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Opinión

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Contrapeso institucional

Sin duda, falta mucho por hacer en el país, aunque descalificar a las instituciones y volver tres décadas?al pasado sería el peor de los caminos.

Existen organismos inherentes a todo régimen democrático sin los cuales no se entendería el México contemporáneo. Cito sólo algunos. Entre los más añejos , destaca el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, fue creado en 1983 y hoy goza de cabal independencia oficial.

El Instituto Federal Electoral, encargado de la organización y conteo de las elecciones, nació en 1990 en lo que fue una gran victoria ciudadana y dejó de depender de la Secretaría de Gobernación en 1996. Para defender a los ciudadanos de los abusos del poder, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos surge en 1992 como órgano autónomo del Estado y al año siguiente se consagra su independencia del gobierno al otorgársele plena autonomía presupuestaria.

En materia económica, las finanzas públicas dejaron de manejarse desde la casa presidencial y a partir de 1994 el Banco de México es autónomo.

En temas comerciales, la Comisión Federal de Competencia inició actividades en 1993, mientras que la Comisión Federal de Telecomunicaciones lo hizo en 1995.

Lo que tienen en común estas entidades es que se han venido construyendo para fortalecer la institucionalidad democrática. La mayoría data de hace 20 años y conforman un sistema de contrapeso institucional al presidencialismo exacerbado que vivimos durante la mayor parte del siglo XX. En prácticamente todas, la designación de sus miembros o titulares no descansa ya en el Presidente de la República, sino en la necesaria ratificación por parte del Congreso.

Han sido décadas de trabajo de ciudadanos, organismos civiles, partidos políticos y gobiernos de distinto color, que no acapara titulares ni fanfarrias, pero que está ahí, apuntalando la incipiente democracia mexicana y garantizando que la marcha del país no dependa de una sola persona.

Pero hoy, como hace seis años, hay un candidato presidencial que afirma que hay que empezar de cero en la construcción del país, que hay que borrar todo lo hecho desde hace 29 años (sic), que no hay argumentos objetivos ni información verídica que no sea la que él posee, que no hay ciudadanos confiables excepto los que lo siguen en las calles; en suma, que hay que echar por la borda los contrapesos y equilibrios alcanzados y reinstaurar la Presidencia imperial.

Sin duda, la nuestra es una democracia en construcción y falta mucho por hacer en el país. Pero descalificar lo hecho y volver tres décadas al pasado sería el peor de los caminos.

vortiz@eleconomista.com.mx

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