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Opinión

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¿Creías que vivías en un país moderno?

A la pregunta del título se le podría contestar con una carcajada: ja-ja. Una de las cosas (pocas) que debemos agradecerle al gobierno de López Obrador es el de abrirnos los ojos para darnos cuenta de que no, no vivimos en un país moderno. Para bien o para mal. Decimos como crítica que el presidente cree que vive en el México nacionalista y cerrado de los años 50, pero el problema es que no está solo, lo acompañan entre 40 y 60 millones de personas y eso es mucha compañía. Son las personas que la modernidad, el desarrollo o el neoliberalismo dejaron atrás. Tener teléfono celular y contar con acceso a un internet infame y caro no nos garantiza bienestar.

Somos un país donde las dádivas gubernamentales disfrazadas de programas sociales tienen efecto sobre vastos contingentes sociales; donde el discurso nacionalista de la grandeza de “nuestras culturas” y la invulnerabilidad de la moral del pueblo de México se cree a prueba de cualquier acto de corrupción. Decimos que AMLO está equivocado por creer que el país es eso. Pero no, los equivocados somos los que lo criticamos. Gran parte del país quiere creer en el dibujo que da en las mañaneras. En la ciudad más “moderna” del país una alcaldía licita drones al mismo tiempo que gallinas para regalarlas entre la población. Nuestro problema como críticos es que creímos que vivíamos en un país donde se necesitaban drones, pero la verdad es que se requieren con urgente necesidad las gallinas.

La modernidad es una narrativa, depende de quien la sustente y cuál sea su propósito. La propuesta es que la modernidad nos dará bienestar porque es una forma superior de producción, comercialización y distribución. Nos hará consumidores contentos. FALSO. El porcentaje de población considerada pobre sigue siendo básicamente el mismo desde hace 40 años: alrededor del 50% de las personas. A veces sube o baja un poco, pero en esencia permanece inalterado. Fracasaron los gobiernos priistas y panistas junto con la iniciativa privada.

Pero la famosa 4T tampoco parece capaz de cambiar esto. Según el CONEVAL la pobreza en 2018 representaba el 41.9% y si a esto le sumamos un 7% adicional de personas en pobreza extrema nos da 48.9%. Luego de la entrada del discurso de “primero los pobres” la cosa se puso peor. En 2020 la población en situación de pobreza y pobreza extrema representaba el 52.4% (43.9 y 8.5%, respectivamente). Eso no es todo, por supuesto. CONEVAL tiene una sofisticada metodología en la que considera adicionalmente a la población vulnerable por ingreso y a la que es vulnerable por carencias sociales (rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, acceso a alimentación nutritiva y de calidad, etc.). Esto significa que si dividiéramos la población mexicana en cinco partes tendríamos que dos están en pobreza o en pobreza extrema, dos más están en vulnerabilidad y solo una, aproximadamente, el 23%, sería no pobre ni vulnerable.

Estos datos del 2020 ya están rebasados tras más de dos años y medio de pandemia COVID-19. Varios expertos señalan que México ha sido el país más afectado por la pauperización de la clase media debido a la falta de apoyos gubernamentales. Se habla de 10 millones de mexicanas, mexicanos y mexicanes más que salieron de la clase media para entrar en la zona de la pobreza. Probablemente López crea que los pobres son mejores personas y que el país estaría mejor en la pobreza, pero es que no vio Los Olvidados.

Así que la narrativa de la “modernidad” del PRI y el PAN fue un fracaso, no logró resolver el problema más grave, el de la desigualdad. Pero, por otro lado, la narrativa del “primero los pobres” solo es mejor en los discursos y en el clientelismo que despliega, en todo lo demás ha resultado peor. Se podría acusar al neoliberalismo de todo esto y en gran parte es cierto, pero hay países a los que les ha ido mejor. Guillermo Ortiz, exgobernador del Banco de México, recordaba que “en 1960 México tenía un ingreso per cápita no muy distinto al de España, más del doble que el de Corea y tres veces más que el de Singapur…”. Por supuesto, tener un mejor PIB no es sinónimo de distribución del ingreso, pero es una condición necesaria para tener algo que repartir.

En resumen, las políticas redistributivas no existen o son ineficaces. Las narrativas son solo eso, pero lo cierto es que los últimos años nos han demostrado que la semiótica de los años 50 sigue vigente en buena parte del país. AMLO siempre tuvo razón: no vivimos en un país moderno, cualquier cosa que sea eso. Seguimos instalados en una nación tremendamente desigual, injusta, sin Estado de Derecho y plena de discriminación y racismo.

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