Todos pensamos que cuando un venture capital o un inversionista pone su dinero a favor de la compañía de otra persona lo que está buscando es a un joven de 20 o 30 años con una idea extravagante, que siempre implique tecnología y evidentemente resalte con cosas no vistas en el mundo —la gran idea innovadora, el siguiente Mark Zuckerberg o Steve Jobs—. De pronto el estereotipo del emprendedor exitoso se convirtió en el genio recién egresado de la universidad con un IQ mayor a 170 y por alguna razón con nula experiencia profesional que emprende en algo que va a cambiar por completo la comunicación o nuestra manera de consumir retail. La burbuja digital galardonó a los grandes gigantes como Google, Amazon y Apple como el referente de startup con éxito, y si bien son el referente de gigantes y fenómenos mundiales, no pueden seguir siéndolo para un negocio exitoso de uno de los miles de emprendedores que diario nacen en México. Estamos en la era en donde el hombre de 25 años con una gran idea quizá por fin esté dejando de ser el estereotipo de un entrepreneur serio.

En Estados Unidos 75% de las startups fracasa. Para aquellos que tienen la suerte de obtener inyección de dinero la cifra baja significativamente a 30 por ciento. Sin embargo, esto es una tasa de fracaso muy alta, lo que indica que los parámetros de éxito sobre los cuales se evalúa una inversión sobre una empresa no son muy buenos, están basados en creencias o en estereotipos no funcionales y ya estamos en el punto en el que tienen que evolucionar.

Hoy en día no se trata de buscar la idea fantástica fuera de este mundo, sino más bien ideas realistas que tengan un impacto real en la vida de quien lo consume, desarrolladas por personas que tienen una capacidad real de llevar a cabo un negocio, el cual no se forja de la noche a la mañana y en donde la tecnología no es el diferenciador principal sino la nueva forma de crear experiencias alrededor de productos y servicios. La idea central es que todos traemos en top of mind que las compañías de rápido crecimiento las dirigen entrepreneurs jóvenes. Pensamos en Mark Zuckerberg y en Bill Gates que iniciaron sus compañías a los 19 y en automático creemos que es la regla y no la excepción. Sin embargo por fin hoy conocemos una historia distinta y mucho más acertada. Se analizaron el top 0.1 de compañías en crecimiento acelerado y se encontró que la edad promedio de un fundador exitoso es 42 años de edad.

Con un promedio de 42 años, en México 27% de la población está entre los 45 y 60 años, por lo que hay muchísimas personas emprendiendo negocios en sus 50 y 60. Una compañía de crecimiento acelerada dirigida por un fundador alrededor de sus 45 años, con 20 años de experiencia en la industria, quizá no sea la gran noticia y no llegue a ser un fenómeno mundial pero sin lugar a dudas es el ejemplo más común de un entrepreneur exitoso al día de hoy.

En términos generales un emprendedor de 50 años tiene dos veces más probabilidad de emprender un negocio exitoso que un emprendedor de 30.

Un hombre de 50 años que emprende tiene una tasa de éxito del doble que el de 30 años. Es decir es 2.2 veces más probable que cree una empresa exitosa a la de un hombre de 30.

Un hombre de 40 años que emprende un startup tiene 2.1 más probabilidad de emprender una empresa exitosa que un hombre de 25.

Un hombre de 50 que emprende su startup tiene 2.8 más probabilidad de tener un negocio exitoso que un hombre de 25.

Y por último:

Un hombre de 60 años que crea su startup tiene 3 veces más de probabilidad de fundar una empresa exitosa que un hombre de 30 y 1.7  más probabilidad de crear un startup que se mantenga en el porcentaje 0.1 de todas compañías exitosas.

Si bien los datos son sobre Estados Unidos, hay muchísimos factores y razones por las cuales esto sucede, pero el factor estrella es la enorme diferencia que existe entre las ideas y la ejecución. La ejecución es clave.

Evidentemente las ideas son increíbles pero la ejecución lo es todo. La ejecución te brinda efectividad y eficiencia en una empresa. No nos funciona, ni sirve una gran idea que no se pueda llevar a la práctica. Lo mismo sucede con la estrategia. Está más que claro que la estrategia importa e importa muchísimo —pero la táctica, lo que realmente haces— es lo que hace que las compañías crezcan y no puede ser de otro modo. Es mucho más difícil hacer una buena ejecución, desarrollar una estrategia, tomar decisiones tácticas inteligentes —especialmente cuando tienes que tomar un número determinado de decisiones al día— cuando tienes experiencia limitada. La única forma de incrementar las cosas que sabes y comprender las cosas que haces bien y las cosas que no haces bien, es por medio de la experiencia.

En México y en el mundo vivimos una situación lamentable cuando se trata de la contratación de personas mayores de 50 años. Debido a tendencias absurdas sin justificación se han dejado de emplear a personas infinitamente más capacitadas en el ámbito profesional por apostarle a un millennial recién egresado de la universidad, que si bien nadie duda de la gran aportación que puede brindar, la falta de experiencia tiene que ser el detonante que separa a estas dos figuras profesionales. Nuevamente recalco que 27% de la población mexicana se encuentra entre 45 y 60 años, hoy en día considerado el rango de edad con mayor probabilidad para emprender un negocio exitoso.