Si bien la historia no se repite pero rima, los últimos días han servido para darnos cuenta que cuando Texas estornuda, a México le da pulmonía.

La última vez que esto pasó fue en 1835, cuando de pronto se dio “el apagón” que representó el movimiento de independencia del entonces estado mexicano, y que culminaría con la oscuridad que representó la pérdida de la mitad de nuestro territorio en 1848.

México aún se siente amputado, y aunque esta vez la historia se trate de un tema totalmente diferente, producto de una severa tormenta invernal que golpeó a Texas y que congeló los gasoductos, me parece que no hay que olvidar lo que ocurre cuando ese territorio estornuda.

Porque a partir de ahí, se han suscitado una cadena de eventos que dejaron sin electricidad a cerca de 6 millones de de clientes de la CFE, localizados en 26 de los 32 estados mexicanos, y que lograron que plantas como las de Toyota, BMW y KIA realizan paros técnicos por desabasto de gas natural.

Hasta el momento, se calcula que la falta de suministro de este combustible ocasionó que la semana pasada la frontera norte operó al 30% de su capacidad productiva, lo que se traduce en pérdidas por 18,000 millones de pesos, que agravan la crisis económica por la que atraviesa en país, detonada por la pandemia, y que podría anunciar el inicio de otra.

Parece que nos llueve sobre mojado, y que la crisis energética bien podría estar bajo nuestras narices y haber comenzado con el estornudo de Texas, que además de evidenciar una doble codependencia, que debería prender la alarma de la seguridad nacional, pone otra vez sobre la mesa el rumbo de nuestro futuro energético, y las consecuencias que esto implica en la esfera internacional.

¿Volveremos al futuro caminando hacia el pasado?

Me temo que esa será la gran incógnita a resolver, en un tiempo en que el mundo apuesta por las energías renovables, nuestro vecino del norte se ha vuelto a unir al Acuerdo de París, y estas últimas han contribuido al proceso de restablecimiento del suministro eléctrico.

¿Será esta una señal?

Por lo pronto, lo que ha quedado claro es la doble codependencia que México tiene con Estados Unidos y con Texas. Porque de ese estado importamos el 80% del gas natural con el que producimos el 60% de nuestra energía eléctrica. Además de que contamos con una capacidad de almacenamiento sumamente baja.

Nuestro país solamente cuenta con espacio para almacenar poco más de 5 días de reservas de gas natural. Mientras que de acuerdo con datos de CFEnergía, México consume poco más de 8,000 millones de pies cúbicos diarios de gas.

¿Se imaginan lo que pasaría si “volviéramos a perder Texas”?

Porque a pesar de que tuvimos una sólida infraestructura energética a lo largo del siglo XX, que llevó al país a ser uno de los principales países productores de petróleo y gas natural, a partir de principios del año 2000 perdimos nuestra independencia energética.

Cifras oficiales de la Secretaría de Energía indican que tan sólo en el 2017, tuvimos un déficit en la balanza comercial energética de 18,800 millones de dólares, y que ha sido similar en años posteriores.

Panorama totalmente opuesto al que se plantea con las energías renovables. En el que podríamos convertirnos en la séptima potencia a nivel mundial en energía solar, e incluso generar toda nuestra electricidad con una sola planta en el desierto de Sonora. De acuerdo con un reporte de la Corporación Alemana para la Cooperación Internacional.

Más claro, ni el agua.

Texas ya estornudó. ¿Qué vamos a hacer?

El último en salir apague la luz.

@HenaroStephanie

Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.

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