sus tiempos de fiesta y juerga. A veces, las comidas imperfectas, nos recuerdan el lugar de donde venimos, que vistas ante los ojos de un comensal extranjero, podrían parecer una aberración en la combinación de sabores, ingredientes o irritantes.

En esta era de prescriptivismos alimentarios, los comensales encuentran de manera contestataria, mostrar que no siempre se puede ser perfecto, y que en la imperfección se encuentra también, el disfrute.

 

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Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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